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El 'round' que perdió el fiscal Montealegre

Petición de hundir reforma del equilibrio de poderes fracasó ante rechazo de partidos y Gobierno.

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16 de mayo 2015 , 08:44 p.m.

Lo que hasta el momento no había logrado ni el presidente Juan Manuel Santos con su tono conciliador y la importancia que le da al diálogo político con la oposición, sí lo consiguió esta semana el fiscal General, Eduardo Montealegre, al motivar a todos los partidos con asiento en el Congreso a unirse para rechazar unánimemente su tesis de hundir la reforma del equilibrio de poderes y convocar a una constituyente para intervenir a la Rama Judicial.

El ‘portazo’ a la postura del Fiscal, con el apoyo significativo de los partidos de oposición –entre ellos el uribista Centro Democrático–, surtió el efecto contrario al que esperaba el jefe del ente acusador y resultó dándole un impulso en el Capitolio a una de las prioridades legislativas del Gobierno que, si bien venía avanzando, tenía bastantes contratiempos.

El mensaje claro del Congreso, que contó con el apoyo del Gobierno en esta cruzada para evitar la presión de quien buscó tomar la vocería de la Rama Judicial, es que los debates se tienen que dar por los canales institucionales y no descalificando la autonomía e idoneidad de las otras ramas del poder público.

Si bien en el Legislativo reconocen su baja favorabilidad ante la opinión, y son conscientes de las múltiples críticas que les llueven a diario, hasta la Casa de Nariño se sumó para recordarle al Fiscal General que la Constitución establece la separación de los poderes y que eso se tiene que respetar.

El primero en emprender la defensa de ese precepto y de la reforma del equilibrio de poderes fue el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien el pasado lunes madrugó a decirle al Fiscal que estaba “mal informado” sobre la reforma. (Lea también: Vuelve y juega la justicia en el equilibrio de poderes)

Ese mismo día, el presidente del Congreso, José David Name, le recordó a Montealegre que el Legislativo tiene “competencia” para realizar enmiendas a la Carta.

Y para completar, el pasado martes los jefes de la mayoría de partidos con asiento en el Congreso se sentaron a manteles para “rechazar” la petición de archivo y los descalificativos que hizo del Congreso.

Un hecho que reforzó la importancia de esa cumbre fue que la convocó el presidente del Partido Conservador, David Barguil, quien pese a la “independencia” que pregona su colectividad frente al Gobierno, se puso la camiseta del Ejecutivo para defender uno de sus proyectos claves.

Cristina de la Torre, investigadora de la Universidad Externado, afirmó que “la única intención, no ocultada sino expresa, de los presidentes de las cortes y del Fiscal” para pedir el hundimiento de la reforma “era proteger su impunidad y sus ventajas indefinidamente”.

“Es increíble que un hombre tan versátil e inteligente como el Fiscal hubiera cometido un error de cálculo así”, dijo.

Para Javier Torres, académico de la Universidad Externado, Montealegre no solo perdió la batalla con el Congreso sino también “espacio político para la justicia”.

“Con esto se debilitan el Fiscal y la Fiscalía en su capacidad de incidencia para generar una política criminal seria, porque su intervención afecta todo el conjunto de acciones de la rama”, afirmó.

La reforma de equilibrio de poderes plantea –como principios fundamentales– la eliminación de la reelección presidencial y la supresión del polémico Consejo Superior de la Judicatura.

Y aunque las incomodidades de Montealegre con este proyecto vienen desde que se aprobó en primer debate, en septiembre del año pasado, sus ataques se endurecieron en los últimos días, cuando la iniciativa está lista para comenzar su penúltima votación, en la Comisión Primera de la Cámara, lo cual está previsto para esta semana.

El año pasado, cuando la reforma apenas comenzaba su trámite, Montealegre le lanzó los primero dardos.

Y su posición se fortaleció en una declaración de la Comisión Interinstitucional de la Rama Judicial –en la que también tienen asiento los presidentes de las altas cortes–, justo días después de que la reforma superara su sexto debate, el pasado 6 de mayo.

Fue en esa declaración en la que se pidió el hundimiento de la reforma y se pidió una constituyente.

Claro que todo parece indicar que este round lo perdió Montealegre, quien –no obstante– anunció que demandará el proyecto cuando este salga del Congreso, con lo que la última palabra sobre su inconveniencia o no la tendría la Corte Constitucional.

EL TIEMPO