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Editorial: Un revés para Correa

25 de febrero 2014 , 08:12 p.m.

Aun cuando es justo reconocer los avances materiales y educativos que ha logrado Ecuador durante los siete años de gobierno de Rafael Correa, la opinión pública de su país acaba de asestarle tres duros reveses en las elecciones regionales del pasado fin de semana. Su movimiento, Alianza País, resultó derrotado en la lucha por dos de las tres principales ciudades –Quito y Cuenca– y no logró reconquistar la alcaldía de Guayaquil, tierra natal del Presidente y capital económica de la vecina nación.

Quito había sido hasta el domingo simpatizante de Correa. Sin embargo, una dura campaña mostró que el alcalde oficialista, Augusto Barrera, corría el peligro de perder su puesto. Así fue. El candidato de la oposición, Mauricio Rodas, consiguió un 58 por ciento de los votos y Barrera solo alcanzó el 40 por ciento. También en Cuenca, ciudad andina de 720.000 habitantes, perdió Alianza País. El alcalde oficialista, Paúl Granda, no logró más que el 46 por ciento de los sufragios, y su rival, Marcelo Cabrera, cobró la victoria con 51 por ciento. Finalmente, Correa aspiraba a recuperar Guayaquil, plaza de gran importancia gobernada por el opositor Jaime Nebot. Viviana Bonilla, su candidata, obtuvo el 37 por ciento del apoyo ciudadano y Nebot pasó del 60 por ciento.

Más de 11 millones y medio de ecuatorianos, que votan obligatoriamente, eligieron a 221 alcaldes y 1.305 concejales, entre otros cargos locales. En nueve principales ciudades ganó la oposición. En la gran mayoría de los demás municipios Correa obtuvo buenos resultados. El triunfo oficial, sin embargo, quedó opacado por el desenlace adverso en las tres ciudades grandes.

Correa cometió el error de no trabajar alianzas políticas. Sus contrincantes sí, y por eso vencieron. Pero, además, se equivocó al vender las elecciones regionales como un plebiscito sobre su gobierno, con lo que aumentó el costo político de los resultados. Es significativo, en cualquier caso, que ciudadanos perciben y rechazan el creciente talante autoritario del Gobierno. No valió una campaña que advertía de manera demagógica sobre el amenazante desembarco de una conspiración internacional de la “ultraderecha fascista”. Viendo cómo está Venezuela, no le conviene a Correa copiar a Nicolás Maduro.

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