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Las salidas no son claras y puede empeorar la violencia en Venezuela

Las protestas ya han dejado diez muertos, decenas de heridos y casi 400 detenidos.

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23 de febrero 2014 , 12:07 a.m.

Cuando Leopoldo López y María Corina Machado resolvieron desafiar la línea trazada por Henrique Capriles y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con su llamado a “calentar la calle” para sacar a Nicolás Maduro del palacio de Miraflores, bautizaron su propuesta como ‘la salida’.

Sin embargo, ‘la salida’ ha significado –hasta el momento– la entrada a una nueva y violenta etapa de la confrontación que desde hace 15 años mantienen las fuerzas del chavismo y de la oposición en Venezuela.

Las protestas que han sacudido al país desde el 12 de febrero ya han dejado ocho muertos, decenas de heridos, casi 400 detenidos y un amplio expediente de denuncias de violaciones a los derechos humanos. Mientras que López, fundador de Voluntad Popular, está preso en la cárcel militar de Ramo Verde, Machado, diputada independiente a la Asamblea Nacional, se enfrenta a la pérdida de su inmunidad.

El presidente Maduro ha señalado que la “derecha fascista” encabeza un golpe de Estado, cosa que ha negado Capriles, gobernador del estado Miranda y excandidato presidencial de la MUD, quien no es amigo de la protesta callejera como apuesta principal y advierte: “Hay sectores del Gobierno que les interesa el ‘Maduro vete ya’ porque eso significa ‘Diosdado (Cabello, jefe de la Asamblea Nacional) vente ya’ ”.

¿Hacia dónde va Venezuela?

La politóloga Susana Di Trolio plantea tres escenarios. “El primero es que el régimen logre a través de la represión un estallido social en cámara lenta y, por ende, el paulatino enfriamiento de la oposición”.

Esta profesora de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) plantea como segunda hipótesis “una reconfiguración interna dentro del chavismo que busque una salida militar”. En una palabra: “Un autogolpe”. La académica señala que “el componente militar está sometido a las mismas presiones que el resto de los venezolanos”, lo que empujaría a “un cambio dentro de las élites del chavismo” y la sustitución de Maduro por otro líder bolivariano.

La tercera opción para esta investigadora sería la “transición democrática”. “Sin embargo –anota–, creo que estamos un poco lejos de eso, todavía es necesario que las bases populares sientan la gravedad de la crisis económica y política, y la asocien con el régimen”.

El profesor Óscar Vallés, jefe del departamento de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana (Unimet), también maneja un trío de escenarios. No obstante, antes de avanzar en su explicación, destaca la necesidad de referirse a la división de la oposición en tres núcleos: 1) El movimiento estudiantil, “con una organización bastante autónoma”; 2) los partidos políticos y su liderazgo, que se esfuerzan por mantener la unidad pese al enfrentamiento entre Capriles Radonski y López; y 3) un “sector anárquico” que apoya las protestas estudiantiles y se aleja del liderazgo tradicional, por más que trate de ser capitalizado por López y Machado.

Partiendo de esta premisa, Vallés indica como primera alternativa que esos núcleos se agrupen, marginen a los radicales y “superen la vieja dialéctica chavismo-oposición por una más dinámica y real de Estado-sociedad civil”. Alcanzado este objetivo, “la sociedad civil ejecutaría una política inteligente de resistencia pacífica y cívica, sin pretensiones de tumbar al Gobierno”. Empero, el analista no apuesta por la viabilidad de esta idea, pues cree que “frente a una cohesión de esa magnitud, el Estado chavista se jugaría el todo por el todo”.

La segunda carta llevaría al Estado chavista a jugar al “desgaste de los radicales”, buscando establecer puentes con el sector político tradicional, que también comparte responsabilidades de gobierno y espacios en los cuerpos deliberantes, mientras desplaza a los estudiantes. “Este es el escenario más probable, que favorece al Estado y a los partidos de la oposición, permitiendo una suerte de apaciguamiento” por la vía del diálogo.

La última conjetura de Vallés implica el fracaso de Capriles Radonski y la MUD, lo que desbocaría a los extremistas de ambos bandos y aumentaría la represión. “Ese sería el escenario más explosivo, pues terminaría por brindar a los radicales de la oposición y el chavismo el predominio de la vida pública venezolana”.

PEDRO PABLO PEÑALOZA
Para EL TIEMPO
Caracas.