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El próximo gobierno

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22 de febrero 2014 , 07:55 p.m.

Por décadas la política pública en Colombia estuvo supeditada a las urgencias del orden público. Y el manejo económico estuvo dominado por consideraciones de corto plazo. Si bien es necesario continuar consolidando los éxitos en materia de seguridad, con acuerdos de paz o sin ellos, y mejorando el manejo macroeconómico y financiero, el próximo gobierno tiene la oportunidad, y el deber, de volver la mirada hacia los problemas de largo plazo del desarrollo económico y social del país.

Tenemos tres retos principales para llegar a ser un país desarrollado y equitativo. Primero, lograr una economía más competitiva, basada más en el conocimiento que en los recursos naturales. Segundo, ofrecer igualdad de oportunidades a todos, para dejar de ser una sociedad excluyente, injusta y conflictiva. Tercero, modernizar nuestras instituciones para hacer posibles y sustentables las soluciones de los dos primeros problemas.

Para lograr estos objetivos necesitamos un salto cualitativo en nuestro sistema educativo. Hay mucho que mejorar en nuestro sistema universitario y de formación técnica, pero el problema más crítico radica en que los niños no aprenden a aprender en nuestras escuelas. Así lo demuestran los resultados de las recientes pruebas Pisa.

Hay dos condiciones sine qua non para que los niños aprendan a aprender: que tengan maestros bien preparados y motivados y que lleguen a la escuela habiendo desarrollado sus capacidades cognitivas y emocionales, ya que estas se consolidan en los primeros cinco años de vida. Un estudio auspiciado por la Fundación Compartir, que se presentó en sociedad la semana pasada, muestra cómo se podría mejorar sustancialmente la calidad de la docencia en diez años. Santos se comprometió a ponerlo en práctica, si es reelegido. Ojalá los demás candidatos, los partidos, los gremios y Fecode también se comprometan con este propósito. Y resulta necesario triplicar la cobertura de nuestros programas de atención a la primera infancia y mejorar mucho su calidad, como lo demuestran los estudios de Raquel Bernal.

Si hacemos estas dos cosas, podremos construir una economía competitiva y una sociedad donde todos los niños tengan oportunidades similares para desarrollar sus talentos. El complemento necesario es el de crear un ambiente innovador en las empresas y el Estado, de modo que se aproveche plenamente nuestro capital humano mejorado. El actual gobierno ofreció, en su Plan de Desarrollo, una política de estímulo a la innovación, pero no hizo casi nada al respecto. Creó un embrión en Innpulsa, pero no le dio recursos suficientes. Prometió fortalecer a Colciencias y tampoco cumplió esta promesa. Se limitó a repartir milimétricamente un diez por ciento de las regalías entre alcaldes y gobernadores para que innoven, y la mayor parte de estos recursos no cumplen su propósito.

Hay un largo camino para que nuestras ciudades tengan una economía más competitiva e innovadora y una sociedad más equitativa. Pero en el sector rural estamos en el primer día de la Creación. Hay poca investigación y desarrollo y servicios de extensión tecnológica, las carreteras terciarias son penosas, cuando existen; hay pocos distritos de riego y drenaje, la educación rural es lamentable. No hay política de desarrollo rural y la agropecuaria se ha limitado a darles protección y subsidios a los que más gritan, que normalmente son los más poderosos. Por eso nuestra agricultura se ha quedado años atrás de la de países como Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Perú.

Enfrentar estos problemas exige decisión y liderazgo. Y también recursos. Y sin duda hay otras necesidades. Pero apuesto a que los colombianos aceptaríamos un punto más de IVA si con ello se logra que todos los niños de Colombia tengan oportunidades para desarrollar sus talentos y comenzamos a superar el atraso atávico de nuestro sector rural.

Guillermo Perry