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Editorial: La caída del 'Chapo'

23 de febrero 2014 , 08:26 p.m.

Parecía un turista cualquiera que disfrutaba el fin de semana en las playas de Mazatlán, en la costa pacífica de México. Pero el sábado, cuando cayó en poder de las autoridades, se supo que el discreto veraneante era Joaquín Guzmán, alias el ‘Chapo’ (de ‘chaparro’, bajito), el narcotraficante más buscado del mundo. Unos días antes había ocupado en Culiacán, capital de Sinaloa, una de sus siete mansiones reforzadas con hierro y, al percatarse de que le seguían los pasos la Policía mexicana y la DEA (agencia antidroga de Estados Unidos), había huido a través de túneles secretos con rumbo desconocido.

Sus perseguidores, sin embargo, obtuvieron en el allanamiento de la casa, además de un nutrido arsenal, suficientes pistas, lo que les permitió capturarlo sin disparar un solo tiro. Caía así el sucesor de Osama Bin Laden en la lista internacional de busca y captura, un criminal cuya organización mafiosa percibe cerca de 3.000 millones de dólares al año, según la Corporación Rand. Es tan temido como Pablo Escobar, pero su mito y sus ingresos superan a los del capo colombiano. Según The New York Times, en el 2012 Guzmán vendía más drogas que Escobar en el momento más próspero de su carrera. Compraba un kilo de cocaína en Colombia o Perú y lo distribuía al detal en las calles de Estados Unidos por más de 100.000 dólares.

El ‘Chapo’ es jefe del tristemente célebre cartel de Sinaloa, la empresa de narcotráfico más poderosa del mundo, con tentáculos en EE. UU., Europa y Asia. En Colombia se registra presencia del cartel en por lo menos 5 zonas, donde tiene alianzas con las Farc y ‘los Rastrojos’. Sus víctimas (representadas en masacres, asesinatos, secuestros, heridos) se cuentan por decenas de miles y sus sobornos abarcan a miles de funcionarios. No es extraño que el precio del gobierno norteamericano por su cabeza fuese de 5 millones de dólares.

Nacido en medio de la pobreza hace 56 años, el ‘Chapo’ había caído preso en 1993 y permaneció en la cárcel hasta el 2001, cuando se escapó escondido en un contenedor de ropa. Allí empezó su leyenda, que dio lugar a corridos, fantasías, falsos rumores y pifias de la Policía, como la captura, en junio del 2012, de un supuesto hijo suyo que no lo era. Algunos hechos reales de su vida parecen de ficción, como el de que su mujer –una antigua reina de belleza méxico-americana– hubiera dado a luz mellizos en Estados Unidos sin el menor problema con las autoridades.

El golpe es un éxito del presidente Enrique Peña Nieto, quien en un año ha capturado a 3 capos pesados. Antes que a Guzmán, les echó el guante a Miguel Ángel Treviño, cabeza del grupo criminal de los Zetas, y a Mario Ramírez, jefe del cartel del Golfo. Sin embargo, la detención de Guzmán tiene más un impacto simbólico que real, pues los negocios del ‘Sinaloa’ los manejan ya sus lugartenientes y, de todos modos, se teme que, aún preso, siga orientando las actividades del cartel. Así ocurrió durante su anterior período de reclusión. Otro temor es que pueda fugarse de nuevo, amparado en el poder de su dinero y sus armas. Las autoridades esperan, además, un coletazo violento dentro del hampa en la lucha por los posibles vacíos que deje la ausencia del ‘Chapo’. México ha padecido una época de alta criminalidad y más de 60.000 muertos desde que el Gobierno planteó, hace algo más de un lustro, la guerra contra el narcotráfico.

De todos modos, reconforta ver que hasta los peores delincuentes caen y que hay más actividad contra la droga en México de lo que algunos imaginaban.

EDITORIAL
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