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Editorial: Las cuentas borrosas de la salud

14 de febrero 2014 , 07:51 p.m.

Los recursos públicos son sagrados, sobre todo cuando la sociedad dispone que con ellos se garanticen derechos ciudadanos. Pero, aunque cada peso cuenta cuando se trata de la prestación de los servicios de salud en el país, parece que este precepto no vale.

Los colombianos se han acostumbrado a escuchar que las deudas entre actores del sistema, y particularmente las que se tienen con los hospitales, son tan grandes que permitirían a cualquiera dar por quebrado a aquel.

Los reportes de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC) señalan que a 126 instituciones privadas se les deben 4,9 billones de pesos, y los de Acesi, que agremia a los hospitales públicos, calculan una deuda con ellos de 4,1 billones de pesos. A vuelo de pájaro, se trata de una cartera de 9 billones de pesos. Que no es cualquier monto. Es, prácticamente, la tercera parte de los recursos que el país destina para el funcionamiento anual de la seguridad social. Inconcebible.

Con todo y eso, el menor de los males sería pensar de dónde saldrán los recursos para saldar tamaña deuda. El problema es que, al cruzar las cuentas entre deudores y acreedores dentro del sistema, las cosas no concuerdan. Basta mirar los cálculos del régimen contributivo. Sus EPS sostienen que lo que ellas deben no pasa de 2,5 billones de pesos, lo que estaría cubierto con lo que el Fosyga les adeudaría, a su vez, a ellas.

En este primer cruce de cuentas ya hay cerca de tres billones de pesos que no cuadran. Pero el asunto no para ahí; de hecho, empeora a partir de los resultados parciales de un ejercicio de saneamiento de cuentas de los hospitales, pedido por el Ministerio de Salud.

La idea era que 11.167 prestadores de servicios (incluidos todos los hospitales) reportaran, con soporte, sus cuentas por cobrar. Y que los deudores (entre los que están todas las EPS y los entes territoriales) reportaran, también con el debido soporte, lo que debían.

Pero, cumplidos los plazos, apenas 1.277 prestadores enviaron sus reportes. Eso permitió un cruce de cuentas de apenas 740.000 millones de pesos, una cifra muy lejana de los 9 billones en deudas.

El resultado de este ejercicio no puede pasarse por alto. El país merece saber por qué 9.890 prestadores no cumplieron con una solicitud hecha para resolver este problema, sobre todo si se tiene en cuenta que el efecto negativo de las deudas del sector sobre el bienestar de la gente ha generado desde sentencias de la Corte y leyes, hasta decretos y medidas administrativas dirigidos a atenuar la situación. Sin embargo, por lo visto, su impacto ha sido mínimo.

Aunque en giros directos en menos de un año el sistema ha entregado a los hospitales 1,5 billones de pesos y comprado cartera por cerca de 292.000 millones, el esfuerzo parece no impactar sus balances. Las deudas siguen creciendo.

Si hay una técnica capaz de arrojar un panorama cierto de la situación financiera de una empresa o de un sector es la contabilidad, herramienta que no pierde vigencia. Sin embargo, aun cuando el sistema tiene un plan único de cuentas (PUC), cada actor lo interpreta y lo maneja absurdamente a su acomodo. Es decir, cada uno tiene un PUC. Así es imposible saber a quién se le debe y quién tiene que pagar.

¿Qué se necesita para que se pongan de acuerdo? Este desorden, que seguramente está favoreciendo a alguien, repercute directamente en el bienestar de toda la población. Si no se resuelve de una vez por todas, no habrá reforma de la salud que valga. Las cuentas claras, por favor.

EDITORIAL