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Una caja negra muy íntima / Sin telones

27 de febrero 2014 , 03:48 p.m.

Mujer: “¡Ay no! Para. Tengo la sensación de que hay alguien más en el cuarto, alguien nos está mirando. No sé. Hay unos ojos rojos chiquitos que nos están mirando”.

Hombre: “Es el gato. Está ahí en la silla”.

Es uno de los diálogos de La caja negra, la obra que se encuentra en su temporada de estreno en HombreMono Teatro, en el barrio Teusaquillo de Bogotá.

La pareja está en la intimidad de una habitación en penumbra, a la que el público ha entrado prácticamente a hurtadillas, a ocupar el lugar del gato espía.

Aquí diríamos que somos 120 pares de ojos y otro tanto de oídos que casi no nos movemos para no perder detalle de lo que hacen el hombre y la mujer, de lo que se dicen a veces en un tono cercano al susurro.

Es un experimento más que realista. Ya no es el público que mira por el ojo de la cerradura, como diría Meyerhold al referirse al teatro naturalista que estaba en boga a finales del siglo XIX en Rusia. Ahí el público estaba separado de los actores por la convención del teatro a la italiana. Ahora estamos todos en el cuarto.

Inspirada en la obra Sueño con revólver, de la dramaturga argentina Lola Arias, esta es la ópera prima de Victoria Hernández, profesora de actuación que, después de muchos años en el oficio, decidió lanzarse al agua con Angélica Blandón y Quique Mendoza, dos buenos actores que se esmeran para que la convención de intimidad permanezca durante los 45 minutos que dura la experiencia.

Recomendaciones: 1) Para el público: llamar y reservar para no perder el viaje. 2) Para los organizadores: mayor cuidado al acomodar a los espectadores en la oscuridad para evitar accidentes.

Cra. 25 n.° 39-74. Tel.: 314 413-5146. Jueves a sábado, 8 p. m. Hasta el 15 de marzo.

ALBERTO SANABRIA
CRÍTICO DE TEATRO