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Editorial: Un monstruo que come gente

Lo social tiene que ir de la mano con la persecución de las bandas del negocio de las drogas.

31 de mayo 2015 , 10:29 p.m.

De nuevo, el ‘Bronx’ es noticia. La vieja ‘olla’ de drogas, la más grande que tiene Bogotá, en Los Mártires, sigue ahí. Esa isla humeante, con olor a vicio y a muerte, compuesta de unas pocas manzanas de casas derruidas, continúa tragándose personas, sea en vida, consumidas lentamente entre las garras de las drogas, o matándolas físicamente. Este año ya van 30 muertos. Y ocho en el sector, que se cree están relacionados con lo que allí ocurre.

Ahora, el martes pasado, fueron secuestrados y torturados física y psicológicamente dos agentes del CTI que se atrevieron a meterse en las entrañas del monstruo, en búsqueda de una persona desaparecida.

En ese espeso ambiente viven, según Julián Moreno, director poblacional de la Secretaría de Integración Social, unas mil personas. Y al menos otras mil, mal contadas, entran y salen. Y, entremezcladas, están verdaderas organizaciones criminales de comercio de drogas ilícitas y de armas, que envenenan y matan. Y se aprovechan de la fragilidad de quienes han caído en el vicio para explotarlos y usarlos en tareas delictivas.

De acuerdo con el general Humberto Guatibonza, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, los temibles ‘ganchos’, a pesar de los golpes que han sufrido sus cabecillas, como casi siempre pasa, han logrado recuperarse y reponer sus fichas. Están ahí.

Es verdad que ha habido esfuerzos, que hay que aplaudir. Es vital el plan social que incluye jardines infantiles para 200 niños –sí, allí viven niños y hay mujeres embarazadas–, un comedor comunitario, centros de formación y atención al drogodependiente, y el proyecto Bacatá, a pocos días de iniciarse, para darles comida y dormida a unos 800 habitantes de la calle. Eso es un punto de esperanza.

Pero el camino es largo. Lo social tiene que ir de la mano con la persecución, a toda costa, de las bandas del negocio de las drogas. No se trata de mover el ‘Bronx’, lo cual sería trasladar el mal. Sino de limpiarlo, de rescatar a las víctimas y enviar a la cárcel a los capos que mueven los hilos del tráfico de armas y drogas. No se puede esperar hasta los próximos muertos. Y tan cerca de todos los poderes.

EDITORIAL

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