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Percepción y realidad

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28 de febrero 2014 , 05:11 p.m.

El documento 'Inseguridad en Medellín: Percepción y Realidad', de un equipo de investigadores dirigido por el exconcejal y excandidato a la Alcaldía de Medellín Federico Gutiérrez Zuluaga, intenta desarrollar otra mirada a la problemática de seguridad local, con énfasis en la comparación de cifras entre los años 2012 y 2013. También se ocupa del impacto de diversos delitos y critica que se midan los niveles de seguridad solo a partir del indicador de homicidios, cuando se han incrementado otros delitos y la percepción de inseguridad se mantiene entre la ciudadanía. Resalto su valía y recomiendo que sea analizado. Por mi parte planteo algunas apreciaciones:


Creo pertinente que en las investigaciones sobre seguridad se haga un esfuerzo por auscultar sus aspectos históricos y estructurales, para poder interpretar con adecuación la actual realidad y obtener conclusiones sobre las razones para que el conflicto haya mutado o presente altibajos y niveles que conducen a la repetición de sus ciclos de evolución, sin que se pueda al menos disminuir la práctica de ciertos delitos. Entiendo el análisis comparativo entre los dos últimos años, pero es necesario explicar el fenómeno o al menos adoptar una postura.


De otro lado, si bien es necesario interpretar el problema de la (in) seguridad local destacando la disminución de homicidios, coincido en que esta no puede ser la única variable válida; por igual se deben valorar los indicadores de otros delitos, aunque la realidad no se agote allí.


En este enfoque coinciden varias entidades, incluso en el plano internacional: la baja de los homicidios es una variable con mucho peso a la hora de evaluar e indicar el estado de seguridad de un territorio y la evaluación de las políticas públicas de una administración al respecto. Como lo admite el documento que nos ocupa, nos estamos refiriendo al problema de la vida de las personas y ese es el máximo bien que se debe preservar. A su vez un alto mando policial sostiene que es tan importante esta variable que quita y pone directores de la institución.


El documento hace señalamientos interesantes de cómo se comportan ciertos indicadores de delitos, principalmente el homicidio cuando se desagrega por comunas: las cinco con mayor registro (la 4, 7, 8, 10 y 13) soportan el 47 por ciento de los homicidios, siendo más elevada la tasa por cada 100.000 habitantes en las comunas 10 y 13. Estas cifras no le restan peso a la reducción del 26,5 por ciento lograda en el 2013 en relación con el 2012 y que significa una tasa de 38,1 homicidios por cada 100.000 habitantes el año pasado, así sea muy representativo lo que se deduce de tal desagregación.


El incremento de los restantes delitos amerita un análisis más detallado, que reservo para próxima ocasión debido a limitaciones de espacio. Me parecen muy interesantes el estudio y sus sugerencias, pero creo que es temprano aún para evaluar el papel de las vicealcaldías y en particular la de gobernabilidad, seguridad y servicio al ciudadano, que como lo anoté en pasada columna es la que presenta mejores resultados en esta Administración. Comparto que ello se haga al final de la actual Administración, para que no se vea como un agite electoral de última hora, aunque es necesario recoger la iniciativa del liderazgo que la seguridad exige y frente a lo cual se vienen realizando grandes esfuerzos.

Jaime A. Fajardo Landaeta

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