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Ocho días después del sismo, Nepal lucha por levantarse

Europa busca a mil de los suyos desaparecidos. Se teme que el número de muertos llegue a 10.000.

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01 de mayo 2015 , 10:27 p.m.

Las calles estrechas que dan acceso al distrito de Bakhtapur se han convertido en un basurero de escombros debajo de los cuales pueden permanecer algunos cadáveres, según temen los habitantes locales a ocho días de la tragedia en Nepal.

El sábado, día en que sucedió el terremoto de 7,9 grados en la escala de Richter, lo dedicaban muchos a hacer turismo en Nepal. Por lo general, habitantes de Katmandú, la capital, además de extranjeros, llegan a este sector histórico para dar un paseo por estas calles, en las que casas de ladrillo y ventanas de madera tallada conviven con pequeños templos en honor a los dioses hinduistas, muchas veces rodeados por albercas, hoy convertidas en posible fuente de infecciones.

“Muchos de ellos eran familias enteras, y nadie las ha reclamado. Por eso no sabemos cuántos muertos puede haber aquí”, contaba Padam, de 27 años, quien ha estado ayudando con la búsqueda de sobrevivientes desde el comienzo.

Frente a una montaña de escombros creada por un montón de vigas de madera, latas, ladrillos y cables de luz, Padam muestra el camino que tuvo que atravesar para llegar hasta lo alto de lo que alguna vez fue la casa de la familia que lo cuidó en su infancia.

Después de abrirse paso, y a pesar del miedo de que hubiera una réplica que acabara de tumbar los muros cedidos que todavía quedaban de pie, logró llegar hasta lo alto de lo que debería ser el cuarto donde se encontraba el abuelo de la familia. Al empezar a escarbar, vio que un brazo salía de entre los escombros. Supo que lo había encontrado. No había logrado escapar porque era viejo y estaba medio ciego. Además, el sismo lo encontró borracho. “Esa mañana se levantó y envío a que le compraran rakxi –aguardiente local–. Nos dijo que él iba a morir ese día y era preferible hacerlo borracho”, cuenta Rajan Saiju, otro de sus nietos.

En medio de ellos, un perro llora bajo los escombros. Al sentir la presencia humana, el animal trata de aullar para pedir ayuda. Pero, por más que tratan, no pueden. No tienen los instrumentos necesarios y se van, vencidos. En las casas vecinas, decenas de personas hacen lo mismo. Algunos meten la ropa en bolsas plásticas y atrás dejan otros recuerdos menos prácticos, como unos afiches de Bob Marley y John Lennon pegados en la pared de una casa a la que se le ha caído la fachada.

La mayoría de estas personas viven hoy en las tiendas de campaña improvisadas que se levantan entre otros, en cada rincón de Bakhtapur. 

Mientras la población trata de recuperar lo que puede, un gran grupo de policías y soldados nepalíes, cargados de palas y picas, acompañan a una delegación de rescatistas surcoreanos que avanzan con sus perros. Les avisaron que debajo de unos escombros estaría una mujer de 60 años a la que su familia no pudo sacar de la casa. Los perros también sienten que debajo hay un humano. Cuidadosamente mueven vigas y ladrillos a la espera de que este viva, mientras los nepalíes los esperan desde la distancia, sin saber muy bien qué hacer.

Los locales reconocen la inexperiencia de las fuerzas locales para este tipo de rescates, y creen que debido a su falta de preparación mucha gente atrapada terminó por morir. Al final, los coreanos no tienen éxito. La mujer ha fallecido, pero ha sido un cuerpo recuperado. Los equipos internacionales, explica un militar nepalí, han aceptado hacer una excepción y recuperar cadáveres. Su mandato, en principio, es solo supervivientes. (Lea: Los milagrosos rescates tras la tragedia que enluta a Nepal)

Misiones de rescate como la liderada por la coreana se repetían a lo largo de Bakhtapur, uno de los tres distritos del valle de Katmandú, y el más destruido de todos. A diferencia de la capital, donde las destrucciones fueron más focalizadas en algunos sectores, aquí la destrucción está totalmente expandida. Hay calles completamente destruidas, no hay sector que haya quedado inmune a las consecuencias del sismo, al igual que la monumental plaza Durbar, que, como la de Katmandú, también quedó semidestruida.

Lo alto del templo de Krishna hoy está destruido, al igual que otra de las joyas de esta plaza considerada patrimonio histórico de la humanidad por la Unesco. La explicación para que el número de muertos en Katmandú capital haya sido tan elevado, explican los expertos, es que la concentración de fallecidos en lugares específicos es bastante alta. Esto es el ejemplo de los sectores de la torre Dharahara, en cuyos alrededores habían perecido alrededor de 400 personas. (Lea: Rescatan a joven de 15 años en Nepal cinco días después del terremoto)

Ciudad colapsada

“Yo estoy impactado de que la gente piense que Katmandú está destruido. No es así. Hay muchos edificios derrumbados, y otros muy dañados, pero no es que la ciudad esté en ruinas. Es una ciudad en shock, colapsada, pero no destruida. El gran daño está en lugares como Baktapur, Shakhu u otras poblaciones del país”, explicaba Hari, un economista de 34 años que cuenta que cuando tembló se sintió igual que si estuviera nadando en un mar picado.

Con el paso de los días, Katmandú ha pasado a ser un lugar donde los militares internacionales, trabajadores humanitarios de cientos de organizaciones no gubernamentales y periodistas llegados de todas partes del mundo parecen haberse tomado una ciudad que lentamente empieza a recuperar su vida.

A pesar de que miles de personas se han ido a los pueblos en busca de sus familias, y otros miles siguen pasando la noche bajo las carpas, algunos pocos almacenes empiezan abrir y ciertos restaurantes tratan de ofrecer su servicio, aunque no con la carta competa. Muchos productos escasean, la electricidad sigue racionada –o inexistente en algunas regiones– y el agua no llega a muchísimos lugares.

Los hospitales, que todavía tratan de salvar a los enfermos que sufrieron traumas graves durante el terremoto, empiezan a prepararse para una epidemia que podría surgir como consecuencia de la falta de agua y de las mínimas condiciones de higiene que tiene gran parte de la población en estos momentos.

“Toda la ayuda que nos llega del extranjero está bien, pero falta mucho por hacer. Hay muchas regiones del país que no han recibido ayuda”, repetía Sita, una joven de 30 años que resume la inconformidad que empieza a crecer entre la población por la falta de gestión del Gobierno ante esta catástrofe.

Si usted ve a la gente en las carpas y organizada, esto se debe a la iniciativa de la comunidad y no del Gobierno”, explicaba Hari, el economista, quien contaba que solo desde el pasado jueves el Ejército empezó a repartir carpas dentro de la población. Pero no son suficientes. E incluso algunas caravanas que llevaban ayuda humanitaria a áreas remotas han sido detenidas en algunos pueblos con barricadas, pues sienten que están abandonados por el Estado.

“Entendemos la inconformidad y estamos haciendo lo posible. Pero la realidad es que, en el caso de la carpas, todavía no tenemos para todos”, explicaba el general Pokhrel.

Pérdidas billonarias

Los retos que vienen para Nepal son infinitos. Además de los costos de la reconstrucción, las consecuencias económicas del terremoto son inmensas. Se habla de una pérdida de 11 billones de dólares. A esto se suma lo que viene. Se espera que el turismo se reduzca a puntos mínimos. Además de la destrucción de muchos de sus monumentos históricos, la infraestructura para acoger a los montañistas ha quedado maltrecha. “Esto encarecerá los costos de cada expedición, puesto que significa que tendrán que llevar todo desde Katmandú”, explicaba un experto. Miles de personas viven del sector de los servicios, que representa el 52,2 por ciento del Producto Interno Bruto.

Otro aspecto que también afectará la economía tiene que ver con el regreso de miles de hombres que trabajan en los países del Golfo que se verán obligados a ayudar a sus familias. El envío de remesas representa el 29 por ciento de los ingresos de Nepal, país en donde la cifra de desempleo alcanza el 40 por ciento, y que tiene uno de los peores índices de desarrollo en la región. (Lea: )

“Es difícil, pero la gente de Nepal es buena y el mundo la quiere. Ya verá cómo nos recuperamos poco a poco”, decía Hari, el economista, quien cree que por ahora lo más complicado es tratar de sobreponerse al trauma del terremoto y sus réplicas. La calles partidas por la mitad y desniveladas que se ven a la salida de Katmandú por el sismo son solo un pequeño recuerdo de la pesadilla que ha vivido Nepal.

CATALINA GÓMEZ ÁNGEL
Para EL TIEMPO
Katmandú-Bakhtapur.