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Déficits gemelos: interno y externo

A pesar de la necesidad de promover y diversificar la exportación, la tendencia es la contraria.

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06 de mayo 2015 , 06:40 p.m.

El paro de maestros, con millones de niños en ocio forzoso y sin ayuda alimentaria, marcó inequívocamente la frontera entre la dádiva generosa con sabor a subsidio y lo que tradicional e irónicamente definió al Presupuesto como “distribución equitativa del descontento”. Pasaron los años de la afluencia, al parecer ilimitada, de recursos fiscales y de cambio exterior, para enfrentar la dura realidad de las presentes limitaciones, por no llamarlas penurias. Incluso en el flanco más cercano a los programas del actual gobierno.

El colapso de la bonanza petrolera llevó de nuevo al país a su situación tradicional de escasez, tanto en lo fiscal como en lo cambiario. Con la diferencia de que en el frente externo el ajuste se da en forma automática con la devaluación, mientras en el de las finanzas públicas depende de los reajustes progresivos de egresos e ingresos, hasta donde el paciente resista. Es, por diversas razones, cuestión de manejo en que la flexibilidad tiene límites intraspasables, conforme se observó en la huelga al fin concluida de educadores. A diferencia de los paros gremiales anteriores, resueltos con el otorgamiento de generosas contribuciones pecuniarias. Será de ver si la misma firmeza se asume cuando de política electoral se trate.

En ambos casos, el interno y el externo, el faltante se ha presentado por las mismas causas de enflaquecimiento fulminante y repentino de los ingresos. Solo que en lo fiscal se aprovechó el último o penúltimo cuarto de hora para apretar drásticamente las tuercas de la tributación a los rentistas de capital, con sacrificio de su competitividad. A estas alturas, todos concuerdan en que a los arbitristas de turno se les fue la mano en su afán de engrosar las disponibilidades presupuestarias, de antemano comprometidas y utilizadas para absorber gastos ya decretados.

El mismo método puede aplicarse en futuras ocasiones, aunque con menos margen de aprovechamiento y con diversidad de contribuyentes. No en vano otra reforma tributaria, la de turno, se halla en preparación. Asimismo, la venta de bienes públicos en el frente hidroeléctrico, frutos codiciados del ahorro de anteriores generaciones. A la hora del gasto o de la desinversión, no se escapa nada que se halle a mano, con el argumento de que se va a cambiar un activo productivo por otro más dinámico y de mayor rendimiento social. Lo que cuenta es la disponibilidad inmediata de recursos contantes y sonantes.

En el frente externo, la devaluación ha sido mecanismo de efectividad inmediata, como lo fuera antes la revaluación. En ambas oportunidades se confía en su capacidad correctiva sin ir al meollo del desequilibrio. Dentro del cual se respeta y auspicia incluso la enfermedad holandesa, prescindiendo de actuar en favor de otro tipo de ingresos, salvo los especulativos a escala internacional, concretamente al vaivén de los capitales golondrina.

Con testarudez digna de mejor causa, se persevera en la apertura hacia adentro y se prescinde de promover y diversificar las exportaciones, creyendo, con fe de carbonero, en la perdurabilidad sin límites de la bonanza minero-energética, aun a sabiendas de su incapacidad intrínseca de crear empleo en cuantía suficiente. Extraño parece, por decir lo menos, sorprenderse y aun dolerse del aumento del déficit en la cuenta corriente de balanza de pagos, cuando tanto se han impulsado las importaciones y prácticamente nada las exportaciones. Cada uno cosecha lo que siembra.

Repetidamente hemos señalado la necesidad imperiosa de promover y diversificar la exportación, pero la tendencia predominante va siendo la contraria, quizá como fruto de arraigadas y antagónicas concepciones. No accidentales, sino de formación y escuela.


Abdón Espinosa Valderrama