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De estrato seis a uno en Bogotá, con solo pasar la calle

Basta con cruzarla para dejar de ver viviendas lujosas y encontrarse hasta con barrios de invasión.

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21 de febrero 2014 , 05:42 p.m.

Si bien es cierto que el 70 por ciento de la población de Bogotá que pertenece al estrato 4, 5 y 6 (724.866 personas) vive en el norte, según estudios de la Secretaría Distrital de Planeación, los registros muestran que un considerable número de viviendas estrato 1 y 2 también han sido situadas en ese sector, el más exclusivo de la ciudad. Basta con cruzar una calle para dejar de ver casas y edificios lujosos y encontrarse con viviendas humildes, muchas a medio hacer, elaboradas con tejas de zinc y madera.

Las majestuosas residencias, la vigilancia privada y las cercas eléctricas que impiden el acceso directo hacia las casas ubicadas en el barrio Altos de Sotileza, en la localidad Suba, están a escasas dos cuadras de distancia del barrio La Aguadita y son solo las primeras pinceladas de una ciudad de contrastes.

Mientras en el primero –un barrio estrato 6– las residencias pueden costar 2.000 millones de pesos, en el segundo, el valor de una casa estrato 2 –con arreglos básicos de pintura e infraestructura– cuesta cerca de 80 millones de pesos, y un arriendo no supera los 350.000 pesos mensuales.

Para María José Álvarez, profesora de sociología y experta en desigualdad y temas urbanos de la Universidad del Rosario, aunque las condiciones de estos barrios no son ajenas a los contrastes que hay en toda Bogotá y en otras ciudades de Latinoamérica como Sao Paulo (Brasil) y Lima (Perú), sí es el ejemplo más claro de esa mezcla de condiciones sociales y económicas.

A pesar de la cercanía entre estratos, no hay encuentro alguno entre quienes viven de un lado y quienes viven del otro. “La ubicación de los predios no necesariamente representa interacción, como debería ser. Cuando las distancias son cortas y hay espacios públicos comunes (como tiendas) es más fácil generar un encuentro, pero no siempre se da porque los edificios, por lo general, no tienen acceso a la calle (…) algunos salen en sus carros y no se acercan a la realidad de otros barrios, incluso de invasión”, explicó Álvarez.

Las localidades de Chapinero y Santa Fe no son ajenas a los contrastes. Pocas cuadras dividen a los barrios Juan XXIII y Mariscal Sucre con Chapinero Alto. Territorios que viven realidades sociales opuestas.

“Allá no creo que pase lo de acá; nosotros después de la 6 p. m. no salimos porque se bajan las pandillas y da miedo. Yo creo que en ese barrio la cosa cambia”, dijo una habitante de Mariscal Sucre, sentada en un andén, frente a vías destapadas, casas con tejas de zinc sostenidas con piedras para que el viento no se las lleve, y fijando la mirada en las casas estrato 6 que se ubican a un par de cuadras de distancia.

En la localidad de Santa Fe están ubicados los barrios La Perseverancia -donde predomina el estrato 2-y La Macarena -estrato 4-. Según Planeación, los separa un par de cuadras.

En La Perseverancia hay construcciones muy pequeñas y no hay suficientes vías, mientras en La Macarena hay construcciones de 4 o 5 pisos y vías amplias.

¿Por qué esa mezcla socioeconómica?

El proceso de estratificación, del que se encarga la Secretaría de Planeación, está asociado a esos contrastes. Allí evalúan, por cuadras, cada una de las zonas, con el ánimo de determinar a qué estrato pertenece cada una. Revisan las vías, la parte externa de las viviendas - y su tamaño-, las zonas verdes y los garajes, en caso de tenerlos.

Esta es la razón por la que muchas propiedades, sin importar el estrato, terminan estando cerca. Para Ariel Carrero, director de Estratificación de la entidad, que las localidades estén mezcladas es algo positivo. “Un hogar de estrato alto puede tener mano de obra en el mismo entorno, lo que disminuye costos de transporte y de tiempo. Cuando son localidades muy parejas como Bosa o Ciudad Bolívar no tienen sus lugares de trabajo en la zona”, dijo.

Alejandra P. Serrano
REDACCIÓN BOGOTÁ