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La explosión de las 'ollas'

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22 de febrero 2014 , 07:56 p.m.

Y se deteriora la calidad de vida de los bogotanos. Duele ver que la capital del país perdió cinco puestos en el ranking mundial de calidad de vida que acaba de publicar Mercer, la consultora líder mundial en recursos humanos. En el 2012, la ciudad de los 7 millones de habitantes ocupaba el puesto 130 entre 460 ciudades, y ahora cayó al 135.

Mientras los guarismos económicos y sociales revelan que el país va por buen camino (baja inflación, buen crecimiento económico, creciente inversión extranjera, recuperación de los precios del café...), parece que la incertidumbre se apoderó de los bogotanos en medio de la tormenta política por el futuro del Alcalde de la ciudad.

Si bien la medición evalúa criterios como estabilidad política, criminalidad, servicios bancarios, libertades individuales, servicios de salud, de educación, entretenimientos, vivienda y medioambiente, queremos hoy llamar la atención sobre un fenómeno que, de seguro, contribuye a hacer de Bogotá un sitio menos agradable para vivir: el problema de los habitantes de la calle y el combate de las ‘ollas’.

Si bien es cierto que es plausible haber intervenido la temida calle del ‘Bronx’, santuario del crimen y del microtráfico y hogar de más de 2.000 indigentes, los resultados posteriores señalan que la estrategia está coja y que le falta integralidad al plan para erradicar el problema.

En concreto, la acción para recuperar el ‘Bronx’, que no es más que la heredera de la otrora temida calle del ‘Cartucho’, se quedó en lo policial y llevó a que el fenómeno no se eliminara, sino se dispersara por toda la ciudad.

La plaza España, el parque de Los Mártires y sus alrededores y los caños de las principales avenidas, como la Boyacá y la 68, se inundaron de desplazados del ‘Bronx’, llegando con ellos inseguridad, problemas de insalubridad y deterioro de los negocios y hasta amenaza para la integridad de los niños, de trabajadores y pacientes de hospitales vecinos.

En toda la ciudad se disgregan más de 9.600 habitantes de la calle que, con sus harapos y sus técnicas de intimidación para conseguir una moneda, incrementan la sensación de inseguridad de una ciudad que lucha por llevar el índice de homicidios a un dígito y que hace rato abandonó los primeros puestos de criminalidad y violencia.

En ciudades como Cali, los habitantes del temido Calvario, algo así como el ‘Bronx’ de la capital vallecaucana, está ocurriendo algo parecido. Después de la intervención policial para acabar con esta cuna del crimen, sus habitantes se regaron por el centro de la ciudad, con las mismas consecuencias de lo que está sucediendo en Bogotá.

En concreto, la erradicación de las ‘ollas’ no se puede quedar en correr el problema, sino en enfrentarlo a fondo, y eso implica una verdadera política para recuperar a estas personas de las garras de la calle, del abandono, de la droga y de la marginalidad.

Son enfermos sociales de una sociedad que no reacciona y que echa mano de la indiferencia para convivir con el flagelo, a sabiendas de que la presencia de estos seres humanos caídos en desgracia contribuye a reforzar, entre lugareños y especialmente entre turistas y visitantes, la sensación de una ciudad marginal, insegura y fea.

Bogotá, la ciudad de todos, la metrópoli con un potencial inmenso de crecimiento, no puede seguir permitiendo que sus calles sean el hogar de los desplazadas de las ‘ollas’. Bienvenida la intervención de las ‘ollas’, pero con un plan que permita resocializar a los habitantes de la calle.

General Óscar Naranjo