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La más peligrosa

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20 de febrero 2014 , 05:36 p.m.

Llueve con ganas en Bogotá. Hemos pasado de los días más azules y hermosos a los más grises y tenebrosos. De un restaurante de corrientazos al chaparrón del ejército. Y en Buenos Aires cayó un aguacero que volvió a colapsar a la ciudad. Más de 300 mm en el norte. Mucho e inusual. Miles de hectáreas de soja están en riesgo, pues el cultivo en floración es muy sensible a la lluvia. Pero los cultivadores del maíz de cosecha tardía están de fiesta. Les conviene que llueva, pues acaban de sortear la sequía de las semanas precedentes y las mazorcas, que se aprestaban a definir la cantidad de granos, saldrán generosas. En diciembre se rompieron todos los records de calor. No acaba de sorprendernos lo de Estados Unidos: días de nieve y frío, tanto que hasta los osos polares del zoo de Chicago estuvieron a punto de congelarse. Atlanta colapsó, Nueva York, Birmingham, Ohio. Miles de vuelos cancelados y en algunos casos se congelaron los combustibles. Una montaña de tres metros de nieve cayó sobre un tren de Nueva York y sus 500 pasajeros tuvieron que dormir ahí, atrapados bajo el hielo. El frío que está haciendo en la Florida es inversamente proporcional al calor de Alaska, donde tuvieron que clausurar la temporada de esquí. Pero la sequía de California vuelve a poner en riesgo los cultivos. Y más hacia el norte, pare de contar: Canadá, los nórdicos, más frío, tormentas de un hielo que no es nieve y que para ellos resultó desconocido, como un granizo diagonal muy parecido al que hemos visto en la sabana en días de heladas. Suceden cosas muy raras.

¿Y cuál es la explicación? Un vórtice polar, dicen los científicos. ¿Un qué? Está bien, pero ¿por qué el tal vórtice? Debido a que el deshielo del Ártico acaricia su punto límite: desde 1980 se pierde 8,5 por ciento en cada década. ¿Y acaso importa que se descongelen aguas tan lejanas a nosotros? Pues mire usted que sí. Por eso llueve con ganas en Bogotá y en Buenos Aires, que queda más lejos aún. Porque este problema es de todos. Mire que hoy se puede navegar por aquel océano durante el verano. Bueno para el turismo y para buscar petróleo (¡ah, el petróleo!), pero malo para la vida en su conjunto, que es la gran amenazada. ¿Por quién? No por el vórtice polar ni por la ‘inteligencia’, sino por la estupidez colectiva de una de sus especies más hermosas y también más trágicas, la nuestra, la más peligrosa.

director@klnred.com

Manuel Guzmán Hennessey

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