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Homenaje al más grande de la televisión colombiana

La ida de Pacheco dejó al país entero de luto. Artistas y seguidores dan el último adiós.

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26 de febrero 2014 , 08:00 p.m.

Pacheco llegó a los 4 años de España, donde nació, pero era más colombiano que cualquiera nacido en este país y tan querido por el público que lo sentía propio. Siempre estuvo a kilómetros de cualquier tipo de vanidad que caracteriza a muchas figuras. Ese fue su éxito.Su partida duele, no solo a los que tuvieron la fortuna de trabajar con él y para él; le duele a Colombia entera.

La generosidad, la honestidad y la alegría fueron sus grandes cualidades. Tuvo muchos amigos y sacaba tiempo para todos, que hoy solo tienen de él gratos recuerdos. El 11 de febrero se fue el más grande presentador en la historia de Colombia, como lo dicen sus colegas y amigos. ¡Como Pacheco no habrá dos! (Recordando el paso de EL TIEMPO... Fernando González Pacheco)

María Cecilia Botero, actriz

“Otro Pacheco, no va a haber”

Cuando era una niña, y antes de comenzar en TV, María Cecilia Botero no se perdía Animalandia, al punto que convenció a su padre de que la llevara al CAN, donde se realizaba el programa en vivo. Un recuerdo imborrable para la actriz: “Estaba entre el público y ese momento de emoción lo recuerdo, porque no podía creerlo. Pasó el tiempo y nos encontramos, no lo tengo registrado, porque Pacheco era de esas personas que uno hace memoria y él es el de siempre; no tiene ni principio, ni final.

Era un ser tan especial, tan maravilloso. Compartíamos como amigos y también trabajamos juntos. A través de David (David Stivel, su esposo), cuando lo dirigía en Charlas con Pacheco, se hicieron grandes amigos y ahí compartí mucho con él. Ya después vinieron los musicales (Sugar, La jaula de las locas, el soldadito de plomo). En el teatro lo adoraban los técnicos. A veces me hacía huelga y se me perdía; lo encontraba detrás de los backings con ellos jugando cartas, y con Mateo (su hijo) incluido, cuando estaba pequeño (risas). Estuvimos en la novela Música, maestro. Pacheco era tan honesto. Así como se veía en TV, así era en la vida real. Fue un gran amigo. Recuerdo que todos los domingos, a las 10 a.m., recogía a Mateo en su moto, esa que tenía el asiento a un lado, iba a darle una vuelta porque a Mateo eso le parecía lo máximo. Cuando la enfermedad de David (murió de cáncer), él estuvo todo el tiempo conmigo, siempre apoyándome, venía a visitarlo, cosa que ni siquiera hicieron grandes amigos. Recuerdo que en el funeral, con tanta gente y yo como estaba, pues Mateo se me perdía; Pacheco se hizo cargo de él. Lo traía a la casa, lo consentía, lo llevaba a comer. Esas cosas que solo hace un amigo tan de verdad.

Era generoso en todo, en el afecto, en los actos, en el trabajo. Nunca, trabajando con Pacheco, uno sentía que lo quisiera opacar. ¡Jamás! Cosa que sí sucede con otras personas; además no lo necesitaba. Era tan buen entrevistador porque conversaba, le daba a uno el espacio para hablar, porque hay personas que entrevistan, hacen la preguntan y se contestan; quieren ser estrellas. Pacheco hacía que uno fuera la estrella, siendo él la estrella. Otro Pacheco no habrá”.

Carlos Benjumea, actor

“Tenía el anecdotario más extenso”

En medio de la gran tristeza que siente por la partida de su amigo, socio y casi hermano, ‘el Gordo’ Benjumea dice que lo vio unas horas antes de su muerte y ya estaba muy mal. “Fernando posee el anecdotario más extenso de todo este país. De las cosas que más recuerdo es la producción de El viejo, en 1978. Siempre demostró sus dotes de cantante, periodista y presentador, y cuando lo conocí, él hacía un monólogo que se llamaba Raboepino, y era tan maravilloso que mucha gente como yo lo repetíamos todos los días para divertirnos a costillas de él.

Un día me dijo: ‘Si usted quiere ser exitoso en el escenario, en TV, sea usted. No finja ser animador’. Y creo que esa es la gran enseñanza que nos dejó a todos”.

José Gabriel Ortiz

Su fiel compañero

José Gabriel era locutor control cuando conoció a Pacheco en una emisora hace más de 20 años, y hace diez se volvió su escudero. Jugaban cartas todos los días y fue José Gabriel quien estuvo acompañándolo hasta el último día. Pacheco tenía un don especial, que hacía que todos se encariñaran tanto con él. Como es el caso de José Gabriel, que dejó su labor periodística para dedicarse a Pacheco: “Pacheco era el más feo de todos, pero era el más amable, carismático y gran ser humano. Era un extraordinario periodista; esa armonía para entrevistar solo la tenía él. Dejó un gran legado. Era cariñoso, generoso, era un gran amigo, como un papá. Hace cinco años empezó a deteriorarse su salud y él quiso alejarse de los medios; no fue que no lo llamaran sino que se sentía cansado y decidió retirarse. Hasta el último día de su vida no le faltó absolutamente nada.

Miraba todos los días TV y escuchaba radio. Nunca le comentaba cuando se moría un amigo porque sabía que le afectaba mucho. Le dio muy duro la muerte de Gloria Valencia, y la última que recuerdo y que lo afectó mucho fue la de Antonio José Caballero. Pero nunca lo había visto llorar tanto como cuando murió su primo, ‘la Chiva’ Cortés. Sus últimos días fueron difíciles, entrábamos muchas veces a la clínica, así fueron los meses de noviembre y diciembre, pero el sábado 8 de febrero me decía que esta vez sí se iba a morir, me cogía la mano, yo no lo miraba, pero él sí tenía una mirada muy melancólica”.

Marlen Pardo, enfermera

“Nos hacía sentir como parte de la familia”

“Sí, así era Pacheco con todos los empleados”, asegura Marlen, quien duró 11 años al cuidado de Pacheco. Su forma de ser hacía que se encariñaran tanto con él, que sus empleados pasaban más tiempo con él que en sus casas: “Como jefe fue excelente, era como un amigo. No lo trataba a uno como una empleada, sino como si fuera parte de la familia. Las personas que trabajamos para él llegamos a sentir mucho aprecio, lo queríamos mucho, lo teníamos muy consentido. Era muy especial con todo el mundo. Ya en los últimos años, pese a su problema de pulmón, salía a pasear, comía muchos postres y llevaba una vida muy bonita. No volvió a los medios de comunicación porque nos decía que quería descansar y dejar descansar al público.

Tengo una enorme tristeza por no haber podido acompañarlo en sus últimos días, porque hace un año tuve un accidente y no pude seguir cuidándolo. La última vez que hablamos me dijo que estaba orando por mí para que me mejorara y regresara a su lado, y se puso a llorar”.

Hernán Orjuela, presentador

“Pacheco no tiene reemplazo en la TV”

Hernán Orjuela conoció a Pacheco hace 31 años, cuando el animador trabajaba en RTI y fue el último director que Pacheco tuvo en TV, en el programa Día a día, del Canal Caracol, con una sección llamada Día a día con Pacheco: “Fuimos amigos de calidad, pero no de cantidad.

Trabajé mucho con ‘Pacho’, sobre todo en espectáculos masivos. Fue como mi papá putativo en TV. Él me decía que el secreto era ser auténtico, ser uno mismo. Tengo el gran orgullo en mi carrera de haber sido el que lo reemplazó en Animalandia , porque él era como mi faro. Hay gente que dice que nadie es indispensable en el mundo, pero hay espacios que son irremplazables, y en el caso de Pacheco, en TV no tiene reemplazo, por su talento. Es un tema ese carisma que solo tenía él. Aparte de ser espontáneo, nunca perdió ese espíritu de niñez, de jugar, de reinventarse.

Era como los personajes de Gabriel García Márquez, un poco macondiano, armaba unas historias a través de su parafraseo; eran parte de un juego. Eso fue lo que lo hizo tan bonito en el negocio”.

Magda Egas, presentadora

“Pacheco es inclonable”

A Pacheco lo conocí como cualquier colombiano, a los 12 años, viéndolo en TV. Luego, cuando entré al medio, a los 16, hablé con él. Era el compañero, el presentador, el gran maestro, el hombre maravilloso que además cantaba y actuaba. Presentadores somos todos, pero él es el único animador del país, el polifacético.

Es la conjugación de todo lo que un presentador y un animador quisieron ser. No solamente es irremplazable; es inclonable. Recuerdo que cuando hacía mis pinitos me llamaron para una lotería, que se presentaba en medio de un noticiero; había muerto la que lo hacía, Mariela Hijuelos. En un break, Pacheco llegó y empezó a molestarme con que no iba a poder hacer nada porque Mariela me iba a jalar las patas (risas); pues así fue: quedé en blanco. Pacheco no sabía qué hacer, me ofreció miles de excusas, me decía que era una broma. Yo qué le podía decir, tenía apenas 16 años. Hernán Castrillón, el director, y Pacheco me dijeron que nadie estaba exento de que le ocurriera algo similar, por eso había que tener un papelito con lo que se iba a decir, y desde ahí nunca dejé el papelito”.

Claudia Bernal, su asistente de dirección

“Era el hombre más generoso”

Claudia Bernal trabajó 17 años al lado de Pacheco. Lo conoció en el Estadio El Campín cuando trabajaba como acomodadora en los palcos. Su amor al fútbol la llevó allá y a conocer a Pacheco: “Era una tomadura de pelo todo el tiempo. Allí conocí no solo a Pacheco sino también a ‘la Chiva’ Cortés y a Daniel Samper, los tres hinchas de Santa Fe. Pasaron los años y entré a trabajar a Coestrellas, en Sabariedades, como asistente, me lo encontré y decía: “¿Quién contrató a esta niña?; es hincha de Millonarios. Lo mismo decía Daniel Samper: ‘¿Qué está haciendo esta vieja aquí?’ (risas). Era un gran maestro, le aprendí mucho. Era muy estricto y puntual; dejaba opinar, no era autoritario.

Recuerdo que en Coestrellas todos éramos aficionados al fútbol, se hizo una polla y el premio eran como 10 millones; Pacheco se la ganó. Armó un paseo a Melgar con todos los empleados, pagó absolutamente todo. Le encantaban los juegos de piscina y nos mantuvo desde las 9 a.m. como hasta las 5 de la tarde. Sobró plata y la mandó a abonar a los empleados... ¡Era un ser maravilloso!”.

Amparo Peláez, periodista

“Fernando era un gran bailarín”

Lo conoció en RTI, se lo presentó Fabiola Morera, en ese entonces secretaria de presidencia de la productora. Para la periodista Amparo Peláez, Fernando González Pacheco fue un gran amigo, una persona clave en uno de los episodios más difíciles de su vida: “Fuimos muy buenos amigos. Me secuestraron a mi hija cuando era muy pequeña; cuando ella llegó del exilio, Fernando me llamaba todos los días y me pedía permiso para sacar a Mónica. Me decía: ‘Pecosa, así me llamaba él, ¿puedo sacar a la niña?’. Y yo llamaba a la casa para que supieran que él iba a ir por ella. Él la cargaba sobre los hombros, la niña se divertía muchísimo y él le ayudó bastante a liberarse de todo eso que deja un secuestro.

Fue muy especial; siempre que me lo encontraba era muy cariñoso, tierno, cálido y siempre fue muy divertido. Salí muchas veces de rumba con él, era un gran bailarín. Cada vez que tenía un programa me llamaba para entrevistarme. Fernando lo trataba a uno en las entrevistas como una reina, decía cosas bonitas; así era en privado y en público.

Pacheco les ponía el alma a las entrevistas, con un alto nivel de generosidad. Era muy sagaz preguntando, pero lo mejor que tenía era que era un gran ser humano, respetaba desde el más encumbrado hasta al de más bajo nivel”.

GLORIA FRANCO