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La colorida historia de los 'hermanos fantasía'

Luis y Carlos Uribe perdieron sus piernas por una enfermedad. Viven en una casa tapizada con papel.

16 de febrero 2014 , 10:23 a.m.

En 1983, el fotógrafo colombiano Fernell Franco afirmó que “los interiores se parecen a la gente que los habita”. De ser cierto eso, el hogar de los hermanos Luis Javier y Carlos Uribe revela que son artistas contemporáneos, encerrados en su residencia colmada de recortes de revistas y confetis multicolores.

La singular casa de los hermanos Uribe, ubicada en el barrio Camilo Torres de Dosquebradas (Risaralda), se destaca entre las demás del sector por el colorido de su fachada y por estar siempre con las puertas abiertas a los transeúntes desprevenidos que quieran disfrutar de un espectáculo gratuito de arte popular.

Al interior de la vivienda, Luis Javier, que tiene 55 años y lleva 15 con una sola pierna debido a una enfermedad generada por la mala circulación de la sangre -la misma dolencia que sufrió su hermano-, hace un alto en su lectura de la biblia con una pequeña lupa, para contar por qué vive en una casa así.

“Con esto comencé desde que perdí la pierna. Lo primero que decoré fue una pared donde hay un cuadro de Carlos Gardel”, explicó Luis Javier, quien contó que su hermano estuvo de acuerdo.

“Esto lo hago para entretenerme y no estresarme. La gente me dice que soy muy curioso, que cómo hago para pegar ‘colgandejos’ en el techo. Yo creo que mi ventaja, a diferencia de mi hermano, es que tengo un solo pie”.

A pesar de su limitación física, Luis Javier ha intervenido su casa utilizando una escalera, pintura de aceite, tijeras, espátula y pegamento. La fachada y las paredes están enchapadas con menudos y coloridos pedacitos de ‘fomi’, fragmentos de revistas, CD, tirillas de papel celofán y texturas que se puedan recortar.

El techo está adornado con banderines de colores, farolillos, serpentinas y papel tornasolado. “Una noche se fue la energía y mi hermano encendió una vela y el techo se veía como fluorescente y cambiaba de colores”, comentó Luis, quien es jardinero y en ocasiones revoca paredes. Él mismo ha remodelado el piso y la fachada de su casa con trozos de cerámica que recoge en la calle.

A Carlos le hacen falta las dos piernas y tiene una sola rodilla. Mientras enseñaba un tapete lleno de retazos que él hizo, contó que trabaja en construcción o pintando casas y hace límpido, cojines, vacas de madera y así nunca se aburre.

“Como pobres, no nos hace falta nada y como ricos nos hace falta todo. La ventaja es que tenemos las manos”, afirmó.

Los vecinos les dicen los ‘hermanos fantasía’ y cuentan que en diciembre llenan la casa de papel, escuchan música y se toman sus cervezas. Luz Marina Albarán, una de ellos, comentó: “Yo los conozco desde que tenían las piernas completas y caminaban bien. A los dos les dio la misma enfermedad, los dedos se les pusieron como puro carbón y a raíz de esa molestia les amputaron las piernas”.

Gabriel Linares López
Para EL TIEMPO
Pereira