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Matteo Renzi, el 'desguazador' que asaltó Italia

El mandatario más joven de la Unión Europea no ha hecho otra cosa que acumular cada vez más poder.

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20 de febrero 2014 , 06:22 p.m.

Roma. “A los 39 años estás preparado para hacer de todo. Solo en Italia se piensa que uno a mi edad sea todavía joven. La edad no es un problema, es más, espero tener una vida después de la política”. Es el curioso deseo de Matteo Renzi, el hombre que tiene en sus manos el futuro de Italia. Curioso porque en su vida, hasta ahora, no ha hecho otra cosa que aspirar a tener cada vez más poder.

Antes de que termine esta semana, Renzi va a ser el nuevo primer ministro italiano luego de fulminar el pasado jueves al anterior líder del Ejecutivo, Enrico Letta, miembro de su misma formación política, el izquierdista Partido Democrático (PD).

El que será el jefe de Gobierno más joven de toda la Unión Europa consuma su asalto al poder gracias a su condición de secretario general del PD, lograda al arrasar en las elecciones primarias que se celebraron el pasado diciembre, en la que hoy por hoy es la principal formación política italiana.

Aquel era el segundo intento que hacía el ya exalcalde de Florencia por hacerse con las riendas del PD. En el primero, celebrado en diciembre del 2012, le ganó Pierluigi Bersani. Es el único borrón en la carrera de un mandatario ambicioso que no ha parado de subir desde que se inició en la política cuando todavía era un estudiante de instituto.

La hiel duró poco en los labios del que también ha sido el gobernador provincial más joven del país, pues Bersani se vio obligado a dimitir al no ser capaz de formar Gobierno tras las elecciones del año pasado.

Además de su precocidad, Renzi se hizo un nombre en la política italiana por sus continuos llamamientos para que la antigua clase dirigente dejase paso a los jóvenes.

Personajes como Bersani y otros ‘dinosaurios’ de la izquierda como Massimo D’Alema o Rosy Bindi eran objeto continuo de sus críticas, con las que se ganó el apelativo de ‘Desguazador’.

Renzi tiene las habilidades mediáticas de Silvio Berlusconi y capacidad para movilizar a un electorado que va mucho más allá del tradicional votante progresista. Aunque no ha hecho otra cosa en su vida que la política, en un país lastrado por la gerontocracia se presenta como lo nuevo.

Con ‘Il Cavaliere’, además, mantiene una relación fluida. El líder del partido de derecha Forza Italia lo considera “un liberal”, como se califica a sí mismo, y no uno más de los dirigentes izquierdistas que ha ido acumulando el país en los últimos años.

Este entendimiento, unido a que ambos han acordado la nueva ley electoral que debe acabar con la inestabilidad política del país, hace que algunos italianos consideren a Renzi un infiltrado de Berlusconi entre la izquierda.

Desde su juventud, este licenciado en derecho con una tesis sobre Giorgio La Pira, histórico alcalde de Florencia, al que sustituiría tres décadas después, ha demostrado siempre habilidad en el trato con los medios. Estos días las televisiones de medio mundo emitían unas imágenes de 1994 en las que se le ve, con un flequillo propio de la época, participando en el programa La Ruleta de la Fortuna. Duró cinco ediciones y ganó el equivalente a 25.000 euros actuales.

Hoy sigue manejando con facilidad el trato con la prensa. En las redes sociales, además, es un pionero, pues lleva presente en ellas desde sus inicios. En Twitter tiene más de 800.000 seguidores (casi triplica los de Letta), con los que además mantiene un diálogo claro. Llega hasta a hacer recomendaciones culinarias con sus mensajes.

Renzi sabe además cuidar bien su imagen. Se movía habitualmente en bicicleta por Florencia, donde también era habitual verle correr con ropa deportiva por el centro de la ciudad a mitad de la jornada. Incluso tenía un acuerdo con un hotel para darse una ducha en una de sus habitaciones tras hacer ejercicio antes de enfundarse de nuevo el traje y la corbata para volver al palacio Vecchio, la sede consistorial de la ciudad de los Medici.

Aunque luce sin empacho la indumentaria más formal, sabe bien cómo tiene que vestir en cada momento. En Italia causó furor con la chaqueta de cuero y los pantalones tejanos ajustados que lució en la entrevista televisiva que le hizo la presentadora preferida de los espectadores jóvenes y adolescentes.

Tres son sus principales referentes políticos: su padre, Tiziano Renzi, que fue concejal de la Democracia Cristiana en su pueblo a las afueras de Florencia, Tony Blair y Barack Obama. De este último intentó adaptar a la realidad italiana la estrategia que utilizó para vencer las primarias.

El joven florentino soñaba con convertirse en jefe de Gobierno tras haber pasado por las urnas, como Blair y Obama, pero según se justifica, no ha tenido otro remedio que adelantar los plazos.

“Esta no es la manera con que soñaba llegar al poder, pero no tenía alternativa. Me había hecho a la idea de ganar las elecciones, conseguir millones de votos y vencer a la derecha”, le habría comentado el primer ministro in péctore a los suyos, según el diario Corriere della Sera.

Pese a la anormalidad que supone su arribo al Gobierno de esta manera, él se siente seguro: “El consenso no me falta. Para mí hubiera sido mejor celebrar elecciones de inmediato, pero no era lo mejor para el país. No podíamos ir a las urnas sin una nueva ley electoral. Con el actual sistema habríamos tenido que conseguir alianzas de por vida”.

Su gran punto débil es la falta de legitimidad. No ha pasado por las urnas ni tampoco ha recurrido a él el presidente de la República, Giorgio Napolitano, como opción de emergencia para salvar el país debido a la asfixia de la crisis económica o institucional, como sí que hizo con sus dos antecesores en la jefatura del Ejecutivo, Mario Monti y Letta.

Para convencer a los italianos de que representa la solución a sus problemas y lograr además que se olviden pronto de la maquiavélica manera con que ha acabado con su compañero de partido, Renzi quiere que su Ejecutivo comience fuerte. La clave, para él, está en los dos primeros meses.

“Quiero 60 días de fuego”, le habría dicho a sus colaboradores más cercanos, según el diario Avvenire. Quiere meterse en el bolsillo a los ciudadanos antes de la próxima cita electoral, los comicios europeos, que se celebran del 22 al 25 de mayo. Está convencido de que si empieza bien, podrá cumplir su meta de agotar la legislatura, que termina en 2018.

En este complejo periodo que se le abre ahora no va a tener el apoyo continuo de su familia. Ni su mujer, Agnese Landini, ni sus tres hijos (Francesco, Emanuele y Ester) van a vivir con él en Roma. Se quedan en el pueblo de las afueras de Florencia donde reside la familia.

En una entrevista con un programa de la televisión La7, la esposa del primer ministro in péctore explicó que al menos de momento no tiene pensado seguirle hasta palacio Chigi, el edificio del centro de Roma donde tiene su sede la Presidencia de la República.

“Tengo que amortiguar el golpe a la familia, siento una gran responsabilidad. A los niños más pequeños les explicaré que su papá va a hacer una cosa muy importante para otros niños y chicos como ellos, que espera hacer cosas buenas para muchas personas”, contó Agnese, quien conoció a su marido cuando, de jóvenes, ambos formaban parte de un grupo Scout.

Esta profesora de instituto se mostró convencida de que, como jefe de Gobierno, Renzi mostrará “la seriedad, el compromiso y el entusiasmo que siempre le han diferenciado”. Contó además que el hijo mayor de la pareja “casi le toma el pelo” a su padre por su nueva responsabilidad y lamentó el poco espacio familiar que han tenido en este último periodo. “Eso sí, cuando vuelve a casa intenta recuperar el tiempo que no ha estado. Intenta dedicarse a la familia al máximo”.

DARÍO MENOR
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