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Mario Testino: el fotógrafo del glamur y las celebridades

Oficial de la corona británica y consagrado por las revistas 'Vogue', 'Vanity Fair' y 'GQ'.

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22 de febrero 2014 , 10:41 p.m.

Una mañana húmeda y gris en Barranco, antiguo lugar de veraneo de los limeños ricos devenido en un barrio bohemio, de artistas, coleccionistas y galeristas de alto vuelo. En una casa solariega acondicionada según los últimos estándares museológicos está MATE, el espacio creado por Mario Testino (1954) para celebrar a su ciudad natal. Es una manera de volver a casa y de exhibir su colección personal –con obras de grandes como Cindy Sherman, Vik Muniz, Ernesto Neto o Julian Schnabel–, junto con las fotos que lo han hecho famoso: Madonna con cara de ángel; Jennifer López guiando una jauría de perros; Kate Moss en el baño, y Gisele Bündchen mostrando metros de pierna al bajar de una limusina.

Si no fuera el fotógrafo de moda que hizo del glamur su marca registrada, podría decirse de Testino que es un charmeur; un conversador de múltiples encantos. Con un gesto apenas teatral, vestido de azul marino y con alpargatas negras de lona, cruza la puerta de hierro y un halo inconfundible de Terre, el aroma fetiche de Hermès, invade la sala.

Se fue de Lima hace 38 años porque algo en él no sintonizaba con una sociedad demasiado articulada y formal. Y hoy es uno de los grandes fotógrafos de moda del mundo. De hecho, hace pocas semanas fue condecorado por la reina Isabel II como Oficial del Imperio Británico, galardón que premia su aporte a la fotografía contemporánea y las maravillosas imágenes que le ha hecho a la familia real.

En su carrera al éxito, ‘SuperMario’, como le dicen en las redacciones de la revista Vogue, ha contado con varias socias: Diana de Gales y Madonna, y las espadas mayores de las ediciones americana, francesa e inglesa de esa publicación: Anna Wintour, Carine Roitfeld y Lucinda Chambers. Y su musa eterna es Kate Moss, una fuente de inspiración permanente capaz de cambiar como un camaleón en cada toma.

En marzo, usted inaugura exposición en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. ¿‘In Your Face’, como se titula, marca el ingreso de Testino en los museos?

No, debuté con Portraits en la National Gallery, de Londres, en el 2002. Fue una exposición superexitosa, con tickets extras y horarios extendidos; tuvo el récord de 170.000 visitantes. Pero en ‘In Your Face’ es donde he tenido más libertad de expresión. Fue una propuesta a pedido del Fine Arts Museum de Boston y se convirtió en una alianza con un nuevo público: el estadounidense. Siempre comparo esa selección de fotografías con un huaico, como se llama en mi país al torrente de agua que baja de la montaña y arrastra todo lo que está a su paso rumbo al mar. ‘In Your Face’ es un huaico donde se mezclan retratos icónicos con tomas provocativas y controvertidas, mis pasiones y tensiones en 122 fotos.

¿Es el curador de sus muestras?

Hasta ahora lo he hecho, pero no lo haré más. Me interesa ver cómo me ven los otros. Vengo de exponer en Shanghái y tengo muchísimos pedidos de Oriente para montar exposiciones. Es curioso, y debo admitirlo, me ha tocado vivir un momento en el que la moda entró en los museos por la puerta grande. Antes había un recelo, porque tiene su lado comercial, y si yo hago tal o cual foto es para vender, y se supone que el museo estaba para otras solemnidades, pero en los últimos años la fotografía de moda se convirtió en un fenómeno popular que pasa la barrera de lo comercial.

Fue clave la presencia de la legendaria editora de ‘Vogue’ Diana Vreeland, que llevó la moda al Met neoyorquino; pero también es otro el lugar de la fotografía en la escena de las artes visuales...

Creo que lo nuevo es la manera en que se cruzan los caminos expresivos. Comencé a comprar arte hace 20 años y al poco tiempo me di cuenta de que compraba la pintura de un artista basado en mi foto, o un dibujo inspirado en una imagen capturada por mí. Ha habido un matrimonio entre las artes y se han borrado los límites. Convivir con arte contemporáneo cambió mi punto de mira, pero también mirar la luz en las telas de Caravaggio.

En el terreno de la moda usted logró salir del cliché de la foto establecida al crear una manera nueva, un estilo imperfecto, accidental, contradictorio.

Traté de identificar quién era Mario Testino y de hacerlo como un latino. Antes quería hacerlo como un inglés, no quería ser latino porque me sentía inseguro, pero el día en que encontré la libertad dentro de mí me dije: ‘We are amazing. Why not?’.

¿Cuándo sucedió?

A partir de mi encuentro con Carine Roitfeld, editora de la Vogue francesa, a fines de los 80. Trabajé diez años casi en exclusiva con ella y fuimos apasionadamente cómplices. Entonces yo hacía desnudos para practicar y desarrollar mi luz; eran desnudos masculinos, no tenía trabajo ni plata, no me preocupaban ni el peinado ni el maquillaje, porque tampoco podía pagarlos; mis sets eran muy naturales.

¿Y qué pasó con Roitfeld?

A ella le encantaron esos desnudos y me preguntó por qué no fotografiaba así la moda para Vogue. Al no tener que decorar a las modelos cambió la óptica. Las modelos no tienen que verse ni raras ni estáticas, porque la foto pierde fuerza; me parece que hay un deseo de embellecerse, ¿pero volverlas raras con toda una parafernalia de producción? Me gusta mostrar a las chicas saliendo de una fiesta con el vestido que se les está cayendo. Ese toque transgresor y real tiene mucho que ver con mi costado latino, con mis años en Brasil. En Río pasé muchos veranos, entre los 15 y los 20 años.

Los cariocas tienen una singular relación con el cuerpo, una alegría de exhibirse.

Sí, Perú me dio una libertad mental, pero no física. En lo técnico, la gran influencia ha sido el fotoperiodismo. El fotógrafo es como el cowboy, que dispara o muere; las imágenes mágicas existen en un segundo, un segundo después ya no están. Quiero la instantánea y no pensar la foto como en un lienzo y un pincel.

Anna Wintour ha dicho: ‘Nadie puede verse más radiante, ‘sexy’, subversivo y luminoso que en una foto de Mario Testino’.

Debo confesar que mi trabajo no está basado en un talento. Son cien cosas. La foto Mario Testino viene de la mezcla de esos elementos: una relación íntima y cercana con las personas que posan; la complicidad con el equipo que empuja y el talento para la negociación con quien me da el trabajo, para que me deje hacer lo que quiero. Muchos fotógrafos tratan de hacer la foto de otros, yo no. Me siento un políglota estético.

Supongo que Lady Di marcó un momento mágico en su vida...

Sí que lo fue. Pienso dedicarle acá en MATE una sala permanente.

Diana ha sido el ícono de los 80, pero a partir de sus fotos se volvió real. Usted hizo de la princesa una mujer... ¿sexi?

Son momentos, es verdad. Ella estaba en un momento diferente de su vida y yo estaba buscando algo en ella que no había visto hasta entonces. Mi frase favorita es ‘yo no quiero ser nada para ser todo’, y con esto quiero decir no tener preconceptos, prejuicios y rótulos que no sirven para nada. Me gustan los hombres y las mujeres; el rojo y el verde; el fútbol y el tenis; el cebiche y el cuscús, me gusta pensar que me puede gustar todo. Eso es libertad, y es el caso de Diana.

¿Y usted se dio cuenta?

Acababa de perder el título de su real alteza, quería una vida nueva y estaba vendiendo sus vestidos de princesa. La portada era un diseño de Versace creado para esa sesión de fotos, ahí estaba la nueva Diana, no tenía nada que ver con la imagen de la mujer más fotografiada del mundo. Además, yo no soy inglés, no he crecido con el culto de la realeza, era más fácil conectar con el ser humano.

En las fotos de Diana hay muchos vestidos ‘strapless’, con los hombros al aire, como en una actitud de entrega, una audacia inédita en la imagen de la princesa que conocíamos.

Yo mandé hacer un sofá para ella y para la sesión de fotos, no quería ni los interiores ni la actitud déjà-vu; quería que las fotos reflejaran mi momento favorito de la noche, cuando termina la fiesta, cuando vuelves a tu casa, estás todavía con el vestido puesto pero sin zapatos, y te ríes con tu amigo, tu pareja, tu hermana, en un plano total de intimidad y naturalidad. No me interesaba la Diana en su corona, quería traerla a mi mundo; esa misma emoción siente quien ve la foto, y se vuelve íntimo con ella. Es lo que trato de hacer con todas mis fotos.

Umberto Eco decía que los famosos son hoy nuestros vecinos, sabemos más de los dramas personales de Angelina Jolie que de la señora que vive al lado. ¿Cómo se logra hacer de una persona X una celebridad?

En la moda hay dos lados: un lado falso –o, si quieres, una ficción–, representado por la modelo, y la historia alrededor de ella. En ese caso, la persona desaparece y se transforma en la modelo de la foto. El otro punto de vista es concentrarte en la persona, y la muestras como es. Así vengo fotografiando a Kate Moss desde hace 20 años, y sus mejores fotos son las tomadas por sorpresa, a lo paparazi. Ella me dice: ‘Las mejores fotos son las de tu camarita’. Los retratos de mis modelos tienen nombre y apellido, forman parte de la cultura popular.

¿Descubrió a Kate Moss?

No, la conozco desde muy chiquita, desde los 14. En su primer desfile ella estaba llorando en un rincón y le pregunté ‘¿qué te pasa?’. Me dijo: ‘Es que me dieron un solo vestido porque soy chiquita’. Y la corregí. ‘Mira, cuando yo era chico en Perú había perfume y colonia. El perfume venía en frasco pequeño, pero duraba horas; la colonia era grande, pero era para un instante. Tú eres perfume’. Ha pasado el tiempo y Kate sigue siendo Kate, y todas esas grandotas de los cinco vestidos no están más.

No es poca ayuda tener de consejero a Mario Testino.

Tal vez la ayudé a ser ella misma. La habían puesto en el casillero de chica grunge, marginal, y la vi en una fiesta superglamurosa... ¿Por qué no te hacen así? Estoy más obsesionado por ella que por la modelo. Hay que fotografiarla como es: en el baño y sin maquillaje. Si no, sería como tener a Marilyn Monroe y querer hacer a Greta Garbo. La modelo es un lienzo en blanco y vas a poner tu marca en ella.

¿Cómo conquista un peruano una plaza tan competitiva como Londres?

La clave de mi trabajo ha sido mi acceso, he tenido acceso a todo.

¿Y cómo?

Bueno, Madonna vio mis fotos y quiso que la fotografiara para Alta Moda de Versace, y después Diana; fue decisiva la campaña que hicimos para Gucci con Carine Roitfeld y Tom Ford. Era algo realmente nuevo, transgresor, atractivo, híbrido. En ese momento no se hacían grupos, yo comencé a traer chicos a las fotos, a crear situaciones, a inventar una narrativa fashion. Estaba cambiando el lenguaje y lo supe antes que otros.

¿Jennifer Lopez con los perros?

Exacto. No le ves la cara a Jennifer, pero tú sabes quién es esa chica, que no le importa nada, no mira la cámara, avanza por la vida con la seguridad con que tira de las correas de esos perros. La vida con su entorno, crear la composición; cuando la foto es un retrato, le pertenece al retratado; cuando la foto es una situación que has creado –una composición, como en un cuadro–, la foto es tuya.

ALICIA DE ARTEAGA
La Nación (Argentina)
Lima