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La triste historia del mico cachón que es ladrón

Expertos trabajan en rehabilitación del pequeño primate, enseñado a robar en un taller de mecánica.

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25 de febrero 2014 , 12:32 a.m.

Su comportamiento inquieta. Muy hábilmente utiliza una mano, la izquierda, porque la derecha este mico vivaracho la perdió por culpa de un mal hábito que le enseñaron: robar.

La historia del pequeño primate ladrón, y al que por falta de una mano le dicen el ‘mocho’, es la de un mono maicero o cachón –como se conoce la especie a la que pertenece, por tener el pelo parado a cada lado de la frente– que hoy está en el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre en Bogotá. Ahí llegó hace cuatro años, decomisado.

Desde entonces, los biólogos, veterinarios y cuidadores del centro han intentado regenerarlo. Pero el animal parece no dejar la antigua maña.

Cuando el cuidador Andrés Cabrera se acerca a la jaula para alimentarlo desde el exterior, el primate saca la mano izquierda por el hueco de la malla y la extiende, buscando rápidamente el bolsillo trasero del overol que viste el operario.

Enseguida, el mono escarba y escarba en el fondo del bolsillo velozmente, esperando hallar una cartera o cualquier otro objeto para sacarlo. Cuando lo encuentra, huye.

“Siempre se acerca a un bolsillo trasero. Parece que estaba acostumbrado a ese tipo de acciones”, dice la bióloga del centro Yudy Cárdenas, quien trabaja en la recuperación del animal.

Según el acta de decomiso y algunas versiones de operarios que conocieron el caso, este mono cachudo, de la especie Cebus apella, procedente del Meta, fue traído de corta edad a Bogotá, hace por lo menos ocho años, y lo vendieron al dueño de un taller de mecánica en Bosa, en el suroccidente de la capital.

Durante el tiempo que estuvo en ese taller, al mono le habrían enseñado a ‘chalequear’. “Eso se deduce porque fue bien entrenado para acercarse a las personas y hurgar en los bolsillos de atrás”, dice otro trabajador del centro.

También se cuenta que el mono permanecía en el taller de mecánica junto con una lora y unas mirlas. El maltrato que el dueño posiblemente daba a los animales llevó a los vecinos a quejarse ante la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA).

Quienes recuerdan el día del decomiso, hace casi cuatro años, dicen que les llamó la atención que el mico no tuviera la mano derecha.

“El policía le preguntó al dueño por qué el animal no tenía esa mano y él contestó que de pronto se debía a que le gustaba coger lo ajeno. Que un día se le escapó y, después de varios meses perdido, reapareció en el taller, ya sin la mano derecha, que usaba para tomar las cosas. Le preguntaron si no sería que él mismo lo entrenó para robar, pero lo negó”, relatan.

El propietario del ‘mocho’, para evitar su posible detención y que lo sancionaran, entregó el animal voluntariamente a la Policía y a la SDA. Enseguida, ese 10 de junio del 2010, llevaron el mono al Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre, donde quedó recluido. El equipo de especialistas del centro puso al mono en cuarentena y en una jaula asegurada con candados para evitar su escape e iniciar el proceso de rehabilitación.

Un macho alfa rechazado

Una vez cumplidos los 90 días de la cuarentena, en el centro buscaron integrar al mico con otros de su misma especie. Podía ser un macho alfa, dominante, que guiara un grupo. Fue un intento fallido. Los otros cachones machos alfa lo rechazaron inmediatamente. Hasta lo agredieron.

Después de tres años de ensayos, con diferentes tipos de monos maiceros, finalmente hallaron que él tenía afinidad con los de menor edad.

En una nueva jaula, le armaron un grupo de cuatro juveniles, donde ahora es el macho alfa que dirige, el primero que come, se levanta, acuesta y acepta o rechaza la hembra que puede estar con ellos –hasta ahora no ha aprobado ninguna– y avisa de una amenaza. Sin embargo, su discapacidad se mantiene como una limitante.

“Ha respondido como líder de la manada, pero no se puede liberar en la vida silvestre, porque frente a otro macho alfa estaría en desventaja”, expresa Yudy. Tampoco al mico lo aceptan en un zoológico, porque la falta de una mano impresionaría negativamente a los niños, indica la bióloga.

Cuesta $ 750.000 al mes

El proceso de rehabilitación y, sobre todo, la alimentación del mono maicero entrenado para ser ladrón le cuestan a la Secretaría de Ambiente $ 750.000 al mes. El animal pesa hoy 6.000 gramos, el doble que cuando entró al Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre de la SDA, en el 2010.

LUCEVÍN GÓMEZ E.
Redactora de EL TIEMPO
lucgom@eltiempo.com