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Colarnos a la fiesta

América Latina corre el riesgo de ser la periferia de los 'nuevos ricos' de la economía global.

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31 de mayo 2015 , 10:29 p.m.

Una reciente publicación del Banco Mundial, ‘América Latina y el ascenso del Sur: nuevas prioridades en un mundo cambiante’ (De la Torre, Didier, Ize, Lederman y Schmukler) nos abre los ojos sobre las consecuencias de los cambios en la economía global y sus implicaciones para nuestra región. Es un trabajo impecable y lectura obligada para quienes trasiegan en estos temas.

La economía mundial de hoy no tiene nada que ver –estructuralmente– con la que existía hace treinta, veinte, e incluso quince años. El estereotipo de un mundo dividido entre un Norte rico y un Sur pobre ya no se aplica. Los países que conforman el llamado Sur pasaron de representar el veinte por ciento del PIB global –en los años setenta– a tener una participación hoy cercana a la mitad. Se estima que ese “bloque” podría llegar a representar el 70 % del PIB mundial para el año 2030.

En materia de comercio exterior, dicen los autores del estudio: “El Norte ya no es el centro de la red de comercio internacional y el Sur ya no es su periferia. De hecho, varias economías del Sur se han convertido en lo que se podría definir como el centro del comercio global”. Esa caracterización de la economía mundial también se aplica a muchos otros aspectos, como, por ejemplo, los flujos financieros globales.

Pero no todos los países del Sur han sabido aprovechar la reestructuración de la economía mundial. El estudio señala que “(América del Sur) no experimentó un auge relativo en términos de las exportaciones de bienes intermedios relevantes para las Cadenas Globales de Valor y su participación nunca fue tan importante como en muchas otras regiones del Sur”.

Hay grandes diferencias entre las regiones, en particular entre las economías asiáticas y las latinoamericanas. Mientras que el boom del Sur lo capitalizó Asia por la vía de la globalización industrial, nuestra región se dedicó esencialmente a beneficiarse de los mejores precios de los commodities. Colombia no fue la excepción.

Un estudio publicado por la Universidad Nacional (Danilo Torres, Enrique Gilles, 2012) ratifica lo que afirma el Banco Mundial. Su análisis del comportamiento de las exportaciones industriales del país entre 1990 y el 2010 concluye que “el comportamiento de las exportaciones totales colombianas, en estas dos décadas, evidencia una amplia atadura a los productos primarios... En ese sentido se puede afirmar que la oferta exportable colombiana está de espaldas a la dinámica mundial de exportaciones”.

En síntesis, la conclusión que se deduce del trabajo del Banco Mundial es que América Latina –incluyendo a Colombia– se está quedando por fuera del auge del Sur y corre el riesgo de convertirse, otra vez, en la periferia de los “nuevos ricos” de la economía global. Permitirlo nos condenaría a no poder superar la pobreza.

Evitarlo exige que aquí adoptemos un plan de largo plazo. La Alianza del Pacífico, entre Colombia, México, Perú y Chile, es un gran paso. Ahora hay que ingresar a la Alianza Transpacífica (TPP) promovida por Obama. Hay que invertir en descubrir el potencial inmenso de toda Asia, no solo de China; consolidarnos en nuestra propia región, llegar de verdad a África y a Oriente Próximo. Internamente también se necesitan un “salto triple” en productividad, calidad del capital humano, eficiencia estatal, seguridad jurídica, aumento de la inversión privada y liberación de los mercados de trabajo. Colombia está todavía a tiempo de colarse a esa fiesta. El Plan de Desarrollo aprobado por el Congreso y el Pipe 2.0 son grandes pasos en la dirección correcta.

Díctum. La foto de Putin, Dilma Rousseff y Joseph Blatter, abrazados y sonrientes en un evento, lo dice todo.

Gabriel Silva Luján