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La iglesia, el poder y los gays

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18 de febrero 2014 , 04:57 p.m.

Acaba de salir una novela que con seguridad va a escandalizar al mundo católico del país. Me estoy refiriendo a 'La misa ha terminado', del escritor, político y periodista Gustavo Álvarez Gardeazábal.

La novela narra la historia de dos jóvenes gays que, para llevar una vida sexual intensa, deciden entrar a un seminario y hacerse curas. Paralela a esta historia, llena de amores oscuros y felaciones, la obra describe la historia de un obispo que, en aras a trepar en la escala eclesiástica del Vaticano, utiliza la retaguardia como una forma de alcanzar el poder.

En la novela de Gardeazábal hay una relación directa entre Iglesia y poder. Detrás de esta relación se mueve un mundo lascivo y lujurioso, quizás más intenso que el sexo que se practica entre los laicos.

La Iglesia jamás ha ocultado su apetito voraz por el poder. Así lo demostró durante el período de las Cruzadas; y más tarde, cuando decidieron construir esa máquina xenófoba de muerte llamada Inquisición. En el siglo pasado, la religión católica estuvo al lado de los regímenes fascistas y dictatoriales más oscuros del planeta.

Detrás de aquel universo lleno de pompa y boato, en el mundo católico se ha movido un ambiente lujurioso, del que todo el mundo sabe pero que nadie quiere reconocer. Es el mundo misterioso de lo inefable, de lo que no se puede decir porque, al fin y al cabo, desde su creación, la religión ha pertenecido al reino de lo infalible y lo inefable.

La novela de Gardeazábal no solo denuncia aquel ambiente sórdido que ha servido de instrumento para escalar socialmente en la Iglesia; así mismo, el escritor colombiano pone al lector a reflexionar sobre la felicidad.

¿Qué es la felicidad para los curas y pastores y para el resto del mundo?

Para los católicos, musulmanes y el sinnúmero de iglesias de garaje que hoy proliferan en el mundo, la felicidad es prohibida para sus fieles, menos para ellos. Sus miembros deben cotizar y sufrir en este mundo; mas no ellos; los fieles no deben desear a la mujer del prójimo, deben abstenerse de fornicar o masturbarse. En cambio, los líderes de Dios en la Tierra tienen derecho a todo esto y a algo más.

Por supuesto que no es a toda la Iglesia a quien le gustan el bacalao y los mejillones. Hay curas heterosexuales como el padre Alfonso Hurtado Galvis, quien en una ocasión dijo que él, siendo célibe, estaba cumpliendo con el mandato de la Iglesia, pero que esta no le prohibía el derecho a amar a las mujeres. O la historia del padre Gallo, que, cuando se enamoró de una feligresa del Templete de Cali, fue consecuente y renunció a sus hábitos.

Así como existen curas pobres y libérrimos comprometidos con la causa social, así mismo hay laicos que son más católicos y puritanos que el procurador Alejandro Ordóñez.

Históricamente, la Iglesia ha sido homofóbica, pero entre sus filas siempre se ha ocultado un ejército de pedófilos que, de verdad, producen miedo a la sociedad.

fabiomartinez2002@yahoo.com

http://fabiomartinezescritor.blogspot.com/

Fabio Martínez

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