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La corrupción 'general'

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21 de febrero 2014 , 07:47 p.m.

Algunos altos mandos militares están con los tres soles a la espalda. Hace 15 días estalló el escándalo Andrómeda, que al final, sospecho, fue magnificado, y Santos apresurado, pues era una fachada legal de la inteligencia militar, en un restaurante que descubrieron de arepa, pues dieron jugo de papaya.

Ahora resulta que entre los ‘chuzados’ también estaban los mismos de la cúpula, a quienes les sacaron conversaciones viejas, “irrespetuosas y desobligantes”, según el presidente Santos, con un coronel Róbinson González del Río revuelto, quien se halla preso acusado de homicidio en persona protegida. ¿De modo que también se servían contratos en bandeja de plata?

Duele en el fondo del ‘arma’, a quienes vemos en los militares la columna inmóvil de la democracia, lo que está pasando en el Ejército y la Policía. Es grave que se los acuse de posible corrupción en la contratación. Es decir que una voz les dice: “Atención... fir... me aquí”.

Lo del general Barrero es penoso. Los indicios de corrupción arriba parecen serios. Pero cuidado, porque a los militares les dan en la cúpula sin ser vencidos en juicio, y uno es inocente hasta que se le pruebe lo contrario. Eso sí, es lógico pedir que se investigue a fondo, que se den cifras, números y fechas de contratos. Si resulta que algunos se dejaron herir en la honra, que paguen severamente, arrr.

Lo que ha pasado duele, porque a las Fuerzas Militares les debemos gratitud y admiración. Pero no son robots y algunos pueden llegar a ‘robat’, pues son miembros de esta sociedad, donde la corrupción es ‘general’ y en todos los ámbitos. La cultura del vivo hace carrera. Ya casi terminamos como dice el tango: que el que no roba es un gil. O un güeón, como diría el general Barrero.

De manera que algunos militares han podio no estar firmes, pero no es el Ejército, ni es la Policía como instituciones, ni son tantos sencillos soldados que se juegan la vida en la selva. Es peligroso desprestigiarlos, y eso tal vez buscan los enemigos internos, como dice Santos, que ayer en emotivo discurso defendió y animó a las Fuerzas Militares.

Es doloroso, pero los escándalos no son nuevos. En el gobierno pasado hubo los horrendos ‘falsos positivos’, pero, de nuevo, no fueron los 400.000 hombres vestidos con traje de fatiga, donde todos los días suena la corneta del último adiós por defendernos; hay centenares que quedan lisiados y mutilados. Y por ellos, sería más condenable y triste que los de arriba estuviesen haciendo diana en los contratos.

Los militares viven un mundo duro, difícil, azaroso, lleno de trampas. Recordemos que en el 2003, en el alto Caguán, a unos soldados y a unos oficiales les estallaron minas ‘quiebraplata’, con unos 40.000 millones de pesos de las Farc, y no los devolvieron. Difícil juzgarlos, pero se volvieron locos. Inclusive uno, que no estaba convencido del arma con que Dios lo echó al mundo, se mandó cortar el cañón y hoy es una estilista. De este caso hasta surgió la película Soñar no cuesta nada.

Pues soñemos con que se investigue a fondo y se aclare pronto; con que no se les quiera dar en la torre de control a la inteligencia militar y a la Fuerza Aérea, que han dado los más contundentes golpes a las guerrillas. Soñemos con que se ataje la corrupción a todo nivel; con que los contratos militares se miren con visores nocturnos. Y soñemos con la paz de La Habana. Porque esto es producto de la guerra, que mueve billones, que mina hasta los valores. Así que no se desanimen, militares; y, a pesar de estos traspiés, queridos soldados, como dice la propaganda oficial, los colombianos les mandan decir que gracias.

luioch@eltiempo.com.co

Luis Noé Ochoa

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