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Santa Cecilia, la banda de inmigrantes que hoy canta por las mujeres

El cuarteto de mexicanos criados en Los Ángeles cerrará el 'Festival por la vida de las mujeres'.

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25 de mayo 2015 , 02:28 a.m.

 El origen de los cuatro miembros de la banda californiana Santa Cecilia se reproduce en un mismo tiempo, en una misma ciudad y en un mismo sueño.

Pepe Carlos interpreta el acordeón y el requinto. Tras la búsqueda de oportunidades, él y sus padres partieron en 1989 del estado de Oaxaca, en México, y cruzaron la frontera que divide al país latinoamericano de los Estados Unidos. Su mamá le dijo: “vamos un ratito a Los Ángeles a que aprendas inglés”, pero ese ratito se convirtió en 27 años, 25 de los cuales Pepe estuvo indocumentado.(Vea también: Santa Cecilia, la banda de inmigrantes que hoy canta por las mujeres)

Miguel Ramírez, conocido como ‘El oso’, es el percusionista de la banda. Su familia es originaria del estado de Jalisco. Sus padres inmigraron a principios de la década del 70, y ‘El oso’ nació y se crió en Los Ángeles, en una casa donde se comía mole y se escuchaban rancheras, pero en unas calles donde había que hablar en inglés y cantar rock and roll con amigos de todos los rincones del planeta.

Alex Bendana toca el bajo. A los dos años llegó a los Estados Unidos. Sus padres habían huido de la Revolución Sandinista en Nicaragua con la esperanza de ser acogidos por familiares y conocidos en Los Ángeles. Por fortuna, dice, creció entre costumbres y ritmos de mexicanos y centroamericanos.

Marisol Hernández es la voz prodigiosa de Santa Cecilia. Su madre es nativa del norte de México, del estado de Coahuila, de un ranchito que la hastió y que la impulsó a huir a Estados Unidos con el sueño de cantar cuando apenas tenía 17 años. La familia de su padre, distribuida entre Durango, Guadalajara y Tijuana, llegó al país norteamericano inspirada por el sueño de un abuelo. Los destinos de ambos se encontraron en una plaza del corazón de Los Ángeles, y Marisol, también conocida como ‘Marisoul’, fue la primera hija de esta pareja de mexicanos asentados en la ciudad californiana.

Santa Cecilia, una banda de hijos de inmigrantes que mezcla cumbia, ranchera, música norteña, boleros, rock, soul, salsa y jazz; que ganó en 2013 el Grammy a Mejor Álbum Rock Latino, Alternativo y Urbano, y que quiere comunicar algo más que frases sonoras en sus canciones, se hará presente esta noche durante el cierre del ‘Festival por la vida de las mujeres’, en el marco del Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual.

En entrevista con EL TIEMPO, sus cuatro integrantes contaron por qué buscan recuperar los ritmos propios de su tierra, despertar conciencias por medio sus canciones y reivindicar, entre otros derechos, los de las mujeres.

¿Qué quiso Santa Cecilia hace ocho años cuando conformó la banda?

Hacer nuestra propia música. Explorar los ritmos, componer y descomponer, y ahí contar nuestras historias.

¿Y de qué tratan sus historias?

Somos jóvenes biculturales. Algunos nacimos en los Estados Unidos, algunos llegamos a los Estados Unidos de pequeños, pero coincidimos con ese deseo de querer expresar lo que es ser bicultural, lo que es hablar el español.

¿Y qué es ser bicultural en un contexto como el de hacer música en Los Ángeles?

Buscar una identidad como jóvenes, y decir, sí, me gusta el rock, el funk, el hip hop, pero eso no explica todo lo que soy yo. Teníamos que encontrar y unir las dos raíces de alguna forma, porque las sentíamos muy separadas.

Viviendo en Los Ángeles, ¿por qué deciden tomar el camino de la cultura latinoamericana para su música?

El hecho de vivir en los Estados Unidos no significa que en nuestra vida cotidiana hablemos solo inglés o comamos solo hamburguesas. En la casa se come lo que comería cualquier mexicano, se escucha la música de nuestros países, de manera que es inevitable cantar en español, y cantar y mezclar la música en español. Es natural, porque además todos compartimos una gran pasión por la música tradicional, por las cumbias, las rancheras, los boleros, la salsa.

Aparte de unir identidades, su música también expone problemáticas de los latinos…

Sí, esa es una manera de tocar nuestra música, de asimilarnos como chavos biculturales y también de contar las cosas que nos afectan. La música es un arma muy fuerte para comunicar a la gente lo que está pasando en tu barrio, en tu ciudad, en tu comunidad; de decir, por ejemplo, cómo a veces nos obsesionamos con las cosas materiales, cuando lo más importante es tener el corazón lleno de amor, sentirse pleno, con amistades.

Se les conoce sobre todo por una canción llamada Ice El Hielo cuya intención es clara: denunciar

Ice traduce hielo en español, pero también significa Immigration and Customs Enforcement (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Queríamos hablar de tantísimas deportaciones que se han dado en los últimos años, y más allá de ser un tema de noticia, queríamos humanizarlo y contarle a la gente que cuando hablamos de deportaciones estamos hablando de familias, de nuestros padres, de nuestros amigos, y es injusto, porque el inmigrante va a Estados Unidos a aportar, trabajando, pagando sus impuestos, contribuyendo a la cultura.

Hoy ustedes cierran el ‘Festival por la vida de las mujeres’. ¿Qué efecto puede tener la música sobre la lucha por los derechos de las mujeres?

Una de las funciones principales de la música es que es el vehículo para llegar a los sentimientos que tenemos guardados y que nos mantienen en un tipo de oscuridad, de no querer hablar de eso porque duele mucho. Pero la música quiebra ese molde para que salgan esos sentimientos y puedan sanar. La música ayuda a estas mujeres a sanar aquello que dolió muchísimo.

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