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Editorial: El negativo impacto de los gusanos

La presencia de parásitos en comunidades es un signo directo del nivel de desarrollo de los países.

14 de mayo 2015 , 08:05 p.m.

Se calcula que unos 2.000 millones de personas viven hoy con gusanos en su cuerpo; estos parásitos, que se alimentan de la sangre y otros tejidos del individuo, producen enfermedades crónicas y carenciales, además de muchas muertes.

Hoy se sabe, también, que su presencia es signo directo del nivel de desarrollo de las comunidades. Los parásitos adultos, que colonizan el cuerpo humano, ponen miles de huevos cada día y pueden infestar con facilidad a poblaciones enteras si estas carecen de condiciones mínimas de saneamiento y disposición de excretas, alcantarillado y agua potable.

La pobreza, claro está, favorece las infecciones por gusanos, pero también estas promueven la pobreza, por sus efectos negativos a largo plazo en el crecimiento y desarrollo infantil, en su capacidad de aprendizaje, en la salud materna y en la misma productividad laboral de las personas adultas.

Esto no es nuevo. No obstante, al relacionarlos con el nivel de progreso de los países, se ha encontrado una asociación estrecha entre el número de afectados por dicha patología y el índice de desarrollo humano utilizado por las Naciones Unidas.

Con base en lo anterior, el pediatra estadounidense Peter Hotez, presidente del Instituto de Vacunas Sabin, una entidad sin ánimo de lucro, ha puesto en números esta relación y ha creado un nuevo indicador: el Índice Gusano.

Según el investigador, este se calcula dividiendo el número de personas infectadas por parásitos entre la población total. Y toma como base enfermedades causadas por tres parásitos: los helmintos o lombrices comunes; la filaria, que entra por la piel al pisar suelo infectado, y el esquistosoma, que es la enfermedad parasitaria más letal del mundo, después de la malaria, y responsable de más de 200.000 muertes cada año, principalmente en las regiones más pobres de África.

En su tarea, Hotez y su equipo de investigadores calcularon el Índice Gusano para los 25 países más poblados del mundo y comprobaron que el mismo alcanza el máximo en las repúblicas democráticas del Congo y Nigeria.

Les siguen Birmania, Etiopía, India e Indonesia, y por debajo de estas cifras aparecen Brasil, Chile y México. Como es presumible, el Índice Gusano es cero en países como EE. UU., Japón, Francia y Alemania.

La medición se acompañó también de una campaña de desparasitación en naciones como Kenia (África), en donde en un solo año el ausentismo escolar después de esta práctica sanitaria se redujo en un 25 por ciento. Los gastos en salud, además, cayeron un 30 por ciento.

Con estos datos, Hotez promueve la idea de que el seguimiento y el control de enfermedades tropicales desatendidas como estas deben ser componente fundamental de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que las Naciones Unidas formularán en octubre con el ánimo de mejorar la calidad de vida en todo el mundo, para el 2030.

El ámbito médico-científico le apuesta a que se incluya. En el caso de Colombia, que no se incluyó en la medición, se encuentran los dos extremos. Ciudades en las que el índice sería cero y regiones en las que este equivaldría al de África, y que tendrían que estar siendo objeto de seguimientos y manejos específicos. Este sería un buen indicador centinela para medir la desvencijada salud pública nacional.


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