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Pez que capturan con partes de delfines está contaminado con mercurio

Biólogo Fernando Trujillo dice que esa especie, llamada mota, la venden en el país como capaz.

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28 de febrero 2014 , 06:45 p.m.

Los indígenas del Amazonas le decían “Omacha”. Era la década de los 80 y Fernando Trujillo se había volcado a trabajar por los delfines de agua dulce del Amazonas. Los conocía poco, pero tenía claro que ese debía ser su camino: estudiarlos y vivir para conservarlos. “Omacha”... Una y otra vez él escuchaba esta palabra con la que aquellos nativos lo llamaban cada vez que veían su entusiasmo por estos invaluables animales, claves para la salud de los ecosistemas porque regulan las poblaciones de peces y eliminan a los enfermos y más débiles.

Supo con el tiempo que aquel sobrenombre tenía un significado: ‘el delfín que se volvió hombre’. Por eso Trujillo, director de la fundación Omacha, organización que bautizó en honor a ese apelativo, entiende y le duele a más que a nadie en Colombia el insólito atentado que hoy se comete contra esta especie de cetáceo de agua dulce, el equivalente a un jaguar en tierra firme: está siendo masacrada para usar sus partes como carnada en la pesca de una especie de pez llamado mota o piracatinga.

Como diría el etnobotánico Wade Davis: matar un delfin rosado para sacar un pez que vale menos de 2 mil pesos en un mercado local, es como hacerle un hueco a la capilla Sixtina para extraer carbón.

El hecho no es nuevo, pero pareciera ser difícil de erradicar.

La alerta la lanzó esta semana una vez más el Instituto Piagacu (IPI), de Brasil, que ha estudiado los hábitos de 35 comunidades pesqueras en el río Purus, en el estado brasileño de Amazonas.

Según su análisis, 144 delfines rosados son asesinados cada año, un número superior a cualquier límite seguro que garantice su supervivencia, para emplear su carne como cebo en esas faenas de pesca del piracatinga o mota, apodado el buitre de las aguas por ser una especie carroñera. Sin embargo, otras evaluaciones hablan de la muerte de 2.500 delfines cada año en toda la región brasileña de Manaos. “Se sabe que se extraen de la región cerca de 15 toneladas de piracatinga por año y que el 90 por ciento del cebo que utilizan es carne de delfín rosado”, dice un informe del IPI, una situación que también ha sido denunciada en regiones amazónicas del Perú y Venezuela.

Los pescadores prefieren valerse de delfín como cebo porque su carne tiene más grasa.

Generalmente los despedazan, dejan que sus partes se descompongan y luego las llevan a una jaula, a donde se va acercando la mota atraída por el olor. De esta forma, la carne del delfín, que está prohibida, ni siquiera puede ser usada para consumo humano y por eso termina transformada en un desecho.

El problema, aunque se percibe foráneo y exclusivo de países vecino, nos compete.

Porque aunque en el país el uso del delfín como carnada no es frecuente, Trujillo explica que la piracatinga o mota –que se captura con su carne– llega desde las selvas a Colombia para venderse masivamente en supermercados, pero disfrazada de otro pez: el viudo de capaz.

Esta es una situación que la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) y el Ministerio de Agricultura conocen y se han comprometido a controlar.

Pero para Trujillo, también es síntoma de otro problema: la sobreexplotación de las poblaciones pesqueras del Amazonas, degradadas y en una situación de riesgo tan compleja, que han llevado a pescadores y comerciantes a obtener dinero a costa de un pez que vive de comer residuos en los caudales.

La mota, disfrazada en Colombia como capaz, es un pez carroñero. ¿Que peligros tiene su consumo?

Es el pez con mayor cantidad de mercurio. Para la Organización Mundial de la Salud, el límite de mercurio en un alimento no debe pasar de 0,5 miligramos por gramo. La mota, según análisis que hemos hecho con la Universidad de los Andes, tiene 2,8 miligramos por gramo. Si hay un cadáver en el río Amazonas, ese cuerpo no se lo comen las pirañas, se lo come la mota. Es irónico, en la ciudades la mota se vende a precio de salmón, pero en la selva nadie se come un ejemplar de este pez.

¿Qué propuestas se han trabajado para controlar este problema y el consumo?

Le confieso: una opción es no hacer nada y dejar que la pesca de mota siga, porque al ritmo en que se está pescando, en ocho años este pez podría quedar sobreexplotado antes que los delfines. Pero claramente este no es el mejor camino. Yo he propuesto hacer una veda para la pesca de mota mientras se busca otra alternativa para su captura. Pero es que aquí el problema, más allá de los delfines, es el riesgo que se concentra para la población, por consumir carne contaminada con mercurio.

¿La venta del pez mota, capturado con delfines, es exclusivo de supermercados?

No. Si usted va a Girardot o a Flandes a comerse un viudo de capaz, supuestamente del Magdalena, lo que eventualmente podría estar comiendo es mota que llega de Brasil.

¿No se puede restringir la importación de mota?

Se ha discutido con Cancillería y con algunos ministerios, pero se argumenta que hay compromisos comerciales que no se pueden suspender. Aunque hay que decir que parte de la entrada de este pez a Colombia se hace ilegalmente. Los comerciantes instalan cuartos fríos en Tabatinga (Brasil), ciudad vecina a Leticia, pasan el pescado a esta última ciudad colombiana por tierra y, luego, traen el pescado a Bogotá en avión. O lo llevan en vehículos desde Brasil a Venezuela, y desde allí lo introducen a Colombia por Cúcuta, camuflado como pescado del Orinoco.

Usted dice que en el Amazonas está pasando algo con su estabilidad pesquera, desde que un pez carroñero sea ahora la estrella del comercio, en lugar de que este lugar lo ocupen los grandes bagres y otras especies.

Está pasando lo mismo que ocurrió en el río Magdalena, donde se sacaban 70 mil toneladas de pescado al año y ahora no se sacan más de 6 mil toneladas. Los indígenas están penando en cultivar peces, una situación impensada para ellos . El pescador del Amazonas de tiempo completo casi ya no existe, ahora debe completar sus ingresos con oficios varios. Como van las cosas, podrían terminar pescando pirañas.

¿El delfín se ha vuelto entonces un termómetro de esta situación?

Sí, diría que gracias al delfín es que estamos reaccionando y por lo que las instituciones han tomado esta situación más en serio.

¿Por que el uso del delfín como carnada no es tan frecuente en Colombia?

Porque hay más presencia institucional, el pescador de los ríos colombianos usa visceras de ganado y otras carnadas. También nos ha ayudado que la porción de territorio donde esto es posible no es tan grande. En Brasil, la cuenca amazónica es mayor al millón de kilómetros cuadrados (más que todo el territorio colombiano) y no hay forma de vigilar todo ese territorio.

¿Hay algún papel para el consumidor?

Hay que buscar alternativas de vigilancia para las plazas de mercado. Para los supermercados es importante que estos conozcan sus proveedores, para que frenen la venta de mota camuflada como viudo de capaz. Pero si la van a vender, que lo digan claramente y le expliquen al consumidor los riesgos que tiene, así como en las cajetillas de cigarrillos o en las botella de alcohol se explica que su consumo es peligroso para la salud. Y para la gente, ser exigente, conocer antes de comprar. Y si no se está seguro, preguntar y demandar respuestas. Aquí no sólo está en juego la vida de un delfín, un tema que puede ser lejano y poco importante. Está de por medio la salud.​