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La izquierda que nos gusta ahora es viable

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25 de febrero 2014 , 06:51 p.m.

Pocos dudan que la economía de Venezuela pronto se paralizará, que se presentará una crisis política con un cambio de su régimen de gobierno y que mucho cambiará en su sistema económico.

Sorpresivamente, de la crisis saldrá un saldo positivo pues del vacío ideológico que deje surgirá una nueva izquierda en Colombia: una izquierda mejor.

Dos hechos históricos hacen posible esa nueva izquierda en Colombia: en primer lugar, la vuelta a la página que le estamos dando al conflicto armado interno; en segundo lugar, el colapso mismo de la izquierda populista chavista.

El modelo de economía chavista -basado en la creciente estatización, en ignorar los incentivos y límites económicos y en la distribución administrativa con fines clientelistas de la renta petrolera- terminó conjugando lo peor de la planificación centralizada con control de precios y del populismo nacionalista latinoamericano.

Las mejoras en materia de reducción de la pobreza, prestación de servicios de salud y ampliación de la oferta educativa se borrarán como por arte de magia en cuestión de semanas y meses: la economía y el bienestar Venezolano quedarán en sus reales, o incluso peor que antes de la crisis. La redistribución por expropiación –el robo, como lo llamó María Corina Machado- será también una ilusión temporal y promete no sólo revertirse sino generar violencia.

La pereza de la izquierda bolivariana, que llevó a expropiar antes que a entender el sistema económico capitalista y comprender las dificultades de cómo regular el enorme poder monopólico de la riqueza concentrada, terminó creando sus propios límites y el camino de la crisis.

Como justo antes del colapso del sistema soviético, basado también en la planificación centralizada, estamos en Colombia asistiendo al espectáculo del desmoronamiento de la alternativa social, económica y política que muchos en la izquierda colombiana –desde los de Progresistas hasta varias facciones del Polo, no todas extintas- vieron erradamente como una alternativa viable.

Como experimento social y económico, el socialismo chavista fracasó de manera evidente, y al igual que el comunismo soviético, lo hizo sin necesidad de conspiración externa.

Aún así, algo surgirá y muy positivo de esta crisis: una nueva izquierda en Colombia. ¿Cómo será esa izquierda?

En primer lugar, reconocerá los precios de mercado como mecanismo eficiente de asignación de recursos y la propiedad privada como incentivo para la acumulación, innovación y gestión empresarial.

Esta nueva izquierda será redistributiva, pero no lo hará utilizando la fuerza estatal, sino el poder de la tributación: impuestos a la herencia y a la propiedad, con igualdad en los impuestos a la renta serán la base de su agenda redistributiva. Así, confrontará los grupos de poder que han usado desde la derecha al Estado para generar toda clase de exenciones impositivas, recargando en las clases medias y bajas la tributación, para permitir niveles de acumulación en industrias monopólicas y extractivas que son un escándalo moral.

La eliminación de los impuestos al trabajo servirá para generar agendas de conveniencia mutua a las masas de desempleados e informales y a los intereses de los empresarios en industrias y servicios de baja intensidad de capital.

Será humanista por solidaridad y no únicamente por interés electoral: así, buscará aliviar la miseria humana de manera focalizada, usando mecanismos para liberar de trampas de pobreza a las familias, mediante apoyo estatal a menores en la primera infancia y familias uniparentales, mediante subsidios condicionados focalizados y gestión social.

Ante la tragedia de la violencia, la insuficiencia de las estrategias represivas de “mano dura” y la evidente corrupción del poder popular miliciano bolivariano, la nueva izquierda deberá devolver la seguridad armada a la Fuerza Pública, buscando una seguridad para proteger y no para defenderse del enemigo interno y de los Estados Unidos. El control democrático de la fuerza pública deberá ser el pilar sobre el cual se logre eventualmente el dominio del poder militar y el control civil del estamento corporativo militar.

El regreso a la hiperinflación en Venezuela, que borra de tajo cualquier ganancia de bienestar que pueda producir la repartija de la renta petrolera, será el mejor incentivo para que se considere una nueva manera, más justa y productiva de invertir –no de gastarse- las regalías del oro, el petróleo y hasta el tungsteno: tal vez invirtiendo en pensiones para los mayores y enfermos en situación de indigencia o en la atención de la primera infancia. No repartir, sino invertir.

Como en la Inglaterra de Blair con su nuevo laborismo de la tercera vía, es probable que los reconvertidos desde el radicalismo marxista –el ícono fue Gordon Brown, su efectivo ministro de hacienda, abracen la independencia de la banca central y el poder de la regulación para minar las rentas monopólicas, proteger al consumidor y sostener un entorno favorable a la creación de empleo y una progresiva pero sostenida mejora en los ingresos de las familias.

Y con libre comercio: la verdadera traición a las clases más conservadoras: desde la antigua izquierda proteccionista a los terratenientes que defendieron sus privilegios coloniales en el campo, es la que trae la liberalización del intercambio comercial. A nadie le duele más el libre comercio que a quienes pierden las rentas de la protección. La verdadera revolución agraria de la izquierda es la que produce la competencia externa, así sea de productos generosamente subsidiados en Europa y Norteamérica.

La izquierda que nos gusta es la que sabe que no hay alternativa probada a la economía de mercado, ni a la democracia para transar aspiraciones políticas entre grupos de ciudadanos; es esa izquierda que se conmueve y actúa por el otro en condición de miseria e incapacidad para decidir, y la que sabe que la creciente desigualdad es la que amenaza sus paradigmas.

La izquierda que nos gusta es la que afronta la monopolización del conocimiento, rechaza los consensos por el prurito de unidad y busca la diversidad de los medios de comunicación en información, opinión y entretenimiento; la que enfrenta la degradación del medio ambiente y rechaza la cooptación de intereses por igual en jueces, académicos, intelectuales y periodistas.

La agenda de esta izquierda es una agenda de derechos, pero primero de bienestar e igualdad.

Jorge A. Restrepo (Director CERAC)