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Editorial: Uganda, la bárbara

26 de febrero 2014 , 08:09 p.m.

Como se preveía, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, acaba de firmar una ley que aumenta las ya insólitas penas de prisión a los homosexuales y castiga con cadena perpetua a quienes reincidan en el “delito”. No pocos gobiernos y ONG habían pedido a Museveni que vetara la medida, por configurar una flagrante violación de los derechos humanos, pero el presidente ugandés está dichoso con la nueva ley y, además, quiso dejar claro que la suscribía, entre otras razones, para oponerse a “las presiones occidentales”.

Hasta cuando desató la persecución institucional a los homosexuales, Uganda había reaccionado con sentido común y eficacia a la endemia de sida que afecta al continente. Sin embargo, la intolerancia con los gays ha provocado que estos huyan de las autoridades sanitarias y, como resultado, en los últimos años subió el número de quienes padecen el virus (VIH): de 1’500.000 en el 2012 se pasó a casi 1’750.000. La nueva norma disparará aún más las cifras.

La persecución legal no es la única que acecha a los homosexuales de ambos sexos (“mercenarios” y “prostitutas”, según Museveni). También impera la cacería en los medios de comunicación. Horas después de sancionada la ley, el tabloide Red Pepper publicó la lista de “los 200 principales homosexuales” ugandeses, lo que equivale a una invitación a la denuncia o, peor aún, al linchamiento.

Uganda, con 38 millones de habitantes y el puesto 91 en ingreso nacional en el mundo, tiene un 37 por ciento de analfabetismo y una historia monotemática de dictaduras, guerras civiles, genocidios e inestabilidad política. Algunos de sus líderes son famosos en la Corte Penal Internacional. Es mundialmente célebre Idi Amín Dadá, tirano que entre 1971 y 1979 ordenó miles de asesinatos y comía carne humana, a la que consideraba “más blanda y salada”. Pese a todo, no estuvo ni un solo día en las prisiones que esperan a los gays.

La ley es infame con los homosexuales ugandeses, pero favorecerá a la postre a los que luchan por sus derechos en el planeta, pues muestra qué clase de países los persiguen. ¿Qué gobernante querrá parecerse a los dictadores ugandeses? ¿Acaso Rusia, cuyos gays huyen a casarse a otros países, como ocurrió ayer en Buenos Aires?

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