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Gobiernos se juegan su propio partido en el escándalo del fútbol

Corrupción en Fifa develó lucha geopolítica. El suizo Joseph Blatter y sus aliados imponen su poder.

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30 de mayo 2015 , 09:01 p.m.

El escándalo que envuelve a la Fifa y la reelección del suizo Joseph Blatter como su presidente por un quinto periodo consecutivo pueden, por lo visto, trascender el espacio de lo estrictamente judicial y de corrupción y terminar convertido en un escenario más de la lucha geopolítica.

El hecho de haberle dado cuatro años más en el poder al dirigente suizo, altamente cuestionado y golpeado por señalamientos de prácticas non sanctas, parece indicar que a la Fifa no le afectan los dictámenes de las justicias nacionales y se comporta como un ente independiente que responde a intereses hegemónicos.

Lo visto esta semana en apariencia deja claro que en la cancha hay varios rivales: EE. UU. y Reino Unido de un lado, y Rusia del otro, con Blatter jugando de local. (Lea: Blatter ajusta cuentas con sus detractores)

Derrotado salió Estados Unidos, país para el que el resultado es más significativo al no poder poner en el trono de la Fifa al jordano Alí Bin Al Hussein, hermano del rey Abdalá II, gran aliado de los estadounidenses en Oriente Próximo.

El reino jordano siempre ha servido de ancla de Estados Unidos para sostener el delicado equilibrio diplomático en las relaciones con los países árabes tras su cercanía con Israel, país del que se ha distanciado en los últimos años, en parte por el proceder del primer ministro, Benjamín Netanyahu, quien ha cuestionado la política exterior de Barack Obama en temas como las negociaciones nucleares con Irán. (Lea: Joseph Blatter, un estratega inmune a las crisis)

Para el Reino Unido también supone un revés duro. Su primer ministro, David Cameron, había pedido el jueves la renuncia de Blatter a la Fifa y había reclamado la repetición de la votación para la escogencia de las sedes de los mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022. La petición de Cameron, según analistas, respondía al afán de protesta por el resultado de la elección de las sedes el 2 de diciembre del 2010, en la que la candidatura inglesa fue derrotada por la rusa, al igual que las aspiraciones conjuntas de España-Portugal y Bélgica-Holanda.

Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, se muestra, una vez más, como vencedor. Tras haber acusado a EE. UU. de querer impedir la reelección de Blatter, obtuvo un punto a favor en su desafío por demostrar que dirige una Rusia que es un jugador crucial en el sistema internacional. “Sabemos la presión que se ejerció sobre Joseph Blatter con el objetivo de quitarle a Rusia el Mundial del 2018”, había señalado el mandatario el pasado jueves, en una reacción plena de fondo político. El mismo día, la cancillería rusa marcaba una línea clara sobre lo que entendía era “otro caso de aplicación ilegal y extraterritorial de la legislación de EE. UU.”, en cuanto a la detención de los dirigentes de la Fifa en Suiza. El ministerio, encabezado por Sergei Lavrov, instó a Estados Unidos a “dejar de tratar de juzgar mucho más allá de sus fronteras de acuerdo con sus normas legales y respetar los procedimientos jurídicos internacionales generalmente aceptados”. (Lea: Blatter no le teme a las investigaciones por corrupción en la Fifa)

El próximo Mundial de Rusia también tiene un enemigo en la propia vecindad. En marzo pasado, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, propuso un boicot a su realización. La razón, según Poroshenko, es el apoyo que Rusia brinda a los rebeldes prorrusos de las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk, en un conflicto que ya ha durado más de un año y en el que los actores bélicos se encuentran actualmente en tregua.

Francia, quien con François Hollande ha sido parte activa en las negociaciones para terminar con el conflicto ucraniano, también había dejado en claro su posición con respecto a Blatter, a través de su ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, al pedir que se pospusieran las elecciones, cosa que no se produjo. Incluso la ONU, a través de su portavoz Sthéphane Dujarric, había informado el jueves que está revisando los actuales convenios de colaboración con la Fifa a raíz del escándalo, que también podría costarle a la Fifa la pérdida de patrocinios.

“Hemos informado a la Fifa que reevaluaríamos nuestro patrocinio”, señaló la marca de tarjetas de crédito Visa en un comunicado, trasladando su “profunda decepción y preocupación”. Otras marcas como Nike, Adidas, Coca Cola y Budweiser también animaron al máximo ente del fútbol mundial a tomar medidas y aclarar la situación. (Lea: A Colfútbol ingresaron US$ 1,5 millones y están registrados: directivo)

La sombra de la corrupción comenzó a campear sobre la elección de las sedes de los mundiales del 2018 y el 2022 y los rumores fueron confirmados justo cuatro años después precisamente por un medio británico: el Daily Telegraph. El diario londinense publicó en marzo del 2014 que Catar entregó millones de dólares a directivos de confederaciones y asociaciones nacionales para que votaran por su candidatura para el 2022.

Tras el rastro de Warner

A la par de las revelaciones del Telegraph, el FBI le venía siguiendo los pasos a Jack Warner, expresidente de la Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) y a otros dirigentes. La publicación también señaló que Rusia apeló a la misma táctica para ganarle la carrera por el Mundial del 2018 a Inglaterra.

Por eso la sonrisa de Blatter al cabo de la votación dejó la sensación de que se ponía por encima del bien y del mal y de los poderosos países que pedían su caída. En el tablero de la elección se demostró que, aunque EE. UU. y el Reino Unido hubieran ejercido sus influencias para derrotar a Blatter, salió reelegido por una votación de 133 sufragios por 73 de su contendor Al Hussein. (Lea: Joseph Blatter denuncia una campaña de 'odio' proveniente de la Uefa)

Asia, con pocas excepciones, África entera, Oceanía y Centroamérica le garantizaron al suizo cuatro años más al frente. Las protestas de Michel Platini y la Uefa, de las que se hicieron eco estadounidenses y británicos, no tuvieron mucha resonancia y no hay mucha seguridad en cuanto al voto unánime a favor del príncipe jordano anunciado en bloque por la Conmebol.

REDACCIÓN INTERNACIONAL
Con información de agencias