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La odisea del colombiano que trabajó con Lars von Trier en Ninfomanía

Adoptado por daneses, Christian Gade Bjerrum cuenta cómo encontró a su madre biológica en Medellín.

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15 de febrero 2014 , 11:08 p.m.

“Aprendí que si le pides al universo con toda tu fe que algo pase, eso pasará. Yo no sé si a todo el mundo le funcione, pero a mí me funcionó”, dice Christian Gade Bjerrum, desde Copenhague (Dinarmarca). No suena mal para venir de un actor que logró trabajar con el polémico pero admirado director danés Lars von Trier –en su última película: 'Ninfomanía', que se estrenará el 28 de febrero en Colombia–. Pero Christian no está hablando de su carrera profesional: se refiere al hecho de haber encontrado a su mamá biológica en Colombia, el país donde nació, que dejó 32 años atrás, cuando era un bebé de 4 meses, y al que regresó sin más pista que un nombre: Martha Luz Arboleda Cardona.

Todo empezó en el verano del 2011 en Dinamarca, en una ceremonia maya llamada la ‘danza del sol’. “Es un evento donde se celebra la vida de la Tierra, nuestras relaciones con el Sol, la Luna y la naturaleza. Allí me di cuenta de que había una parte de mi historia que no conocía”, cuenta Christian, quien, además de ser actor, es instructor de yoga.

Siempre supo que era adoptado y que venía de Suramérica (un lugar al que le atribuye los ríos de energía que corren por sus venas) y tal vez por eso pudo interpretar al ‘Jaguar’ (animal originario del continente americano) en la primera parte de Ninfomanía. En el filme se ve como un tipo arrogante, uno de los amantes de la protagonista cuando era joven. Nada que ver con el hombre jovial y amable que parece ser en los videos de su cuenta personal de YouTube.

Un danés en Colombia

Christian planeó su viaje y, paralelamente, empezó a registrarlo en el documental Looking for me (Buscándome), que está realizando con su amigo el fotógrafo Tobias Markussen. Gracias a eso, en internet es posible ver sus primeras impresiones de Bogotá: sorprendido, nervioso, tomando aire a las puertas del aeropuerto El Dorado, en medio de los gritos de los pasajeros, los pitos de los carros y el caos del tráfico.

Antes de viajar, Christian escribió en Facebook a dos mujeres colombianas llamadas como su madre. “Estaba muy nervioso de irrumpir así de repente en su vida. Qué tal que ella no quisiera saber nada de mí y yo causara un desastre en su vida... Afortunadamente, ninguna de las dos era mi madre”, dice.

La agencia danesa que lo llevó a sus padres adoptivos (una enfermera y un abogado) lo había contactado con la Fundación Cran, en las afueras de Bogotá, donde su mamá biológica pasó su embarazo y él vivió los primeros días de vida. Allí le dieron el nombre de ella y le dijeron que venía del corregimiento de Cristales, en San Roque (nordeste de Antioquia). Con esos dos datos anotados en una libreta, Christian emprendió el viaje.

Y, definitivamente, el universo le ayudó. En la Alcaldía de esta población encontró a una funcionaria que parecía muy curiosa con su historia y quien de repente le dijo que ella era amiga de la Martha que él estaba buscando. “Se puso a llorar porque dijo que mis ojos eran exactamente como los de mi mamá y que ella nunca le había contado nada de mi existencia”, cuenta Christian.

Por esa amiga supo que su madre estaba viva y que se había radicado con su esposo y sus dos hijos en Ecuador, donde trabajaba limpiando casas. Ella los contactó con Míriam, una tía y sus hijos, quienes vivían en Medellín.

En la casa de Míriam la noticia cayó como un baldado de agua fría. “¿Sería posible que Martha hubiera tenido un hijo y no les hubiera dicho nada?”, se preguntaron. Míriam no fue capaz de llamarla a preguntarle, así que le pidió el favor a su hijo de que lo hiciera.

“Nosotros raramente llamamos a mi tía a Ecuador, así que, cuando ella pasó al teléfono, estaba muy preocupada. Primero la saludé y luego le dije que le iba a preguntar algo muy personal, y que no quería que se sintiera juzgada. Entonces le dije que alguien la estaba buscando y que decía ser su hijo. Guardó silencio y luego me preguntó: ‘¿Es niño o niña?’ ”, cuenta Cristian Alexis.

Martha recuerda que en ese momento sintió que “el cielo y la tierra se abrían frente a ella”. Les dijo a sus familiares que sí, que era verdad que ella había tenido un hijo o una hija treinta años atrás y les pidió que arreglaran un encuentro con él, mientras ella organizaba su viaje a Medellín. “Voy a enfrentar ese pasado”, recuerda haber dicho Martha, con la voz quebrada, desde Quito.

No hubo reproches

Martha había tomado la decisión de dar en adopción a su hijo debido a que su pareja había desaparecido apenas ella le contó que estaba embarazada. Pero su principal motivo fueron las humillaciones que una de sus hermanas había sufrido de su padre al convertirse en madre soltera. “Mi papá no lo llamaba el nieto sino ‘el bastardo’ ”, relata, con el acento paisa intacto.

Martha esperaba lo peor de ese reencuentro, al que llegó cinco días después de la llamada. “Creí que me iba a dar una bofetada y me iba a decir ‘descarada’...”. Pero Christian tenía otra cosa en mente. Apenas Martha pisó suelo medellinense, se fue directamente a conocerla.

La encontró recién bañada y perfumada, arreglada para él y sentada en un sillón. Él también se había comprado ropa nueva para ese encuentro y le había mandado a hacer un collar con una piedra amarilla que él portaba en la ceremonia que lo llevó a buscarla. Todo para hacerla sentir bien cuando le dijera en su mal español: “Gracias por darme la oportunidad de vivir y tener esa vida grandiosa que he tenido”.

Se dieron un abrazo largo, que Martha describe como “sanador”. “En ese abrazo terminaron 30 años de sufrimiento, en los que yo pensaba: ‘Ya le deben de estar saliendo los dientecitos, ya debe de estar caminando, ya debió de empezar a estudiar...’. Treinta años en los que yo le mandaba mis bendiciones, estuviera donde estuviera”, dice Martha, quien siempre había dudado de si había tomado la decisión correcta o no, y que era frecuentemente atormentada por el llanto que escuchó el día que dio a luz por primera vez. “Traté de mirarlo, pero una enfermera dijo: ‘Llévenselo, no dejen que lo vea’ ”. Por eso no sabía ni siquiera si había tenido un niño o una niña.

Así como Christian le había pedido al universo encontrar a su madre, Martha le había pedido a Dios ver alguna vez a su primogénito. “Fue un milagro que Dios hizo a través de Christian”, dice hoy. Ahora, cuando quiere contactarlo, le pide el favor a su segundo hijo de que la lleve “al internet” para mandarle carticas a Christian o a su ‘bizcochito’, como ella le dice.

Al preguntarle a este qué creería que diría su mamá (viniendo de una tradicional familia antioqueña) si lo viera teniendo sexo en Ninfomanía, Christian no parece estar muy preocupado. “Mi mamá y yo somos dos desconocidos el uno para el otro. Sin embargo, nos amamos de una manera tan profunda que creo que nada podría cambiar eso”, concluye.

Carta para su mamá sobre el ‘Jaguar’

En su limitado español, Christian le escribió a su mamá biológica acerca de su personaje, ‘Jaguar’, en el filme de Lars von Trier: “Mi carrera como actor está en marcha. Estreno mundial de una película (...) está hecha por uno de los directores de cine más famosos del mundo (...) Tengo un papel muy pequeño y es llamado el ‘Jaguar’. Una vez conocí a un indio llamado Águila Blanca. Me dijo que mi animal es el jaguar (...) Cuando le dije que vengo de Colombia, se rió y dijo ‘por supuesto, tiene mucho sentido!’. Y el jaguar vive en América del Sur. Otra buena razón por la que tengo que volver. Entre otros a visitar a usted, ya mi familia. Y para visitar la selva donde viven los jaguares. Estoy deseando que llegue!”.

Actor de TV, teatro y cine

Christian se graduó en The National Acting School of Aarhus (Copenhague) en el 2009. El año pasado, además de rodar ‘Ninfomanía’, filmó la película danesa ‘Itsi Bitsi’ y participó en la serie ‘The Last Human’. De su experiencia con Lars von Trier dice que se siente orgulloso de haber trabajado con este director y que este lo dejó tomar sus propias decisiones acerca de la elaboración de su personaje: ‘Jaguar’.

VIVIANA PINEDA HINCAPIÉ
Redacción Domingo