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Adela en Harvard

Las empleadas del servicio se toman el poder. Salen aplaudidas de casa, como María Roa de Harvard.

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22 de mayo 2015 , 08:25 p.m.

Se me “piantó un lagrimón” cuando leí la noticia de la presencia en la Universidad de Harvard, donde se desasna el blancaje de la aldea global, de una líder de las empleadas domésticas de Colombia.

Me alegré por María Roa Borja, de Apartadó (Antioquia), quien defendió a su gremio, para el que exigió respeto y valoración. Como soñar es gratis, me habría gustado haber visto a su lado a Adela, la muchacha del servicio estrella de nuestra casa en esa eterna nostalgia que es la infancia.

Se habría embolatado un poco hablando ante los futuros capataces, pero no los habría aburrido con su prosa montañera. Era un adagio que caminaba. Su sabiduría estaba en los dichos que iba desgranando. Ni que se hubiera leído el Quijote. Ayudaba a bien-mal dormir contando historias de la Patasola y la Llorona. Nos acompañaba a escuchar radionovelas, lloraba con nosotros o nos prestaba lágrimas cuando se nos acababan.

In illo témpore, sin ninguna poesía, les decíamos sirvientas. En las casas las contrataban con “pienso” o “sin pienso”. Si “pensaban” el menú, facturaban más. No sabían de prestaciones sociales. Se enfermaban –y morían– de lo que podían, no de lo que querían. Adela hacía mil oficios por el mismo ínfimo salario. Era “dentrodera” y cocinera. Todo lo hacía bien, anticipándose al Carvajal de la cuña. De pronto amanecíamos huérfanos de Adela. Reaparecía meses después y retomaba el ritmo.

Los fines de semana se refugiaba en los parques, en busca del soldado desconocido que le endulzara el oído. En la noche volvía a su soledad acompañada. Antes, como ahora, el oficio de muchacha ha tenido cierto tufillo a remota esclavitud. Adela nos ayudaba a crecer. Hacía más fácil vivir. Alcahueteaba a la muchachada. Nos daba en la vena del gusto gastronómico.

Las empleadas del servicio se han ido tomando el poder. Están al día en tecnología. No las patean el Blackberry ni internet. Conocen sus derechos laborales por más que los patrones les escondamos el periódico que habla de sus conquistas. Los deberes que esperen. Y en su gran mayoría son como Adela, que terminó haciendo parte del árbol genealógico. Salió aplaudida de casa, como la activista María Roa de Harvard.

Óscar Domínguez Giraldo
www.oscardominguezgiraldo.com.