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El arquero moderno... (Opinión)

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27 de febrero 2014 , 04:59 p.m.

Tapa pelotas imposibles bajo los tres palos, va bien arriba en los centros, sabe salir en el mano a mano, ordena la defensa, saca bien con las manos o los pies, patea tiros libres, a veces hasta sube a cabecear... y mete un gol. Es el arquero moderno.

Por ser contemporáneos y verlos a diario nos parece natural, ni nos damos cuenta de los arquerazos que hay actualmente. En España hay un racimo de goleros fenomenales: Iker Casillas, Diego López, Víctor Valdés, Willy Caballero, Keylor Navas, Kiko Casilla, Diego Alves... Los vemos cada fin de semana hacer paradas sensacionales. Lo mismo pasa en Alemania (Neuer es fenomenal), Inglaterra, Italia... En Brasil se ven notables porteros, en la Copa Libertadores... En la Eliminatoria Suramericana se destacó ampliamente David Ospina, también el chileno Claudio Bravo.

Grandes responsables de que no haya más goles en el fútbol actual son los guardametas. Es el puesto de mayor evolución del fútbol. Cuando miramos en video los goles de hace 40, 50 o más años nos damos cuenta lo elementales que eran antes. El atacante avanzaba, avanzaba, se acercaba al arco y el golero no salía, luego se la tocaban a un costado y gol. Vivían pegados a la raya, no tenían porte físico, de muchos se decía "es bueno tapando, su déficit es el juego aéreo". Hoy, si un arquero no se impone de alto, directamente no puede jugar.

El arquero es tal vez el más palpable de los muchísimos cambios que el fútbol experimentó con los años, y que no son percibidos por el público en general. Que alguien pruebe de mirar en Youtube la final de México '70. Quienes la vivimos de jovencitos la tenemos en el altar supremo de los recuerdos; sin embargo, si la vemos de nuevo se nos hace añicos.

Ramón Martínez, director deportivo durante décadas del Valladolid, del Barcelona y del Real Madrid, pero sobre todo apasionado del juego y estudioso del mismo, nos cuenta una anécdota reciente, muy ilustrativa: "Desde joven me quedé con un recuerdo imborrable de aquel equipo de Perú del '70; tenía jugadores excepcionales como Chale, Cubillas, Sotil, Perico Leon, Baylón... Unos fenómenos, vamos... Y me puse a buscar videos sobre sus partidos en el Mundial. Busqué por cielo y tierra y no conseguí, hablé a la Federación Peruana y no tenían, hasta que di con Juan Carlos Oblitas y me dijo 'yo los tengo'. ¡Qué suerte...! Total, me los mandó y me senté a verlos con una gran expectativa. A los 15 minutos apagué y no vi más. Era otro deporte, jugaban andando, una desilusión... Me pregunté cómo eso pudo deslumbrarme tanto entonces, pero bueno, era lo que había".

¿Cuáles son las claves de esta superación? Varias, sin duda, aunque podrían resumirse en tres principales: 1) La transferencia de conocimientos. 2) El entrenador de arqueros. 3) La regla del pase atrás.

La primera es obvia, el profesional de hoy es heredero de todos los aportes que fueron haciéndole al puesto sus colegas anteriores. Un día alguien descubrió que, saliendo, achicaba el ángulo de tiro. Y luego todos empezaron a salir. Otro se percató que había que poner un defensa en cada palo en los tiros de esquina. El Loco Gatti, que no era bueno volando, inventó que era más simple evitar la situación de gol que el gol. Y salía a anticipar al delantero, a cortar el pase-gol. Así fueron haciendo un legado.

La segunda es, quizás, la más importante. Antes el arquero se iba haciendo sólo, a fuerza de goles en contra. Cuando ya había aprendido lo suficiente, estaba cerca del retiro. El entrenador de arqueros es un avance fundamental. Alguien que transmite a un joven, ya desde los 18 años, todos los secretos del arco. "Yo creía que era un gran portero, hasta que me topé con Pedro Zape. Él me enseñó casi todo", reconoce Óscar Córdoba.

Con el preparador de arqueros creció el entrenamiento específico. Inviertan cinco minutos en ver en Internet (http://www.ovaciondigital.com.uy/futbol/asi-se-entrena-golero-costa.html) una práctica de Keylor Navas, el ascendente arquero costarricense que está en carpeta de varios grandes de Europa. Es impactante ver su trabajo, y explica en buena medida el suceso que está teniendo en el Levante.

En 1992 se prohibió a los arqueros tomar el balón con las manos tras un pase de un compañero. La idea era evitar las demoras, pero, además, la regla logró que el guardameta aprendiera a jugar con los pies y se convirtiera realmente en la undécima parte del equipo. Pasó a ser un jugador completo. Tanto que hoy es de los que mejor rematan.

La actualidad nunca tiene buena prensa, pero esta es una realidad indiscutible: el del arquero moderno es el puesto mejor cubierto del fútbol.​

Último tango…

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO