Archivo

Club en el norte de Bogotá puso a vecinos a vender sus apartamentos

Ruido, carros lujosos y espectáculos callejeros hacen parte de las quejas en contra del amanecedero.

notitle
22 de mayo 2015 , 04:26 p.m.

Los residentes de una cuadra en la calle 140 con carrera 16, en Cedritos, disfrutaban el estreno de sus apartamentos y estaban felices, pero a medida que iban ocupando el edificio empezaron a notar que algunos vecinos pegaban unos avisos en sus ventanas: ‘No más al amanecedero ilegal’.

No pasaría mucho tiempo para que los nuevos habitantes de la zona hicieran lo suyo, en sus ventanas. ‘Alcaldía de Usaquén, deje de ser indiferente a las solicitudes de más de 120 familias’ o ‘Se vende, motivo: imposibilidad de dormir de jueves a domingo’.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué las ventanas se estaban empapelando de carteles amarillos? El último de los residentes en arribar no tardó en percatarse. “Cuando llega la madrugada del jueves empieza a sonar la música, un tum, tum, tum que no deja dormir”. Ese sonido perturbador sale de una casa en la carrera 16 n.° 140-50, en el barrio El Contador.

Pero no solo de eso se quejan los habitantes del barrio; cuando parece estar terminando la fiesta, se producen peleas a la salida del establecimiento, mujeres haciéndoles reclamo a hombres y carros de marcas lujosas saliendo y entrando del lugar, con vidrios polarizados, algunas veces en caravana. “Y todo eso pasa cuando los niños y adolescentes salen a esperar sus rutas para irse a estudiar”, dijo otro de los afectados.

Según un reporte de la Secretaría de Planeación, esta zona de Usaquén (UPZ 13) es de actividad residencial y los usos permitidos son solo para vivienda. A su vez, la Curaduría Urbana 5 respondió a un oficio de los residentes del predio: “No está permitido el uso del suelo para bares, clubes nocturnos o similares por ser considerados servicios de alto impacto”.

Lo raro es que el extraño lugar llegó al barrio bajo la naturaleza jurídica de Asociación Colombiana de Deportes Mentales.

Todas estas inconsistencias hicieron que varios residentes pasaran un derecho de petición a la alcaldesa local de Usaquén, Julieta Naranjo Luján. “El amanecedero ilegal afecta hace más de 14 meses el sueño y la seguridad de los residentes de la zona, de miércoles a domingo. Escándalos en vía pública, peleas, consumo abierto de estupefacientes, relaciones sexuales en el parque vecino, alarmas y pitos sonando a toda hora, hombres haciendo sus necesidades fisiológicas y hasta menores de edad en plena vía pública” es solo un fragmento de lo que se describe en el documento.

Quien lo redacta señala que los dueños del club se han valido del cambio de razón social para burlar los sellos que en ocasiones ha puesto la autoridad. “140 House es uno de los diversos nombres con los que ha operado este lugar. Eso es para burlar la normativa y a las autoridades. Cuando la comunidad logra avanzar en algún proceso, cambian de razón social para eludir las acciones en su contra”, señala el documento. Por ahora, irónicamente, parecer ir ganando el club.

¿Y qué ha hecho el Distrito?

Según los vecinos, nada. La comunidad señala que el lugar ha sido sellado en tres oportunidades por periodos de siete días, sellos que rompen al día siguiente para seguir operando. “La Policía, en cabeza del capitán Diego Fernando Tenjo, está atada de manos porque no puede entrar sin una orden”, dice la misiva, firmada por 70 afectados.

Todos los residentes están armados de pruebas que demuestran la afluencia de gente y de carros al lugar. Lo último que hicieron los afectados fue un cacerolazo en la noche del viernes para llamar su atención. Mientras tanto, la pregunta será la misma que se hacen decenas de ciudadanos de Bogotá: si están las pruebas, si hay quebrantamiento de las normas de convivencia y si se está violando el POT, ¿por qué estos sitios no dejan de funcionar?

EL TIEMPO trató de contactar a los dueños del lugar, pero nunca abrieron; y aunque el sitio aparece registrado en las redes sociales, no fue posible ningún contacto.

* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO