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Un plato para 'devorarse' el D.F.

Variedad de platos con un toque del picante mexicano.

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19 de febrero 2014 , 09:39 p.m.

A la Ciudad de México hay que ir a comer –como único propósito, si se quiere–, porque el asunto cada vez está mejor.
Toda esa variedad de platos (la gran mayoría de ellos tradicionales), todo ese sabor, todo ese olor, todo ese color, todo ese picante, todo ese orgullo, son suficientes razones para devorarse la ciudad.

Yo lo hice y, a punta de tenedor, comprobé esa sentencia que pronunció el chef Aquiles Chávez en Bogotá: “La gastronomía mexicana está más viva hoy que hace 300 años”.

Como el espacio es poco, he aquí cuatro puntos para visitar a la fija.

Dulce Patria

Este es un lugar colorido y jubiloso. Cocina mexicana de autor, sin desvirtuar un solo sabor de esa inmensa tradición. Cebiches, quesadillas, tacos, tostadas (como las de salmón en escabeche y aderezo de chile chipotle), guisados espectaculares (como el pozole de mariscos) y patos, atunes, cerdos y pescados (como el filete de huachinango a la marimba veracruzana). Impecables y muy coloridas sus aguas frescas. Sin temor a equivocarse, uno de los mejores y más auténticos restaurantes del D. F. ¡Mucha atención a la variedad de moles y salsas picantes!

Limosneros

Es el pasado hoy. Está ubicado en una casa del centro de la ciudad, construida hace más de cuatro siglos, con una carta puntual que recorre todas esas gastronomías mexicanas, sumadas todas las técnicas y presentaciones de hoy. Tan solo voy a nombrar algunos de sus platos para que se den una idea: sopa de quelites y chochoyotes con quesillo; calamares enfrijolados a la veracruzana; atún pepita y verduras con aceite de chiles; tacos dorados de venado; tostadas de chapulín; tamalitos de camarón, etc. Tremendo sabor. La salsa de molcajete es impresionante.

Paxia

Puede ser la propuesta más lanzada de la ciudad. Es el gran juguete de Daniel Ovadía, un chef jovencito que, dicen en México, es un genio. El menú de degustación, tan difícil de juzgar, es una auténtica excentricidad que vale la pena experimentar. Hay cosas muy ricas y atractivas: el conejo en pulque; el tlaplique (envuelto) de hongos; la lasaña de chicharrón en salsa verde; el gusano de madera; el tamalito de queso Oaxaca; las enchiladas de pato en mole verde; los fríjoles negros en caldo blanco. Un festín mexicano en un lugar vanguardista, arriesgado y con mucha chispa.

Hotel Presidente

El tradicional hotel de la colonia Polanco es un centro gastronómico de impresionante nivel. Tiene tres restaurantes que se han convertido en símbolos de la ciudad. El francés Au Pied de Cochon, donde la gente va a apaciguar los tragos con una espectacular sopa de cebolla. El italiano Alfredo Di Roma, donde, aseguran, se inventaron la receta de los fetuccini Alfredo. Y el chino Zhen Shanghai, donde está el mejor pato laqueado de la ciudad. Eso por no hablar de la cava del hotel, que parece de mentiras. Muy bien.

Corolario: Sí o sí, en el D. F. hay que ir al Café de Tacuba a comerse unas enchiladas; a Coyoacán a comerse unos tacos de mar y, sin miedo, preguntarle a un ‘chilango’: ¿cuál es su taquería popular favorita? A mí me recomendaron una: El Chupacabras. ¡Teso!

MAURICIO SILVA G.