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El lamentable suicidio del 'sí'

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19 de febrero 2014 , 04:52 p.m.

En noviembre del 2012 un 65 por ciento de los electores estaba a favor de revocarle el mandato a la ineficaz alcaldesa de Lima, Susana Villarán, mientras que un 34 por ciento optaba por su permanencia en el cargo. Era de todos modos un avance para la burgomaestre, quien pocos meses atrás apenas registraba un 13 por ciento de aprobación a su gestión.

Bastaron cuatro meses de campaña para que Villarán terminara de revertir su desventura y el 17 marzo del 2013 ganara la consulta con el 51,36 por ciento de los votos a favor de su continuidad. El resultado no solo mostraba lo difícil del mecanismo, en un país que como Perú disputa el campeonato mundial de las revocatorias, sino que dejó como perdedores a pesos pesados como el expresidente Alan García y el exalcalde de Lima Luis Castañeda.

El ejemplo pudiera ser no más que anécdotico, sino fuera porque las circunstancias para los partidarios del 'sí' en el caso de Bogotá son de lejos mucho más adversas, y con ello una previsible y contundente derrota.

Por eso es incomprensible la decisión de Pacho Santos de sumarse a una campaña de revocatoria que no tiene absolutamente ninguna posibilidad de prosperar, lo que puede configurar el práctico y lamentable suicidio político de sus promotores. Un haraquiri más penoso teniendo en cuenta que Santos ha logrado asentarse como un líder de envergadura y con autonomía de vuelo propio. Y dada la necesidad de contar con líderes con capacidad y reconocimiento para producir un golpe de timón a una ciudad a la que los gobiernos de izquierda y populistas le han traído una década perdida y el desaprovechamiento de la época de 'vacas gordas' para crear más empresas, más empleo y elevar su competitividad.

Pero si bien Petro es un alcalde tan o más ineficaz que Susana Villarán en Lima, no hay que perder de vista que la revocatoria carga con un pecado de origen y fue la intolerancia de sectores políticos, económicos y de opinión que no esperaron a que el Alcalde se posesionara cuando ya estaban orquestando cómo tumbarlo.

Es esa intolerancia la que se ha devuelto como un bumerán y ha catapultado la popularidad de Petro en la fase posfallo del Procurador a niveles del 60 por ciento.

Tan cómodo y confiado está el Alcalde que se da el lujo de promover el 'no', cuando una vía efectiva para su permanencia en el cargo sería el impulso a la abstención para evitar que los partidarios del 'sí' lograran el umbral mínimo de participación requerida.

Pero no es solo la confortable posición del Alcalde. También pesa la lánguida situación de los promotores del 'sí', quienes no tienen el abultado presupuesto del Distrito ni un ejército de funcionarios públicos al servicio de la causa y, a diferencia de su contradictor, tienen intereses diversos y por ende no actúan con unidad. Ni siquiera los acompañan los partidos políticos. Ello sin contar con la fatiga que causa en los electores la seguidilla de elecciones en este primer semestre del año y las incoherencias y veleidades de algunos de los nuevos partidarios del 'sí' como Enrique Peñalosa, que quiérase o no le quitan fuerza a sus posiciones.

Pacho Santos tiene sin duda todos los méritos y está en todo el derecho de buscar posicionarse en el partidor de los aspirantes a la Alcaldía de Bogotá, como también lo está Miguel Gómez, pero a estas alturas debe ser claro que la revocatoria además de ser una 'vacaloca' es un inmerecido inminente triunfo que están ad portas de servirle a Petro en bandeja de plata.

La única posibilidad de evitarles una contundente derrota sería que el Consejo de Estado emitiera un fallo antes del 6 de abril y dejara sin efectos la consulta de la revocatoria. De lo contrario, es posible que asistamos en simultánea al suicidio de dos baluartes políticos y terminemos azuzando para que la ciudad prolongue su marasmo en manos de populismos y de confusos discursos de izquierda más allá del 2015.

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John Mario González