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Peligra la épica de las mariposas monarca

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17 de febrero 2014 , 06:43 p.m.

A diferencia de las mariposas amarillas que simbolizan el amor entre Mauricio Babilonia y la bella Remedios en la novela de Gabriel García Márquez, las mariposas monarca son de color naranja brillante con franjas negras y su fama no deriva de la ficción, sino de su asombrosa habilidad para viajar del gélido invierno canadiense a los templados bosques de oyamel en el estado mexicano de Michoacán.

En Cien años de soledad, Rosario intuye la muerte de Mauricio cuando ve morir a la última mariposa amarilla. El espectáculo de la migración masiva de las mariposas monarca podría apagarse si no se adoptan medidas urgentes para protegerlas. En ambos casos, el simbolismo de la mariposa, amarilla o naranja, como alegoría de la vida es evidente. “La monarca –me dice el poeta y ambientalista Homero Aridjis– es una de las grandes maravillas de la naturaleza, su migración es épica y es un símbolo de la vida para la gente que sabe de ella desde Japón hasta Estados Unidos, desde Canadá hasta Michoacán”.

Y es precisamente la épica de estas frágiles criaturas aladas lo que ha movido al poeta mexicano Aridjis, al novelista turco Orhan Pamuk, a la ensayista canadiense Margaret Atwood, al cineasta estadounidense Paul Auster y a más de 170 escritores, científicos, artistas y ambientalistas de todo el mundo a pedirles a los presidentes de Estados Unidos y México, Barack Obama y Enrique Peña Nieto, y al primer ministro de Canadá, Stephen Harper, que se reúnen este miércoles en Toluca (México), que adopten medidas urgentes para proteger a las mariposas monarca.

La historia de las mariposas monarca es asombrosa porque cada año protagonizan una de las migraciones de animales más impresionantes. En promedio, viajan más de 4.000 kilómetros al sur y atraviesan tres países: Canadá, Estados Unidos y México. La tragedia es que el número de mariposas que llegan a México ha ido disminuyendo de forma estable desde hace años. Esta temporada, se calcula que el área de árboles ocupados cubre apenas 0,67 hectáreas –la más pequeña desde que estas mediciones comenzaron, hace 20 años– y una enorme caída de un máximo de 21 hectáreas de 1996. La población de mariposas monarca se ha desplomado de un cálculo aproximado de mil millones en 1996 a unos 33 millones este año, repartidos en siete sitios. El nivel más bajo desde que comenzó a estudiarse el fenómeno, en 1993.

Durante muchos años, la tala ilegal desenfrenada en México, que destruye los bosques de oyamel donde se posan los insectos para pasar el invierno, fue señalada como la principal culpable del ecocidio. Hoy, sin embargo, los activistas dicen que el mayor problema que enfrentan las mariposas en su migración es la erradicación de las plantas de algodoncillo en los Estados Unidos, donde las mariposas ponen sus huevos y donde comen las orugas. Los herbicidas que se utilizan, especialmente el glifosato, destruyen toda forma de vida de la planta, incluyendo el algodoncillo.

El caso de las monarca no es único. Desafortunadamente, se calcula que antes de que termine este siglo, entre el 20 y el 50 por ciento de todas las plantas y animales vivientes sucumbirán ante la catástrofe ecológica que enfrenta el planeta. Por suerte para las mariposas monarca, aún estamos a tiempo de evitar una catástrofe si exigimos a tiempo que se corrija el problema. Como bien señala el poeta Aridjis, “es una oportunidad histórica para que los tres líderes de América del Norte hagan presencia ecológica salvando una maravilla única de la naturaleza de nuestros países haciendo un espacio en su apretada agenda para la vida. Los negocios siempre se pueden hacer, pero será imposible devolver de la extinción el fenómeno migratorio de la mariposa monarca. La decisión es ahora o nunca”.

Sergio Muñoz Bata

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