Archivo

Ruido de restaurantes enloquece a habitantes de la zona G

Residentes del sector aseguran que estos negocios funcionan como bares y violan norma ambiental.

notitle
26 de febrero 2014 , 08:32 p.m.

Algunos restaurantes de la zona G (entre calles 69A y 70, y carreras 4.ª y 7.ª) se han convertido, literalmente, en un dolor de cabeza para los residentes del sector, pues, según ellos, funcionan como bares y el ruido que producen no les permite dormir.

En un ataque de estrés, Amal Kalid, quien vive frente al restaurante Goya, intentó desconectar los cables de sonido del disc jockey, pues la música a todo volumen y los gritos de los clientes la desesperaron.

“Yo soy una mujer muy calmada, pero en esa ocasión ya llevaba días sin dormir y cuando llegué a mi casa, agotadísima, me encontré con ese relajo. Me acerqué a pedirles que le bajaran a la música y el disc jockey me dijo que muy de malas”, señaló.

Ahora, para poder descansar en las noches, Kalid toma gotas de valeriana y otros medicamentos naturales que le permiten controlar el estrés, resultado del agotamiento y la falta de sueño.

Otro de los afectados es Carlos Llamas, a quien de nada le sirvió invertir 25 millones de pesos en la instalación de ventanería termoacústica, que reduce el ruido exterior, “porque mi apartamento se conecta con Locos por el Fútbol y Nicks y por ahí entra el sonido. Realmente es insoportable; por eso compré estos vidrios, y, aunque se reduce un poco, la vibración de los bajos se siente; entonces quedamos igual”, explicó.

Aunque, según el concepto de la Secretaría de Planeación, el uso del suelo en la zona G está autorizado para viviendas y restaurantes, la molestia de los habitantes es con los establecimientos Kong, Locos por el Fútbol, Goya, Gigis, Nicks, Casa Median y Magnolio, pues, dicen,de jueves a sábado funcionan como bares.

“Nosotros tenemos facturas que comprueban que en estos establecimientos a las 2 de la mañana se vende alcohol y eso en este sector está prohibido, porque aquí hay alrededor de 43 edificios residenciales”, afirmó Reales, quien a su vez informó que ya se han realizado mesas de trabajo con la alcaldía local de Chapinero y la Personería de Bogotá para revisar la situación, pero añadió que aún están a la espera de respuestas.

La alcaldía de Chapinero señaló que, a la fecha, “se han abierto 13 actuaciones administrativas y 4 preliminares en contra de establecimientos de comercio”.

También dijo que se les notificó la situación a las secretarías de Movilidad, Planeación y Ambiente y al Hospital de Chapinero para que revisen la situación y se puedan tomar acciones.

Sin embargo, estas medidas no convencen a los habitantes. “Nosotros nos reunimos con la alcaldía para averiguar cómo avanzaba ese proceso y, cuando por fin se autorizó el cierre de uno de los bares, resulta que escribieron mal la dirección; entonces nos toca esperar unos meses más”, aseguró Reales.

Jerónimo Basile, propietario del restaurante Magnolio y quien ha representado al gremio en las mesas de trabajo, explicó: “Nosotros somos considerados restaurantes, pero la gente dice que somos discotecas; sin embargo, estamos dispuestos a dialogar para llegar al volumen que les parezca”.

¿Quién debe vigilar los niveles de ruido?

Según la Resolución 6918, del 2010, de la Secretaría de Ambiente, los límites de ruido permitidos en horario nocturno para sectores residenciales no pueden sobrepasar los 45 decibeles y en el día, los 55.

A su vez, la Secretaría de Planeación asegura que, como en la zona comprendida entre las calles 69A y 70, y carreras 4.ª y 7.ª conviven restaurantes y sitios residenciales, los niveles de ruido deben ser controlados por la alcaldía local de Chapinero, pues esta entidad debe velar por el bienestar de los residentes.

Hablan Alcaldía Local y Secretaría de Ambiente

No obstante lo que dice Planeación, el alcalde local de Chapinero, Mauricio Jaramillo, aseguró que si bien la entidad tiene la facultad de vigilar los negocios según lo estipula la ley 232 de 1995 (que regula el funcionamiento de los establecimientos comerciales), la alcaldía no está en condiciones de realizar los estudios de sonido que se requieren para este control, pues esta labor la ejerce la Secretaría de Ambiente, que cuenta con los equipos requeridos.

La ingeniera Adriana Amado, de la Secretaría de Ambiente, explicó que con la ley 232 las alcaldías locales vigilan el funcionamiento de los establecimientos para que cumplan las normas ambientales y dentro de los requisitos que se exigen está cumplir con la intensidad auditiva, pero la única entidad que mide el ruido es esta entidad, quien a su vez puede sancionar los negocios a través de la ley 1333 de 2009.

Sobre las quejas de los vecinos de la zona G, todavía no hay resultados definitivos de los procesos que se están adelantando

REDACCCIÓN BOGOTÁ