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Preocupación pedagógica en EE.UU.

Debate sobre costos, empleo, orientación y deshumanización.

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25 de febrero 2014 , 06:22 p.m.

El promedio de deuda de un estudiante estadounidense que cursa una carrera de 4 años en una universidad estatal es de US$ 29 mil. Para aquellos que terminaron en una privada, el monto asciende a más de $120 mil, que tendrán que pagar durante toda su vida en cuotas mensuales. Un recién graduado está endeudado, sin siquiera haber conseguido un primer trabajo y hay alta probabilidad que tampoco logre uno que compense la inversión. Hay que anotar que el Gobierno presta dinero a bajos intereses para pagar una carrera pero es la única deuda que no se perdona, aunque la persona se declare en quiebra.

Por eso se está cuestionado el papel de las humanidades porque no existe correlación entre el precio que se paga por una carrera, por ejemplo antropología, y el salario que un egresado pueda ganar en empleos que pueda conseguir. En EE. UU. un electricista, que poco sabrá de Shakespeare, ganará más que un Ph.d en Literatura de Columbia. La relación entre costos y el papel de las humanidades es que no se justifica pagar precios tan elevados por una educación a veces insuficiente, porque los estudiantes de Humanidades salen sin conocimientos prácticos para ejercer cualquier tipo de empleo y, además, tendrán que cancelar una deuda vitalicia.

Una de las premisas fundamentales en la cultura estadounidense es que la educación es la clave del éxito, pero lo que antes era un hecho incuestionable hoy se pone en tela de juicio ya que los costos desmedidos de la educación no son proporcionales a los salarios, ni corresponden a los trabajos para los cuales fueron educados los universitarios. Además de los conocimientos adquiridos, los beneficios de un diploma universitario se miden en términos de las ganancias potenciales.

Sin embargo, la brecha entre el salario medio de una persona con un diploma universitario de más de 25 años y otra con un solo cartón de colegio se ha reducido en un 5%, y para las mujeres en un 7% desde 2006. Por eso en EE. UU. se está replanteando el papel de la educación y en particular en Humanidades. El ataque justificado y los reclamos provienen de los mismos estudiantes, los padres de familia, los gerentes de las grandes compañías, los empleadores y sectores ultraconservadores.

Desde 2012 las matrículas decayeron en 1,5% en general. Una de las razones primordiales es el aumento del precio desproporcional de la educación en comparación con los ingresos promedios de la clase media. El porcentaje por gastos de la educación universitaria acrecentó en 16,5% desde 2006. La formación humanística es fundamental tanto para un periodista como para un arquitecto. Así como sospecho de un profesional de las comunicaciones que no haya leído por lo menos la primera parte de Don Quijote, también me hace cuestionar sobre aquel arquitecto que no tenga idea de quién fue Leonardo.

En el caso de los comunicadores el quehacer se aprende mucho trabajando y no exclusivamente en un aula, pero es imposible saltarse el conocimiento transmitido a través de generaciones y que se organizó desde la fundación de las universidades europeas medievales.

Fue el gran descubrimiento de los clásicos desde la Edad Media el que dio origen a la gran explosión de artes y ciencias en el Renacimiento: el Humanismo. La enseñanza de las ciencias humanísticas está en un proceso de deterioro. Por décadas una minoría académica, obsesionada con una agenda personal y política, más que un sentimiento colectivo y pedagógico, se ha apropiado de planes académicos universitarios.

Debido a la politización de la academia, en EE. UU. se está cuestionando la función de los programas de las Humanidades en las universidades públicas y privadas. Los padres se preguntan: “¿Por qué mi hijo está estudiando una clase de cocina de la época colonial?, ¿Por qué mi hija estudia las voces chicanas en vez de Shakespeare? ¿Están aprendiendo a escribir y a leer bien?

En 2011 la Facultad de Inglés de la Universidad de California cambió uno de los programas más tradicionales de EE.UU. Los alumnos tenían que estudiar una clase de Chaucer, dos de Shakespeare y una de Milton. Nuevos profesores declararon que el autor de Hamlet es blanco, europeo e imperialista.

Por lo tanto, ahora los estudiantes ya no están en la obligación de estudiarlo sino que pueden escoger tres cursos en las siguientes áreas: género, raza, etnia, estudios de discapacidades y sexualidad, imperio, estudios interdisciplinarios, teoría crítica o ficción. La profesora Heather Mac Donald, miembro del Instituto de Manhattan, afirma que “Chaucer, Shakespeare y Milton son la base de la pirámide de la literatura inglesa. El estudio de las Humanidades es una hermosa tarea que les debemos a los artistas y filósofos cuyas ideas nos transformaron. Gracias a su legado tanto ellos como nosotros permanecemos vivos, Petrarca y Poggio así lo entendieron”.

ALISTER RAMÍREZ MÁRQUEZ