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A movernos por el metro y por la paz

Exijamos que la paz y el metro se hagan realidad este 2015, y antes de las elecciones de octubre.

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28 de mayo 2015 , 06:19 p.m.

Tanto El Tiempo como El Espectador han manifestado en sus columnas editoriales (El Tiempo: 27/05/2015 y El Espectador: 28/05/2015) su respaldo a la construcción del metro para Bogotá, aunque ambos diarios anotan pesimismo respecto a “los cuatro puntos críticos” que faltan para conseguir que el proyecto más importante para el futuro de la movilización de los ciudadanos de a pie (que son el 90 %) quede licitado este año y se dé comienzo a las obras de la primera línea en el primer trimestre del año entrante, si bien sería lo deseable que se iniciaran tan pronto quede adjudicada la licitación.

No dudo que el cheque simbólico por 9,5 billones que le entregó el presidente Santos al alcalde Petro, refleja un compromiso, simbólicamente, irreversible del Gobierno Nacional con su ciudad capital; pero, según los editoriales mencionados, para hacer del simbolismo una realidad, falta: 1) la confirmación de las fuentes proveedoras de los 4,14 billones de pesos que debe aportar Bogotá a la financiación del proyecto; 2) el nombramiento de un supergerente que garantice el adecuado manejo de los recursos y el cumplimiento estricto de las etapas de la construcción; 3) el estudio de la sostenibilidad del metro, que se fundamenta en la tarifa; 4) definir si la obra se licita en un solo contrato o en varios. Y una quinta, que es la más gorda: la emisión del documento Conpes, donde se comprometan los recursos, ya no simbólicos sino reales, del Gobierno.

Con ironía observa el editorialista de El Espectador: “En cuanto a voluntad política, también caben ciertas dudas: varios sectores se han quejado de que esta ‘Agenda por Bogotá’ que viene de la Casa de Nariño coincida tan a la medida con lo que vimos en marzo de 2014 (plena época de elecciones, vaya, vaya), llamado en ese momento ‘Pacto por Bogotá’: un compromiso del Gobierno Nacional con propuestas de movilidad y seguridad del cual, según nos ha contado la representante de la Alianza Verde a la Cámara, Angélica Lozano, aún no existe documento Conpes que le dé vida”.

Un antecedente remoto nos hace pensar que el Conpes rezuma la misma efectividad que las estatuas ventripotentes de Buda. En su sección de ‘Hace 25 años’ nos recordó El Tiempo que en 1990, al final de su gobierno, el presidente Virgilio Barco declaró contundente: “Dejaré andando el Metro de Bogotá”. Solo faltaba el documento Conpes para validar la afirmación del presidente. Veinticinco años después no se sabe nada del tal documento Conpes y los ciudadanos que leyeron la promesa hecha por Barco tuvieron oportunidad de reír a mandíbula batiente con el chiste, y de preguntarse ¿en dónde anda el metro de Barco? En el Conpes también hay espacio para el humor, como solía decir Jaime Garzón, cuyo asesinato sigue impune.

Elevemos nuestras plegarias para pedir que en la sección hace ‘Veinticinco Años’ que se publicará en el 2040 no aparezca la foto del presidente Santos entregando el cheque simbólico al alcalde Petro, y se escuche otra carcajada nacional, porque de metro nada. Propongo que para entonces se cree un premio especial titulado ‘El payaso de barro’ en homenaje al Conpes, el más chistoso de los organismos nacionales.

Ya el alcalde Gustavo Petro, en una entrevista por Canal Capital con el periodista y escritor Guillermo Segovia Mora, ha explicado con claridad que Bogotá tiene listos los 4,14 billones (y algo más) de la parte que le corresponde en la financiación de la primera línea del metro. El Alcalde hace un llamado a los ciudadanos para moverse en defensa del metro y exigir que la buena voluntad demostrada por medio de un título valor simbólico por el presidente de la República se plasme en realidad. Los cuatro puntos “críticos” que siembran dudas sobre la dotación del metro para Bogotá huelen, y perdónenme la crudeza, a mamadera de gallo. (Vea la entrevista en este enlace: http://vimeo.com/127727419)

Dice Petro en su entrevista que el metro de Bogotá y la paz del país son los dos anhelos nacionales a los que siempre les atraviesan cien obstáculos “críticos” cuando están a punto de concretarse. Por eso hace siete décadas que estamos bregando a conseguir la paz entre los colombianos y el metro para Bogotá. Es tiempo de ponerle fin a la tomadera de pelo. El metro de Bogotá tiene el carácter de una obra nacional. Bogotá es hoy una urbe multirregional, puesto que el ochenta por ciento de sus habitantes proviene de todas las regiones del país. La paz, por supuesto, es el deseo ferviente de los colombianos, exceptuados los dementes que se regocijan (y que se benefician) con la guerra y con las muertes, el dolor y la miseria que ella produce.

A movernos sin descanso por dos propósitos inaplazables: queremos ya la paz en Colombia, cese bilateral inmediato del fuego y suspensión de hostilidades. Queremos ya el metro para Bogotá. No más excusas, no más dilaciones por parte del Gobierno Nacional. No más simbolismos. Exijamos que la paz del país y el metro de Bogotá se hagan realidad este año de 2015 y antes de las elecciones de octubre.

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Gran producción. Este viernes 29 de mayo se presenta en el Teatro Colón la serie documental Expreso Sur, producida por los países miembros de la Comunidad de Naciones Suramericanas, Unasur, entre ellos, Colombia. Felicitaciones al Ministerio de Cultura y a la ministra Mariana Garcés Córdoba por su participación en esta feliz iniciativa de integración regional mediante una producción cinematográfica de calidad excelsa, que nos permite romper el aislamiento autista en que hemos vivido los suramericanos por mucho tiempo.

Expreso Sur nos da una visión de optimismo realista sobre los grandes avances económicos, políticos y sociales logrados por los pueblos de América del Sur en la última década, gracias a la cooperación entre sus gobiernos. Y nos ayuda a quebrar la campaña de desinformación, y deformación, de nuestra realidad en que se empeñan algunos medios y columnistas. Solo el conocimiento nos puede acercar a la verdad. Expreso Sur nos brinda el saber objetivo que requerimos acerca de nosotros mismos, los suramericanos, como pueblo, como comunidad de naciones libres, que deben marchar unidas hacia un destino común de grandeza y prosperidad.


Enrique Santos Molano