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La virgen que no se quiere ir de la séptima

Residentes del barrio Santa Ana se oponen a que sea trasladada, debido a obras de espacio público.

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18 de febrero 2014 , 08:43 p.m.

Esta figura blanca, de brazos abiertos, contrasta con los cerros que acompañan toda la carrera 7.ª. Lleva más de medio siglo allí, erguida, vigilante. Pero hoy, cuando su permanencia está en duda, enfrenta una pelea paradójica: sus protegidos –los devotos vecinos del barrio Santa Ana– la quieren salvar de su posible desaparición.

Para los más de mil vecinos del sector, la virgen es además de una referencia en el paisaje, una presencia redentora, la patrona del lugar.

Pero para la Alcaldía, su valor histórico no es suficiente: representa, en cambio, una obstrucción para los transeúntes, un estorbo visible.

Desde un separador ubicado en la carrera 7.ª con calle 110, Nuestra Señora de las Misericordias fue testigo atento, en 1953, de la fundación del barrio Santa Ana Oriental, a lado del Cantón Norte (Usaquén).

Este monumento religioso, de más de 3 metros de altura, espera la resolución de su futuro, pues el Distrito quiere removerlo de su enclave de largos años.

Según miembros de la Asociación de Residentes de Santa Ana Oriental (Arsa), en cumplimiento de las normas, recientemente la alcaldía de Usaquén derribó dos casetas de vigilancia de valor histórico para el barrio e intervino el pedestal en el que se encuentra la estatua de la Virgen, para facilitar el paso de peatones.

Los miembros del Arsa han presentado querellas ante la Alcaldía para que se suspendan las modificaciones en lo que consideran patrimonio histórico y la ciudad, según ellos protegido por el Decreto 1023 de 1998, en el que se especifican la conservación de la vivienda unifamiliar y el requerimiento del visto bueno de la Asociación a la hora de modificar una construcción.

Los vecinos de Santa Ana, donde viven algunos militares, han recurrido hasta a altas instancias del Estado para blindar a la virgen. Por eso, ante cualquier atisbo de demolición, interponen recursos para que la patrona del barrio no desaparezca.

La alcaldesa de Usaquén, Julieta Naranjo Luján, afirmó que las normas de ampliación de espacio público serán acatadas y, a su vez, se respetarán los recursos interpuestos por los residentes para proteger los bienes de interés cultural.

Afirmó que, en caso de intervención en el separador, la virgen será reubicada y no demolida, pues en la entidad “se comprende la importancia de su valor histórico”.

Según ella, incluso se ha planteado un proyecto de acuerdo ante el Concejo de Bogotá para que sea declarada patrimonio.

Por el momento, la virgen permanece en su lugar en la carrera 7.ª. Los vecinos, por su parte, esperan algo así como un milagro.

DIANA LUCÍA HERNÁNDEZ
Redactora ELTIEMPO.COM