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El secreto mejor guardado de República Checa

Ceskÿ Krumlov es un pueblo medieval de República Checa lleno de encantos. Toda una sorpresa.

12 de mayo 2015 , 10:55 p.m.

¿Hay alguna ciudad en la que un viajero quiera perderse? Lo más probable es que su respuesta sea que no, que no existe. Sin embargo, lo más probable es que cuando llegue a una nueva ciudad y empiece a recorrerla por su cuenta, termine perdiéndose.

Me hice esa pregunta hace poco, cuando descubrí una en la que traté de forzar esa aventura metiéndome por callejuelas desconocidas y con el mapa siempre en el bolsillo, pero en la que resultó imposible extraviarme. ¡Vaya paradoja!

Es tan pequeña y tan fácil de recorrer que no crea nunca la necesidad de apelar a maravillas de estos tiempos modernos como Google Maps, por ejemplo. Y tampoco pueden salir de allí los pretextos para pedir ayuda porque estamos desorientados y así entablar una conversación con los dueños de las tiendas o con los lugareños.

Se llama Český Krumlov. Está enclavada en una zona montañosa del sur de República Checa, a 180 kilómetros de Praga, ya casi en la frontera con Austria. Es un pueblo de unos 15 mil habitantes, acogedor y romántico, sobrio, todo empedrado, muy tranquilo, que parece detenido en el tiempo. Me equivoco. No es que parece, en realidad, quedó congelado hace siglos.

La ciudad es pequeña, tiene apenas 15 mil habitantes, pero es un lugar que deslumbra a los visitantes. Laila Abu Shihab

Es como una caja llena de sorpresas que no suele estar en las recomendaciones para los que visitan ese país, que casi siempre se quedan en Praga o de ahí van directo a otras capitales de Europa central como Varsovia, Viena, Budapest o Bratislava.

Český Krumlov es como la joya de la corona de República Checa y, difícil creerlo, sigue siendo un secreto. Aunque cada vez menos. Todo hay que decirlo.

Entre la historia y las leyendas

Esta ciudad conserva prácticamente intacto su pasado medieval y eso explica buena parte de su encanto, además de que permitió que su complejo palaciego y su casco antiguo entraran a hacer parte, en 1992, de la lista del Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.

Para encontrar el origen del castillo hay que viajar hasta el siglo XIII. Y para antojarse de desviarse en el camino y llegar hasta esta ciudad hay que pensar que, dado que fue estratégica para la existencia del Sacro Imperio Romano Germánico, primero, y del posterior Imperio Austrohúngaro, recorrerla significa tomar una interesante clase de historia. Volver al colegio.

Laila Abu Shihab

Por eso, los dos o tres días que producen esas raras y sabrosas ganas de perderse en Český Krumlov deben incluir una buena visita al Krumlovsky Zamék (castillo), a su torre y a sus enormes jardines, preciosos, para hacerse a un buen dibujo de cómo vivían los reyes, cardenales, emperadores, nobles, soldados y hasta artistas de Europa central entre los siglos XII y XIX. Entrar a ese castillo es como hacer un paseo por lo más extraordinario y complejo del mundo feudal, del Renacimiento, del periodo Barroco.

Los recorridos en su interior son obligatoriamente guiados e incluyen leyendas de algunas de las familias que allí vivieron durante más de siete siglos (los Rosenberg o los Schwarzenberg, por ejemplo).

Una de las más conocidas cuenta que el espíritu de Perchta von Rosenberg -no se sabe con certeza en qué año nació pero se cree que fue hacia 1429 o 1430- todavía deambula por los pasillos y las habitaciones del castillo, dado que fue obligada a casarse contra su voluntad con un tirano que la maltrataba y ni siquiera cuando logró escapar del yugo de su marido encontró la paz que tanto anhelaba.

Mientras llega a la que se piensa fue su habitación durante mucho tiempo, los guías le dirán que a esta valiente mujer se le conoce como “la dama de blanco”, pues vestía prendas de ese color para decir que era viuda aunque su esposo siguiera vivo. Y todavía hoy, cuando le da por aparecerse, lo hace con los trajes que la acompañaron en el siglo XV.

Un teatro único

Lo mejor es que como el castillo está en la parte más alta de las colinas que vigilan la ciudad, la vista desde allí es imperdible. Es espléndida.

Y ahí mismo, unido con el castillo por un puente interior que los miembros de la nobleza de esa región de Bohemia mandaron construir para que el pueblo no los viera cuando cruzaban de una parte a otra, a veces en evidentes estados de alicoramiento, encontrará un impresionante teatro barroco del siglo XVIII, de los más antiguos y mejor conservados del mundo en su estilo.

Tienen prohibido tomar fotos adentro -y son muy estrictos en el cumplimiento de esa norma, siempre hay varios ojos vigilando que a los deslumbrados viajeros no les puedan las ganas de quedarse con un registro gráfico de su visita a ese lugar único-, pero al final se entiende que es tan impactante lo que uno ve, que de verdad debe ser muy difícil olvidarlo (las sillas, los escenarios que ya en el siglo XVIII se podían cambiar en cuestión de segundos, las construcciones de madera para lograr “efectos especiales” -el sonido de un aguacero, de unos caballos que se acercan, de las olas del mar cuando rompen sobre las rocas-, los instrumentos para la orquesta).

Si va en verano, tiene suerte (hay que reservar con buena anticipación una boleta) y un poco de dinero de sobra en la cuenta, tal vez incluso pueda entrar a alguna de las tres a cinco óperas y conciertos que allí se presentan por año, y que recrean por completo la atmósfera de la época.

180 kilómetros hay entre Praga, la capital de República Checa, y Ceský Krumlov. Laila Abu Shihab

Miradores

Český Krumlov podría ser considerada una ciudad de miradores. Regálese un tiempo para buscarlos y disfrutar de panorámicas memorables sobre esta metrópoli que parece pintada, y raya en lo perfecto.

Los miradores que todo el mundo conoce son el del castillo y el de la entrada a la ciudad por el antiguo monasterio donde hoy funciona el Hotel Ruze, pero no son los únicos. Juegue a encontrarlos. Vale la pena.

El poder de un río

El otro rasgo que hace tan fascinante a esta ciudad es el río Moldava. En realidad, es el río el que dota de personalidad a la ciudad, el que la define. El Moldava la serpentea y la divide en dos grandes barrios: el Staré Mesto (centro), a la orilla derecha, y Latrán, a la izquierda, con su imponente castillo. A lado y lado, casas con tejados y fachadas desvencijadas, la mayoría, pero con toda la magia posible. Y muchas tiendas de artesanías.

En la parte baja, la mayor atracción es la plaza principal (llamada Plaza del Ayuntamiento o Námestí Svornosti en checo), con edificaciones que muestran la huella de distintos gremios en la historia de este pueblo que por fortuna sigue siendo eso, un pueblo.

Ceský Krumlov todavía es un secreto delicioso. El mejor guardado de República Checa. Es una ciudad en la que el sonido del río acompaña todo el tiempo a los viajeros que deciden que a veces sí vale la pena desviarse en la ruta y perderse un poco.

Al menos por un momento.

Si usted va

Para viajar a República Checa los colombianos deben tener visa Schengen, que se puede tramitar en la embajada de ese país en Bogotá.

www.mzv.cz/bogot

* Ceský Krumlov no tiene conexión directa de trenes con Praga ni con otras ciudades checas o europeas y para llegar allá lo más fácil es tomar un bus (se pueden conseguir pasajes desde 15 euros) o alquilar un carro en cualquier ciudad cercana. Desde Praga, son 180 kilómetros (unas 2 horas y media de camino). Desde Linz, en Austria, son unos 70 kilómetros y desde Múnich, en Alemania, son casi 300 kilómetros.
www.czechtourism.com/sp/home

Otros planes en la ciudad

Aventura. Si va en verano disfrutará hacer rafting, viajar en balsa e incluso nadar en el río Moldava. También hay varios lugares cerca del río para hacer camping. En julio se realiza la tradicional Fiesta de la Rosa de los Cinco Pétalos, una celebración de tres días que devuelve a toda la ciudad a su época medieval y en la que hasta los turistas terminan disfrazados.

Arte. Ceský Krumlov es la sede del Egon Schiele Art Centrum, una serie de galerías y salas de exposición dentro de una antigua fábrica de cerveza del siglo XV, dedicadas al gran pintor austriaco Egon Schiele -que vivió en la ciudad en 1911- y que, además de una completa colección de sus dibujos y pinturas, tiene obras de otros artistas europeos del siglo XX.

Restaurantes recomendados. Rytirska Krcma Marketa, Konvice, Laibon.
Para tomarse algo. Dobra Cajoun, Apotheka Cafe Bar, Egon Schiele Cafe.

LAILA ABU SHIHAB
Especial para VIAJAR