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¡Este pollo sí! / El caldero

La Rosticería un restaurante que ofrece pollo de gran calidad preparado con las mejores recetas.

14 de mayo 2015 , 05:11 p.m.

¿Quién pidió pollo? Pienso ahora en esa pregunta que, con humor, pretende dar a entender que no hubo lujos en la mesa como para semejante cuenta.

Y habla de otros tiempos, cuando el pollo era plato de celebración. O por lo menos un pequeño lujo para el cual no siempre había dinero. Pero el pollo se popularizó a tal punto que, al contrario de lo que pasaba en los tiempos en que se inventaron aquella pregunta, a veces la plata solo alcanza para un par de presas de pollo.

Y parecería como si a medida que se populariza, el pollo pierde sabor. Tal vez porque se ha industrializado, se acelera su crecimiento y cada vez son menos frecuentes los pollos alimentados a la manera de las granjas campesinas. Y entonces a veces uno prueba pollos que a nada saben: o solo saben a la salsa que se les añada.

Por eso, porque no es común encontrar pollos sencillos pero sabrosos, me sorprendió gratamente el que comí en días pasados en un pequeño restaurante llamado La Rosticería.

Sencillo el lugar –con montaje de restaurante de menú ejecutivo– pero muy especial el sabor que logran para sus pollos, que constituyen lo primordial de una carta diseñada por el limeño Diego García, y cuya cocción se basa en un aparato curioso llamado la caja china.

Y la tal caja, que se utiliza en comederos populares del Perú y que algunos cocineros de renombre han querido sofisticar, permite una cocción que concentra los sabores y elimina los excesos de grasa. En resumen: pollo más sano y más sabroso.

La Rosticería, que así se llama este restaurante creado por García luego de un largo y productivo recorrido por diversas cocinas de Lima, el Amazonas, Miami y Bogotá, ofrece además de un par de arroces y algunas entradas atractivas, un pollo verdaderamente artesanal y a buen precio al que bien vale la pena hacerle viaje.

Entre las variedades en las que se ofrece, están el pollo cervecero, el rosticero –con ají y romero–, el Stroganoff –con champiñones salteados–, uno con tamarindo y otro con salsa de ostras.

Y la verdad es que así, con pollos como los que salen de la caja china de La Rosticería, sí vale la pena seguir pidiendo pollo. Y lo mejor, sin arruinarse.

La Rosticeria. Calle 30 n.° 6-73, Bogotá. Teléfono: 483-9729.

Sancho
Crítico gastronómico
elcalderodesancho@yahoo.com.co