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Editorial: Un campanazo de alerta

24 de febrero 2014 , 07:46 p.m.

El ataque, naturalmente repudiado por los distintos sectores políticos y sociales, del que fue objeto la caravana de la candidata presidencial de la UP, Aída Avella, es un campanazo sobre los riesgos que siguen existiendo para hacer política en varias regiones del país.

Cuando la mayor parte de los colombianos se han acostumbrado a pensar que ese cerrado escenario que imperó en el país desde mediados de los 80, y que se prolongó por casi 20 años, ya estaba superado, los violentos se encargan de demostrar que no se puede bajar la guardia.

Avella, que representa como pocos ese drama de las amenazas y el exilio, regresó el año pasado al país a defender sus ideas y su retorno ha contribuido a oxigenar el escenario político. Con ella también han vuelto varios de sus copartidarios, que tuvieron que huir en medio de la brutal campaña de exterminio impulsada por los ‘paras’ y, hay que decirlo, por sectores de extrema derecha enquistados en el Estado. Ellos han confiado en la palabra del Gobierno de que el país ha cambiado y de que se puede hacer política en Colombia sin temer que las ideas sean acalladas por las balas. Y ese tiene que ser el propósito ineludible.

De ahí la extrema gravedad de lo que pasó el domingo en Arauca y la urgencia de que las autoridades correspondientes no solo hagan lo que sea necesario para proteger a Avella, y desde luego a todos los candidatos, sino para esclarecer el origen del ataque. Así lo exigió el presidente Juan Manuel Santos al dar instrucciones para que se proteja a la candidata.

Los hechos por ahora están en la fase de investigación. Aunque el poder de esos viejos demonios que azuzaron el exterminio de la UP sigue vigente en varias regiones, las autoridades manejan varias versiones según las cuales el ataque habría provenido de los grupos guerrilleros que actúan en Arauca, al parecer por motivos ajenos a la actividad política del grupo que se movía por las carreteras de ese departamento.

Pero, en todo caso, venga de donde viniere, sean cuales fueren los motivos, este país no puede tener ni zonas ni ideologías vedadas. La libertad política y de movilización tiene que ser derecho sagrado.

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