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Resurrección de la diva de la actuación

La revista 'Elenco' encontró a la actriz en 2012, y ella dio un desgarrador testimonio de su lucha.

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09 de mayo 2015 , 10:26 a.m.

La revista 'Elenco' encontró a María Eugenia Dávila en marzo de 2012. Con motivo del fallecimiento de la actriz, rescatamos la entrevista, que fue portada de la publicación.

Aquí, el honestísimo y desgarrador testimonio de sus luchas.

María Eugenia Dávila se está muriendo!'. La noticia alertó a todos los que hemos admirado su carrera y que también, desde la distancia, hemos sido testigos de su oscuro trasegar por los caminos de las drogas y el alcohol. La gran señora de la actuación, la incomparable Manuelita Sáenz y también la irreverente María Consuelo de Señora Isabel, otra vez estaba en el borde y decían que no saldría bien librada. Sin embargo, fue justamente el estar internada durante cinco días de octubre, inconsciente y en cuidados intensivos, lo que finalmente parece haberla hecho recapacitar.

Ahora, gracias a la sociedad de gestión Actores, que preside Aura Helena Prada, vive en un hogar donde velan por su salud y ha vuelto a tener en los ojos ese brillo que enamoró a los colombianos gracias a sus protagónicos.

¿Cómo está?

Feliz, aunque a veces lloro; pero es la primera vez que pienso seriamente que además del trago o lo que consumí, me dieron otra cosa, escopolamina... no sé.

¿Qué pasó exactamente?

Yo estaba tomada y fui al parque Lourdes a comprar un poco de cocaína y marihuana. Eso es lo que yo consumía. Volví a la casa mal, entré al baño, me enlaguné.

¿Cuánto compraba?

Pues muy poco, una pepita, porque el gramo era a diez mil pesos. Pero me dieron otra cosa porque a mí me dijo Rey (Vásquez, un actor que compartía en esa época con ella la Casa del Artista, donde vivió mucho tiempo) que yo había llegado 'jincha'. ¿Qué la hizo decir ¡ya paro!? Pues que estuve inconsciente como cinco días.

Durante todo ese proceso de adicción y consumo, ¿sí intentó dejarlo?

Sí, estuve en tratamientos pero no me daban drogas, sino que era solo yo. Hacía 600 sentadillas, a las 6 de la mañana nos bañábamos con agua helada. Fue la última vez, pero salí y caí de nuevo.

¿Qué la hizo recaer?

La depresión. Si continúas deprimido, necesitas sacarte de la cabeza los rencores, los odios, el resentimiento; miles de cosas que empañan la vida.

¿Cuál era la razón de las depresiones?

Que la había embarrado en la vida totalmente; que no tenía consciencia de que mi papá había sido un alcohólico también, que él duraba hasta quince días tomando, sin comer, con mujeres y llegaba a pegarle a mi mamá. Lo vi solo tres veces y le huía, porque un día, cuando yo tenía como 4 años y pico, me miró tan feo que salí corriendo y me agarré de la pierna de mi mamá. Él se enfermó de tuberculosis, se voló de la clínica y le pegaron una puñalada. Murió a los 45 años.

Y el mundo de la TV, en su caso, fue también parte de ese coctel mortal...

Pues la TV es terrible. En esa época uno tenía un amante pero porque le gustaba, porque lo amaba, había una cosa interna. Ahora no, ahora se dedican solo a tirar. A veces veo a gente que sale en la TV y pienso que eso no puede ser, que algunos no tienen nada adentro, porque hay mucha superficialidad y vulgaridad.

¿En qué momento empezó a consumir y qué consumió la primera vez?

Comencé a tomar como a los 13, con Anuncia de Romero. Ella le ponía trago al agua. Me despertaba 'jincha'. Mi mamá me llamaba para preguntarme a qué horas iba a ir, y yo le decía que luego y me quedaba a dormir allá. Mi mamá y ella se odiaban.

¿Y después?

Cantaba en El club del clan. Yo era novia de Harold Orozco; él fue mi primer novio oficial. Salía en El Tiempo, me sentía estrella. Ahí me dieron a probar marihuana. Luego me fui a México, a los 18 años, y metí ácidos... ¡Todos! Sunshine, purple, orange. Volví a los 22 a Colombia, venía rapada y me llamó Fernando Gómez Agudelo para hacer María, me tuvieron que conseguir una peluca especial. Fui hippie.

¿Vivió el hippismo en México?

Había grupos que solo tiraban y vainas así; pero yo estaba en un grupo de intelectuales. Era una niña en una vida muy pesada... Fue pesada desde los 8 años, cuando oía a las actrices hablar de cosas como que 'me quitaste a mi amante' y 'abortaste el niño'. Me quedaba impresionada. Ensayábamos los teleteatros hasta las tres de la mañana, dirigidos por Bernardo Romero Lozano. Cuando estaba en mi casa, me la pasaba sola, pues mi mamá -Libia Cardeño de Dávila- trabajaba, primero como enfermera y luego como portera del Hotel Granada, que era el mejor de Bogotá. En esa época sufrí cosas horribles, como violaciones -un ataque de llanto compulsivo la interrumpe-.

¿Cómo así que la violaron?

Fue a los 4 años y medio; era un tipo de 18 (se le vuelve a quebrar la voz). Todos los niños hacían cola y... ¡yo así! (María Eugenia eleva los ojos al techo y se pone rígida). Yo era muy linda y soportaba todo eso para que me dejaran salir a la puerta de la calle, para ver pasar gente porque mi mamá no estaba. Entonces un día le dije a mi mamá que me habían pasado muchas cosas, que yo iba a trabajar para que ella se quedara en la casa. ¡Noooo!, ha sido una tragedia la vida para mí.

¿Qué la seguía aferrando a la vida?

Traté de suicidarme pero me salvaba, siempre me llevaban... (vuelve a llorar). Muy joven, como a los 16, ya me sentía mal por el trago, por tantas cosas tan complicadas y que no entendía.

¿Ahora cómo calma la ansiedad?

Tomo sertralina (un ansiolítico); pero es muy caro y a veces no lo tengo. La sociedad de Actores me paga acá, estoy muy agradecida. Ahora prefiero quedarme acá, pues le tengo pánico a la calle.

¿Pero no hay momentos en que quisiera tomarse uno?

¡No!, ¡te lo juro! Es algo que nunca me había pasado; porque yo estuve seis veces en tratamiento, una en una iglesia judía, dos veces en la Fundación La Luz y otras dos en otro lado.

¿Cuántos se tomaba en un día?

Cuatro o cinco cuartos de aguardiente, todos los días. El primero era a las 7 de la mañana, cuando me levantaba. Luego los pedía por teléfono.

Whitney Houston, Amy Winehouse, todas han estado en las profundidades, como usted...

¡Terrible! ¡La droga es terrible! Por eso quiero dedicarme a dictar conferencias, a contar lo que he vivido, puede ser una manera de ayudar. Esos personajes también se murieron de soledades... Soledades como las de la Dávila... Toqué fondo varias veces y pensé que ya era irreversible. Un día se me partió la cama y seguí durmiendo, a veces cantaba, a veces gritaba. Sé que soy alcohólica, pero no anónima (risas).

Pero hay soledades que se disfrutan...

Las que son por elección. Me ha gustado la soledad y además tenía que aprenderme unos libretos a una velocidad impresionante. Por ejemplo, en Señora Isabel había parlamentos hasta de cuatro páginas con transiciones entre la risa y el llanto. Fue madre soltera en un tiempo y en una Colombia más conservadores... Busqué tenazmente tener un hijo y no podía; se me salían involuntariamente. Quedé embarazada a los 32 (su hijo tiene 31 años), sin darme cuenta, le conté a una amiga que me estaban creciendo los senos y me llevó donde el ginecólogo. Me dijeron "se está chupando el dedo" y pregunté "¿Quién?". Así me enteré. Tenía entre cuatro y cinco meses. No me importó ser madre soltera, además eso era lo que buscaba y lo logré.

¿Nunca divulgó el nombre del padre?

No.

¿Su hijo sabe quién es? Una vez le pregunté si quería conocer al papá y me dijo "no me presentes a nadie; ya crecí sin él, no lo necesito". Ahora creo que vive en Estados Unidos.

¿Hay arrepentimiento?

No, ya no. Lo que pasó pasó y lo único que cuenta es el aquí, el ahora y no más.

¿Ya se perdonó a usted misma?

Sí. Es lo primero que se debe hacer para poder querer. Yo pensaba que quería, pero no era verdad pues estaba llena de rencores y depresión. Hay que ordenar la vida, no ser tan inconsciente y hacer lo que a uno le da la gana.

¿Le quedan amigos de la TV?

Hummm... Amigos, ¡No! Yo pensaba que tenía más enemigos, porque mi éxito era bárbaro. A Pepe Sánchez lo quiero mucho, y a Jorge Alí Triana. Porque hablaron bien de mí, de cómo era actuando. El único que habló muy extraño fue Carlos Muñoz.

¿Qué la hace llorar hoy?

Lo mismo: mi hijo. Para mí es un tormento que él tenga un puesto así -es cobrador en una empresa- (llora), que no haya estudiado. Mi nieta, Juana Valentina, pero ella me hace reír. Es una belleza, tiene 4 años.

¿Qué significa la muerte para usted?

Hay tantas muertes, como en esos momentos difíciles, en los que estaba muerta en vida por todo el daño que me hacía.

¿Vale la pena vivir María Eugenia?

¡Ufff!, es lo único que existe. No hay nada que hacer más que vivir cada momento.

¿No le da miedo volver a caer?

¡No!, todos los días le pido a Dios que me ayude. Cada día me siento mejor y me veo mejor. Su vida es como una telenovela... ¡Una telenovela dramática, loca!