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Editorial: Ojo con lo que pasa en Bosa

21 de febrero 2014 , 08:11 p.m.

La localidad número 7 de Bogotá, Bosa, es una de las más populosas de la capital. Está ubicada en el borde sur de la ciudad, en límites con Ciudad Bolívar –otra zona con problemas sociales complejos– y con el municipio de Soacha. No es cualquier poblado. De hecho, fue el segundo asentamiento en importancia de los chibchas, después de Bacatá.

En tiempos más recientes, Bosa fue un municipio con no más de 20.000 habitantes dedicados a la agricultura. Y desde mediados del siglo pasado (1954) fue anexado a Bogotá como una localidad más. Actualmente cuenta con unos 300 barrios, muchos de ellos aún sin legalizar, y 600.000 habitantes, que pertenecen, en su mayoría, a estratos 1, 2 y 3.

Hacemos este recuento para advertir que Bosa es una localidad importante. En ella converge gente de bien, trabajadora, que convive no solo con los problemas propios de la ciudad –pobreza, falta de vías, de transporte–, sino que desde hace años afronta también dificultades ajenas, como la excesiva población desplazada que se ha asentado allí.

Y por eso preocupan los hechos de inseguridad que la vienen agobiando, como el asesinato de dos policías en menos de un mes, entre ellos el del patrullero Édison Ariel Acosta, de 28 años, padre de dos hijos, hombre ejemplar, dedicado a su hogar y a su institución. De impecable hoja de vida, quienes conocieron su trabajo dan fe de su férrea vocación de servicio, así como de su calidad humana. Murió en un intento de robo cerca de su casa, allí, en Bosa.

El incremento de homicidios, violencia intrafamiliar, abuso sexual, pandillismo y, más recientemente, el dramático relato de jóvenes que han sido abordados por extraños que los amenazan y pretenden reclutarlos deben llamar la atención de las autoridades. Este último episodio recuerda tristes capítulos del pasado en que grupos de muchachos aparecían en listas negras de los mal llamados grupos de limpieza social o fueron víctimas de ‘falsos positivos’.

La Alcaldía Mayor ya debería haber convocado un consejo de seguridad en Bosa. Es lo mínimo que se espera de un gobierno que sigue en deuda con la seguridad ciudadana. Insistimos: ojo con Bosa, porque allí están pasando cosas muy graves.

editorial@eltiempo.com.co