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Elecciones: ¿política sin política? / Opinión de Henry Murraín

"Hasta los más tradicionales en política se jactan de denunciar la 'política tradicional' " .

28 de febrero 2014 , 04:58 p.m.

Desde hace cuatro años Corpovisionarios, con el apoyo de la firma Estadística y Análisis, viene realizando una encuesta de responsabilidad electoral que indaga en los ciudadanos su nivel de atención y responsabilidad sobre el voto por un congresista. Los resultados son dolorosos y preocupantes.

Cuatro años después de los último comicios legislativos, el 88 % de las personas que votaron por un candidato al Senado no recuerdan siquiera el nombre de la persona que ayudaron a elegir y un 87 % de los que votaron por candidato a la Cámara de Representantes tampoco lo recuerda. Aún cuando la política está bastante desprestigiada en nuestro país estos datos no dejan de sorprender. Sobre todo cuando antes de obtener dichos resultados consulté a varios politólogos sus predicciones al respecto y todos, aunque pesimistas, estuvieron bien por debajo de los resultados obtenidos en la medición.

En ejercicios de entrevistas realizadas a votantes sobre sus motivaciones pasadas a la hora de depositar el voto por un congresista sorprende que la mayoría confiesa que tomó la decisión final basándose en intereses muy personales, de corto plazo o muy superficiales: “es que me cae bien”, “me gusta como habla”, “es que si fulano es elegido a mi tío le sale un contrato con …”. Algunos toman la decisión de votar analizando con cuidado las propuestas de gestión y basándose en sólidas convicciones políticas, no obstante esta parece ser la historia de solo unos pocos. La visión de corto plazo que atraviesa nuestras decisiones y el egoísmo nos tiene sin proyecto de país y practicando una política sin política. Cada quien quiere resolver su propio problema y no tenemos la responsabilidad de pensar en el interés colectivo.

En la misma encuesta hemos preguntado si las personas han hecho seguimiento a los debates y propuestas del congresista que ayudaron a elegir; el 93 % manifiesta que no ha hecho seguimiento de lo que ocurre con la Cámara y el 91% dice lo mismo del Senado. A pesar del desprestigio de los partidos, la recordación que la gente tiene de los partidos políticos es un poco mejor: el 50 % recuerda el partido de la persona por la que votó al Senado y un 40 %, el partido de candidato a la Cámara.

La situación sigue siendo tan grave que algunos analistas de la dinámica electoral argumentan que entre un 20 y un 30 por ciento de las personas deciden por quién van a votar camino al puesto de votación. Seguramente por esto casi todos los partidos suelen burlar la prohibición de hacer publicidad el día de las elecciones y desesperadamente buscan convencer al elector casi hasta el puesto de votación. Durante la jornada vemos desde camisetas y volantes hasta jóvenes indignamente puestas en patines y minifaldas llamando la atención del elector.

Algunos argumentarán que el problema se resuelve con alguna reforma legal que genere formalmente una relación distinta con los congresistas.

Difiero de este punto de vista. Ya Douglas North, premio nobel de Economía en 1993, demostró que a través de la historia sociedades que han asumido marcos regulatorios similares pueden tener desempeños muy distintos por la influencia de las reglas culturales. Todo depende en últimas de las instituciones informales (cultura) y el problema aquí es de cultura política y cultura ciudadana. Si no entendemos como sociedad lo clave que es elegir un congresista no hay marco legal que nos salve.

Es un lugar común despotricar de la política y demandar transformaciones en nuestros políticos. Hasta los más tradicionales en política se jactan de denunciar la ‘política tradicional’. Pero, ¿quién defiende la política? Ahora cuando la dinámica electoral está en su mayor furor valdría la pena preguntarnos ¿a qué estamos jugando?

HENRY MURRAÍN
Dir. Proyectos Corpovisionarios