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¿Venezuela entró a un punto de no retorno?

Lorent Saleh, líder estudiantil venezolano, habla de la situación en su país.

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23 de febrero 2014 , 11:33 p.m.

Saleh está por estos días exiliado en Colombia y es director de Operación Libertad, habla de las protestas en Venezuela y pide a la comunidad internacional "que no sea indolente" frente a la grave crisis que atraviesan.

¿Quién es usted? ¿Cuál es su historia?

Soy un joven venezolano de 25 años que estudió comercio exterior y que estaba a punto de sacar su título cuando empezó el choque con el régimen chavista, en el 2007. Nuestro despertar fue paralelo con el ascenso del chavismo, que no entendíamos. Vivimos la masacre de los hermanos Faddoul, la masacre de plaza Altamira; muchas veces vimos militares golpeando mujeres, o sacando familias con gases lacrimógenos de sus casas de PDVSA. La historia que nos contaban en la escuela, de corte castrista, no era la misma de las calles.

¿Cuándo surge realmente el movimiento estudiantil venezolano?

Cuando empiezan a cerrar medios de comunicación. El cierre de RCTV fue lo que despertó el movimiento estudiantil. Fue algo espontáneo, que ni siquiera entendíamos, y nos encontramos en la calle miles y miles de chamos. Nos comunicábamos por medio de redes sociales con otras universidades del país. Pero el cierre de RCTV fue el boom.

¿Ya en la calle, tenían pensado hacia dónde iban?

Entre el 2008 y el 2009 iniciamos la campaña ‘Chávez miente’, con todas las mentiras del Gobierno y que promovíamos a la manera estudiantil, con grafitis, con volantes, casa por casa. A nosotros nos enfrentaban con perdigones y bombas lacrimógenas. En el 2008 me arrestaron haciendo esa campaña, me golpeó muy fuerte la policía de Valencia, en el estado de Carabobo, y me metieron en un calabozo con delincuentes comunes. Esa misma madrugada la gente se concentró al frente de los calabozos mientras adentro nos amenazaban con que nos iban a violar y a encadenar con los peores presos. Al otro día casi tumban nuestros compañeros las puertas de los tribunales, y a las 72 horas nos soltaron con libertad condicional, pero me abrieron cargos de organización para delinquir, incertidumbre pública y una cantidad de cargos políticos con los que me prohibieron volver a protestar y participar en manifestaciones.

Pero usted siguió en la batalla...

Imagínese. El Gobierno iba tras una reforma educativa, por el control completo de las universidades. Convocamos una marcha nacional, una semana después de nuestra detención.

¿Y lo volvieron a coger preso?

El Gobierno empezó con su campaña de desprestigio desde los medios del Estado, acusándonos de ser financiados por la CIA, entrenados por ellos, y empezaron las descalificaciones. Que los nalgas blancas, que los hijos de papi y mami, los apátridas, los lacayos del imperio. Por un lado, la agresión mediática; y por el otro, las frecuentes amenazas a la casa de mi mamá, de mi familia. Pasamos como tres días en la clandestinidad y planeamos una reunión en un lugar. Gracias a que el carro que me llevaba se accidentó no llegué, porque el lugar fue allanado y tomados presos los que ahí estaban. Disfrazado de monaguillo, fui a visitar a mis compañeros presos, pero nos descubrieron y si no es por un guardián, no me dejan salir. Regresé a Valencia, donde inicié una huelga de hambre para que liberaran a mis compañeros. También pedía que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos llegara a Venezuela. Esa huelga agarró muchísima fuerza, y logramos que liberaran a nuestros amigos prisioneros.

¿Cuántas huelgas de hambre ha hecho?

En total, he hecho 3 huelgas de hambre de hasta 23 días. Todas están certificadas por la Cruz Roja.

¿Los estudiantes le están ayudando a algún líder político de la oposición?

Le hemos ayudado a Capriles. A Leopoldo también lo vamos a apoyar, pero él no es más importante que los otros 200 compañeros que actualmente son presos políticos. También apoyamos a María Corina. Pero nosotros somos autónomos. La lucha del estudiantado no se la podemos endosar ninguno de ellos.

¿Qué grado de liderazgo ejerce usted sobre las marchas de hoy?

Bastante. Pero esto viene organizándose desde el 2007, y estábamos esperando el 2014 para consolidar el movimiento, por ser un año no electoral. Este es nuestro año.

¿Desde cuándo le tocó irse de Venezuela?

Desde el año pasado, después de la muerte de Chávez. En enero convocamos una protesta y levantamos cinco estados en huelga. Y quise viajar a Costa Rica para acudir a la Corte Interamericana. Pero dos días antes de salir me secuestraron, me torturaron, y me quitaron el pasaporte. Me logré escapar del aeropuerto y pasé como tres meses en la clandestinidad, operando. Por fin el Gobierno me permitió salir del país y me fui para Honduras, donde nos reunimos con dirigentes latinoamericanos que están en la causa. En Guatemala logré que nos acreditaran en la Asamblea de la OEA. Tuve un enfrentamiento con el embajador venezolano, Roy Chaderton, que me acusó de ser agente de la Mossad. Pero logramos hacer un trabajo diplomático muy importante. Llego a Colombia en junio, logro operar y articular con los jóvenes colombianos unas redes de apoyo, y viajo a Costa Rica porque en agosto Venezuela se retira de la Comisión Interamericana. Los últimos dos días hicimos una vigilia y empezamos a anunciar lo que se venía este año. Porque la política del Alba era debilitar el Sistema Interamericano de Justicia. Vienen una profundización de la criminalización de la protesta y una sistemática persecución contra los estudiantes.

¿Cómo liderar unas marchas de oposición desde afuera?

Estoy temporalmente por fuera. Pero permanentemente comunicado, por eso el Gobierno nos hace tan difícil el internet. En la cumbre de la Celac, nosotros anunciamos en un documento –que se lo entregamos a la presidenta Laura Chichilla– que montaríamos una vigilia ante la Corte Interamericana para pedir: uno, que los países de la Celac soliciten el desarme de los colectivos armados en Venezuela; dos, el cese de la persecución y criminalización contra estudiantes; y tres, que se trate de regresar al Sistema Interamericano y se organice una comisión internacional que atienda nuestras denuncias. Nos lo reciben, pero no nos prestan atención. Si los gobiernos latinoamericanos fueran responsables, las masacres se hubieran podido evitar.

¿Si ningún gobierno los apoya desde afuera, cuáles son los planes del movimiento estudiantil?

A partir del 12 de febrero tomamos la decisión de salir a la calle sin retorno. Lo que no previmos es que iban a matar compañeros desde el 12 de febrero. Que les iban a disparar a la cabeza. Por ahora contamos diez, pero hay muchos desaparecidos que no sabemos dónde están. Para mí ha sido muy difícil, porque siempre he sido el que está al frente de las protestas. La gente se acostumbró a verme ensangrentado, encadenado. Me han disparado dos veces a quemarropa, dos días antes habían golpeado a mi mamá en Barinas. Esto se vuelve insostenible, Temporalmente, estoy radicado entre Colombia y Costa Rica, que ha sido una base de operaciones por su condición de cuna de los derechos humanos.

¿Piensa regresar pronto a Venezuela?

En Venezuela tengo una cantidad de órdenes de captura y me quieren muerto. Mis compañeros dicen que hago por ahora más por fuera que quemando llantas en Caracas. Para mí fue muy duro enterarme por internet de la muerte, por parte de la Fiscalía, de Bassil D’Acosta, uno de mis mejores amigos. Estamos marchando por el derecho a la vida. Porque si no nos mata el Gobierno en una protesta, nos mata la inseguridad.

¿Qué sigue con el movimiento estudiantil?

¿Por qué tanta agresividad del Gobierno? Porque no tienen gente. Hay tanquetas, hay compañeros violados con fusiles, no sabemos cuántos han muerto o desaparecido, nos cortan el internet, la electricidad. Pero Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea; Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y el ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez, así como el Gobernador de Carabobo, son responsables y tendrán que afrontar la justicia internacional, porque en Venezuela no hay justicia.

¿Cree que en Venezuela se prendió la chispa, o esto todavía tiene retorno?

No. Esto es un punto de quiebre sin retorno. No se trata de un diálogo con el Gobierno. Siete años pedimos ese diálogo. Nunca nos lo concedieron. Queremos que enfrenten la justicia y paguen por criminales. El Gobernador de Carabobo anuncia en Twitter: ‘Vamos a responderles a esos estudiantes fascistas para que respeten’. ¿Y qué hicieron? Mataron de un tiro a la cabeza a Génesis Carmona. Les prohíben a las clínicas que atiendan a nuestros compañeros heridos. Esto no tiene marcha atrás porque, igual, nos van a matar.

¿Qué le pide el estudiantado venezolano a la comunidad internacional?

Que no sea indolente. Así como lloraron y se manifestaron por la muerte de Chávez, ¿por qué no hacen lo mismo de manera responsable por el asesinato y la masacre de jóvenes y estudiantes? Por más que el Gobierno haga esfuerzos con toda su maquinara de comunicación para matricularnos de fascistas, la verdad es que estamos enfrentando tanquetas con banderas, fusiles con cacerolas. No tenemos armas. Nunca hemos tenido.

¿Qué llamado nos hacen a los colombianos?

Que los intereses de una élite empresarial colombiana no pueden estar por encima de los derechos humanos del pueblo de Venezuela. Y ese es un mensaje para el presidente Santos. No podemos avalar que el gobierno venezolano proteja, financie a los asesinos de campesinos en Colombia, ni el gobierno de Colombia puede seguir de la mano de un gobierno criminal que asesina estudiantes. Al presidente Santos le pedimos que sea responsable como hombre, como hijo, coño, ¡como padre! ¿Por qué carajos se pudo pronunciar por la muerte de Chávez y no por la de estos chamos, todos muertos por un tiro en la cabeza y menores de 25 años? ¿Cómo es posible que los chamos no tengamos medicamentos? ¿Cómo es posible que el gobierno de Colombia no esté brindándoles apoyo y protección a los chamos que están persiguiendo? ¿Qué está pasando? El pueblo colombiano ha sido muy solidario. Los chamos de Colombia van para arriba y para abajo, ayudándonos. Pero estamos muy solos. Dígame: ¿ante quién nos quejamos? ¿Ante la comunista Fiscal, que manda matar estudiantes? Ante quién, dígame ante quién. ¿Cómo es posible que el gobierno de Colombia, que está al lado, pana, estrechamente relacionado, ni siquiera haya sido capaz de preguntarnos a cuántos chamos heridos pueden sacar? ¿No lo hacen por cuidar intereses económicos? ¡Si Venezuela está quebrada! ¿A quién recurrimos? Ya ni siquiera estamos en el Sistema Interamericano de Justicia. Estamos tremendamente solos.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO