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El peligro de ser vecino de una casa abandonada

Ladrones y basura invaden varios predios en Bogotá. Distrito les puso un límite a los dueños.

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21 de febrero 2014 , 05:41 p.m.

Una fachada llama la atención de los residentes de Teusaquillo no solo por estar atestada de grafitis sino porque el abandono la tiene a punto de colapsar. Ellos sienten miedo, porque en la noche temen que el sitio se convierta en albergue de ladrones o consumidores de droga.

“He tenido que ver hasta conatos de incendio. Los habitantes de la calle hacen fogatas, desmantelan las casas y llegan visitas indeseadas. Nadie quiere ser vecino de un lugar así. Eso me han dicho los vecinos”, dijo Iván Fresneda, alcalde local de Teusaquillo.

El dictamen que le dio el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger) a este inmueble, ubicado en la carrera 15 n.° 33-25, no es alentador. “Tiene amenaza de ruina. La recomendación es evacuar y restringir el uso de la edificación”, dice.

Este predio, de 10 metros de frente y 20 de fondo, huele a madera podrida y permanece lleno de escombros que se desprenden de la vieja casona. Casos como este y otros en donde los predios y edificaciones abandonadas se convierten en guarida de delincuentes y depósitos de basura están en la mira de la Secretaría de Hábitat.

Ya hay un listado de 31 edificaciones que, según el Idiger, presentan amenaza de ruina. Se estima que en Bogotá el número puede llegar a 70.000.

La idea es que si estos predios y otros que están en proceso de identificación no resuelven sus problemas de estabilidad, seguridad, salubridad y uso urbanístico se podrá iniciar una enajenación forzosa en subasta pública.

Según la secretaria de Hábitat, María Mercedes Maldonado, “de no ser habilitadas y utilizadas en un plazo máximo de 18 meses, las edificaciones saldrán a subasta. De llegar a esa instancia podrían ser destinados al uso de vivienda de interés prioritario o social”.

Aclaró que durante los meses de plazo los usuarios pueden hacer uso del predio según los usos establecidos en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y hasta pedir ayudas al Distrito para iniciar algún proyecto.

Los primeros en alegrarse fueron los vecinos del sector, porque hasta en ‘ollas’ de droga se han convertido algunos de estos lugares. Otros han sido encerrados por sus dueños, pero aun así generan problemas. “La idea es que no afectemos a la comunidad y que tampoco se frene el desarrollo urbanístico”, dijo Maldonado.

REDACCIÓN BOGOTÁ