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Plegaria por un Papa envenenado

27 de febrero 2014 , 03:38 p.m.

Evelio Rosero acaba de presentar su última novela 'Plegaria por un Papa envenenado', publicada por el sello Tusquets. Tuve la fortuna de su lectura durante un reposado final de año que tan sólo se cruzó con las flechas textuales y mordaces de la novela de un escritor consolidado desde hace tiempo.

La historia de Albino Luciani, Juan Pablo I, envenenado en 1978 a 33 días de su posesión como Sumo Pontífice, es recreada no sólo con la certeza literaria de Evelio, sino también con el ritmo de la novela policiaca, posmoderna (de ruptura y transgresora) pero también cercanamente infernal. Escrita con diferentes narradores, diálogos que siguen el esquema del libreto teatral, elementos que sugieren la extratextualidad, posee el tamaño (160 páginas) que se requiere para una lectura de continua intensidad.

La ruta seguida por Rosero desde 'Los ejércitos', pasando por 'La carroza de Bolívar' y 'Plegaria por un Papa envenenado' da cuenta de novelas que se sueltan solas, sin esfuerzo alguno, y enganchan al lector, de forma tal que reafirman página a página a un escritor que habla: en la primera, de la tragedia de un profesor en medio de la violencia; de los pliegues oscuros del libertador en la segunda; y del trasegar de un sacerdote al que nombran Papa y de su desenlace al ser asesinado. Es decir, las tres novelas abordan el desandar interior de unos hombres sobre el terreno rugoso del alma.

La novela 'Plegaria por un Papa envenenado' inicia con el coro de voces de las prostitutas de Venecia que a modo de Canto Litúrgico le hablan al Pontífice y le recuerdan sus años de infancia y mocedad, cuando ellas y los novicios tenían casi la misma edad y ya trasegaban por caminos distintos. Termina con este mismo coro, un hilo conductor, que se consolida como contrapunto irónico, satírico, profético, atrevido y un tanto escueto, similar al efecto que se produciría en el público al subir prostitutas al altar, en una iglesia de pueblo.

La trama de la novela arranca cuando el obispo de Venecia Alvino Luciani recibe en confesión a un maltrecho sacerdote que cuenta sus fechorías y las del Banco del Vaticano. Este personaje que nos lleva a conocer el polo oscuro de la historia y al "banquero de Dios", el obispo Marcinkus, quién busca el poder y cómo sacar del camino al Papa, es tan real como real el pontífice, ambos sentados a extremos opuestos tratando de conducir una iglesia católica, antigua, contradictoria, secreta, maléfica, eterna, muy cerca del poder de dios y del destino de los hombres.

Al recurrir a citas textuales del Papa, se muestra al personaje muy en su natural pedagogía religiosa. Al hablar con metáforas y tocar otros aspectos que "hacen ampolla" como el divorcio, el aborto, el celibato, se contribuye a dar sensación de la realidad del pensamiento de aquel hombre. ¡Qué buena la cátedra de catequesis!, más de cura que de Papa, más de literato que de teólogo, más cercano de los sentimientos que del poder, más de hombre que de dios.

Tiene esta novela la capacidad de hablar hoy de otra cosa distinta al fragor cotidiano de la violencia nacional o el desplazamiento, del amor de pasarela, o de la maldad política pueblerina, tiene, la novela, un trasfondo de investigación y en su escritura un lumbre que la deja en la reflexión sobre lo eterno, sobre el poder, lo divino, la santidad, la maldad, la verdad y la razón inequívoca del infierno como único lugar de "descanso" para los escritores y para el Papa, pues éste último, Juan Pablo I, era antes que todo, también, un escritor.

Emocionante el deambular de un cura por los pasillos y escaleras retorcidas y absurdas de la casa Papal. Delicioso el sonar de las campanas de oro una y otra vez,... eternamente. Maravilloso el recuento de cuadros, objetos míticos, como la mano de San Gregorio, los cuatro dedos de San Juan Bautista, todos conservados como las monedas que recibió Judas. Extraño, delicadamente espeluznante, darse cuenta, Albino Luciani, que junto a su cama había acceso a una escalera que descendía en la oscuridad. Miedo al verle bajar en camisón de dormir, en pantuflas, con una vela en la mano después de haber tomado del frasco del remedio que debía beber todas las noches antes de dormir, y este, llevando el terrible sello de la muerte. Descender con miedo, con cuidado, en medio de la humedad, más abajo cada vez, hasta el infierno: un hades profundo, el espacio de Dante otra vez... ¡qué bueno! Y allí, en medio de la oscuridad, estaban muchos de sus corresponsales literarios y otros tantos grandes y clásicos escritores, escribiendo, maldiciendo, condenados, oscurecidos, en clandestinidad... que "delicioso y delicado" lugar donde van a "vivir" los elefantes.

Novela que reconforta, que salva la literatura, que salta el charco. Una novela en Colombia para celebrar.

CARLOS LUIS TORRES