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En Gaza, la chatarra bélica también habla de paz y coexistencia

Este hombre convierte los desechos de la guerra en obras de arte.

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17 de febrero 2014 , 06:09 p.m.

Rodeado de restos de misiles, vainas de bala vacías y remanentes de bombas explotadas, Mohammad Zammer pasa las horas en su pequeño taller del campo de refugiados de Al Bureij, en el centro de Gaza, con los pinceles en la mano.

Paciente y metódico, acumula y clasifica decenas de restos bélicos, a cada uno de los cuales le asigna un color antes de pintarlos y escribir en sus dañadas corazas, que una vez albergaron metralla y pólvora mortal, mensajes que hablan de amor y paz.

"Coloreando estas armas destructivas y escribiendo estas reflexiones sobre la paz y el amor, lo único que pretendo es transformar la muerte en esperanza", explica a Efe el artista, de 32 años. "La idea es que sirvan para difundir un mensaje, que los palestinos que viven en Gaza pueden transformar sus armas, que matan gente y destruyen viviendas, en piezas maravillosas", agrega mientras se mueve entre la chatarra.

Materia prima no le falta en una tierra asediada desde 2007, condenada a la pobreza por quienes la dirigen y quienes la combaten, en la que el estruendo reiterado de los aviones de combate, los disparos y las deflagraciones son una costumbre casi diaria.

Comenzó a recopilarlo en 2009, tras la sangrienta operación militar israelí "Plomo Fundido" contra posiciones del movimiento islamista Hamas, que gobierna en la Franja desde que en 2007 lograra expulsar a las milicias de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), tras una cruenta guerra fratricida.

Fue entonces, sacudido por una operación por tierra, mar y aire que causó la muerte a más de 1.400 palestinos -cerca de un millar de ellos civiles-, cuando Zammar pensó que debía tornar esas toneladas de metal ennegrecido, memoria de la guerra, en un símbolo de paz que promoviera la coexistencia. Un deseo al que en estos años se han sumado muchos otros artistas gazatíes, que al igual que Zammar creen que, pese al bloqueo y la presencia de los radicales, el mundo debe saber que en Gaza "no viven terroristas, también hay gente que ansía una paz real y una vida mejor".

"Mi objetivo es hacerle ver a los israelíes que nosotros también queremos la paz y la seguridad. Que somos gente pacífica, y quiero demostrarselo a través de mis palabras", subraya el artista, imbuido de cierta inocencia. A su lado, un enorme resto de misil israelí replica sus intenciones: ahora reluce en vivos colores y en su panza, un verso del alabado poeta palestino Mahmud Darwish recuerda que "en nuestra tierra, existen cosas que hacen que la vida merezca la pena ser vivida".

"Me gusta usar el blanco, el amarillo y el rojo, porque son los colores del amor, la paz y la felicidad. Y espero que mi trabajo pueda contribuir a detener este prolongado e imparable conflicto, que ha causado miles de muertes en los dos bandos", resalta con ese idealismo necesario que a veces se desprecia.

Basurero de profesión, Zammar sueña también con convertir su ahora destartalado estudio en un museo que pueda ayudar a concienciar a sus vecinos y a los cerca de 1,7 millones de personas que habitan la Franja. Para ello ha llamado a las puertas del propio movimiento islamista, e incluso a las de algunas ONG que trabajan en la zona, sin éxito hasta la fecha. "No recibo ningún tipo de financiación.

Todo sale de mis propios recursos", afirma Zammar, comprometido igualmente con aquellos que tratan de fomentar la reconciliación entre las distintas facciones palestinas. Algunas de las vainas que decora, de las bombas o de los misiles contienen también mensajes para el presidente de la ANP, Mahmud Abas, que gobierna en Ramala, y para los líderes de Hamas, que controlan Gaza.

"Debemos olvidarnos de nuestras disputas y nuestra rencillas, y ser conscientes de una cosa: que los cuatro colores que integran la bandera palestina deben ser los colores de y la bandera de todos los palestinos, unidos bajo ella", apostilla.

EFE