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La historia de los concept cars, encargados de adelantar diseños y tecnologías, se remonta a 1905

Derivado de las carrozas tiradas por caballos, el automóvil inició como una plataforma desnuda al no tener puertas, vidrios y mucho menos techo, algo que no tardaría en empezar a cambiar.

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22 de mayo 2015 , 02:40 p.m.

El responsable de este gran paso, muy seguramente, fue Henry Leland.

Tras contribuir a la fundación de Cadillac, Leland encargó en 1905 a la carrocera Fisher Body –que se establecería oficialmente poco después– la construcción del Osceola, un vehículo de cabina cerrada, algo novedoso y no visto en su momento pero que al año siguiente comenzó a ofrecerse como opción en algunos modelos de la mencionada firma estadounidense.

Seguramente sin pensarlo de esa forma, Leland había creado con el Osceola el primer concept car, pues en los años siguientes los autos con cabinas cerradas serían la regla. Sin embargo, la idea de estos carros tal como la conocemos ahora no se materializó sino hasta 1938 con el Buick Y-Job.

Diseñado por Harley J. Earl, quien pasaría a usarlo como carro de diario hasta 1951, este vehículo sirvió como plataforma de muestra de varios elementos de diseño que llegarían a hacer parte de varios Buick de producción.

Para este momento algunos carroceros ya habían hecho sus autos concepto, otros fabricantes empezarían a hacer lo suyo y el mismo Earl sería responsable de otros tantos.

Con el paso de los años, el desarrollo de estos autos especiales se hizo cada vez más popular y su utilidad mucho más evidente y efectiva para los fabricantes, pues son creaciones que les permiten analizar la respuesta del público a nuevos diseños y tecnologías, y así determinar su viabilidad para producción.

En algunos casos no pasan de ser objetos para que las marcas muestren sus capacidades y por eso no debe extrañar que suelan anunciarse con motorizaciones o tecnologías inviables; a la final solo buscan impactar.

Esto se traduce en que para convertirse en modelos de producción deben someterse a cambios que les permitan cumplir con regulaciones (principalmente de seguridad), por lo que son pocos los que al lanzarse al público se asemejan a la fase de concepto, pasando de ser carros impactantes y revolucionarios a máquinas que se pierden entre la multitud.


La vida en el ‘más allá’

Fabricados en diferentes materiales (exóticos o convencionales) y moviéndose por fuerza humana o con motorizaciones existentes, los vehículos concepto suelen tener una agenda digna de una estrella de rock, presentándose en varios eventos en diferentes partes del mundo por lapsos de tiempo que varían desde pocos días hasta varios meses. Pero una vez esa gira mundial llega a su fin, su vida a veces también lo hace.

Algunos de ellos son desechados y otros vuelven a los centros de diseño y desarrollo de sus respectivos fabricantes para recibir modificaciones o alteraciones. Están los que pasan a hacer parte de exhibiciones en museos y también se dan casos en que son trasladados a estacionamientos secretos donde pasan a hacerle compañía a todo tipo de vehículos.